Me ha roto mucho este libro.
Es una verdad, tristemente, que en México hay desaparecidos; más de 100,000, pero muchas, (muchísimas) veces, tendemos a ignorar que estos números significan personas.
Total, estas situaciones suelen ser ajenas a la burbuja en las que nos movemos. Y esa indiferencia es la que ataca este libro.
No voy a mentir, me puse a llorar con este recetario.
Sabemos que la comida es más allá que el hecho de alimentar. La comida es lenguaje, es conexión, es familia, tradiciones y amor.
Sobretodo nosotros los mexicanos, todas nuestras festividades giran alrededor de la comida.
En este recetario, donde dan voz a las víctimas, tenemos en un inicio de la página, el nombre de la persona que da la receta, el título de la receta "Chuleta ahumada para Edgar", los ingredientes y el procedimiento.
Estas recetas es el equivalente a que tu mamá, o vecina te de una receta. Ingredientes, especificaciones de alguna marca (porque es la que le gusta a la familia) y la descripción del procedimiento, es de un lenguaje coloquial. Con unas especificaciones que me rompieron un poco más, "Lleva cilantro, pero como a Fernando no le gustaba, se lo quitamos".
Al final de cada receta, hay una fotografía de la comida.
Tiene un capítulo donde hablan de los expedientes, todo el martirio que es la denuncia y llevar en fiscalia. Una doble revictimizacion. Narra de los grupos buscadores y a los peligros que se exponen, el acoso, y violencia.
"El crimen de sangre se extiende hacia un crimen en papel."
"Ojalá donde quiera que estés, hijo, tengas alimento y si no es así, que tengas bendiciones”.
Leer, también es una forma de resistir.