Aunque tiene un gran seguimiento en nuestro país, la obra de H.P. Lovecraft no tiene una bibliografía a la altura. Con escasas traducciones y un nivel del material crítico patrio más bien ausente, cualquiera interesada en la figura y el pensamiento de Lovecraft debía morir necesariamente a los textos ingleses. Hasta ahora. Porque
El soñador de Providence
es una estupenda introducción crítica a la obra del de Cleveland.
Siguiendo muy de cerca la biografía del autor, desgranando sus principales relatos y las tendencias y relaciones que fue cosechando en vida y después de ella, como análisis académico-biográfico el libro resulta notable. También lo es en su análisis de las influencias posteriores y cómo irían dando forma a una visión sesgada, no presente en la obra original, de los mitos de Cthulhu. Algo que si bien es desarrollado en toda la profundidad se merece, hubiera sido deseable que tuviera más extensión en relación, especialmente, a la consecuencia que tuvieron en dos aspectos concretos: los juegos de rol y otros países que no fueran EEUU.
No por nada, Japón no sólo es uno de los países donde más popular es Lovecraft, sino también uno donde se ha forjado la identidad cultural del mismo a través de la visión sesgada de los juegos de rol.
Por desgracia, y a pesar de ser un libro sobre videojuegos inspirados en Lovecraft, la parte dedicada al mundo lúdico es la más irregular. Alternando entre capítulos notables, entre los que destacan el dedicado a
Eternal Darkness
, y otros más bien inanes, que apenas sí rascan lo más superficial de la relación, la última parte del libro acaba resultando un paseo demasiado breve, demasiado confuso, por el mundo del videojuego. Algo a lo que contribuye no sólo la falta de contexto general sobre la evolución del medio, lo cual puede achacarse a a la asunción de que el lector ya es conocedor del mismo, sino también a la relativamente escasa, y no siempre más representativa, elección de juegos. Al menos, en la medida que parecen más mediar los gustos o la (que sean conocidos para el público) que la representatividad de los mismos.
En cualquier caso, son problemas menores. Especialmente considerando la falta de textos críticos competentes de Lovecraft en nuestro idioma. Algo que El soñador de Providence cumple de sobra.
¿Hubiéramos deseado que fuera algo más? ¿Que realmente se hubiera adentrado en cómo el videojuego y el rol deformó y dio forma a un concepto de lo lovecraftniano que tiene poco o nada que ver con Lovecraft, el autor, haciendo así buena la teoría de la muerte del autor? Posiblemente. Ese hubiera sido un libro excepcional. Pero incluso quedándonos con el análisis académico-biográfico y el vistazo de pájaro sobre su influencia sobre el ámbito lúdico, el resultado es digno de elogio.