Enrique Symns no proviene del ambito literario, sino del periodistico. Trabajo en las revistas El Porteno, Satiricon, Eroticon; dirigio en distintas epocas Cerdos y Peces y El Cazador. Ademas fue monologuista de Los Redonditos de Ricota, la Bersuit Vergarabat y Los Piojos y, entre otros libros, escribio una biografia de Fito Paez. Su trayectoria vital delimita un territorio inevitablemente osmotico que bien podria resumirse con las palabras sexo, drogas y rock and roll, pero tambien con muchas otras. Fue una figura de cierta version del underground porteno de los anos '80 y principios de los '90, ese laboratorio de experimentaciones y conductas alternativas que reunio desde artistas, escritores y periodistas geniales e irreverentes hasta traficantes y estafadores, pasando por drogones, manyines y vividores. Symns no arremete contra esas definiciones, mas bien las asimila y desde esa zona de permanente sospecha cuenta su experiencia.
Enrique Symns nació y murió en Argentina. Fue periodista, escritor y actor de teatro. Publicó crónicas, novelas y biografías sobre grupos y compositores del rock argentino y latinoamericano. También integró, como monologuista, el popular grupo Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota durante la década de los 80. Es reconocido como uno de los exponentes literarios contemporáneos del denominado «periodismo gonzo» en Argentina.
Sería entretenido comparar el libro autobiográfico de Symns con la literatura del yo - que es más bien una literatura de la persona, del registro social detrás del cual generosamente se supone que hay un sujeto -. Para Symns la verdad no está en la facticidad de los agravios y los insultos que hace llover sobre sí mismo y sobre quienes se asociaron con él, sino en señalar que el yo (y la literatura que lo corteja) son como mucho una balsa de injurias y medias verdades. A su manera, es sincero. Describe lo que vió desde un lugar inhabitable para la mayoría de sus lectores. La verdadera "literatura de izquierda", literatura desde un afuera, está acá.
Este terrible fantasma se creía chorro por robar unos pesos de los sifones que los vecinos dejaban en la puerta o por afanar un cigarrillo en un bar de Amsterdam. Pedófilo, psicópata y rastrero. Un pelotudo a cuerda el finado señor Enrique Symns.
Si hay un libro que pocas editoriales se animaban a publicar, seguro que era este. Pero a decir verdad, la argentina de hoy no sabe ni quién es Enrique Symns. Así de cruel es el tiempo con la fama de los cronistas, así de cruel es la cocaína con quien la quiera probar.
Más que un anecdotario de consumo de drogas, es un recorrido por la trastienda de latinoamérica. La verdadera cara del rock que rompió cabezas en los tempranos 90', la ferocidad del suburbio y la lujuria desvergonzada, que es la única lujuria que existe.
Un libro que hay que leer para desburrarse, sobre todo en caso de que no hayas salido demasiado a la calle. A la calle de verdad.
El viaje de Enrique Symns fue una locura y te hace testigo de los lugares y experiencias más oscuras en momentos clave de la historia nacional.
Esta cargado de escenas muy polémicas y es apología de las peores cosas que hay en el mundo. Pero es lo que vine a buscar cuando lo compré. Me gustó mucho la prosa y sabe describir con originalidad y analogías terrenales las cosas difíciles de la vida.
Me gustó mucho. Por momentos me hizo pensar que esta podría ser mi biblia.
Crónica de como llevar una vida de excesos, muchas veces cerca del libertinaje y con demasiadas situaciones incómodas para el lector pero que aún así no puede dejar de leer por lo atrapante del relato.
Por momentos tedioso, por momentos fascinante. Repugnante, crudo, por momentos conmovedor. La prosa de Symns hoy no pasaría ningún filtro, pero siempre me parece interesante leerlo.
Me habían descrito a Symms como el Bukowski argentino y si bien comparten ciertas temáticas (sustancias, ambientes marginales, critica fuerte al sistema y sexo) y algo del estilo autorreferrencial, la prosa de Symms la encontré mucho más dura. No solo le compite en cuanto a experiencias alteradas de conciencia con un crisol muchísimo más completo de drogas, sino que además tiene ejemplos de violencia no tan frecuentes en el creador de Henry Chinaski.
Es el primer libro que leo de él y me gustó, aunque no tuvo demasiadas referencias o historias secretas del ambiente del Rock and Roll, cosa que había esperado que tuviera.
Symns alguna vez concluyó que los de su raza terminaban todos igual; los repasa desde sus días en la cárcel en Brasil, el contrabando europeo, los personajes que lo acompañaban en la noche porteña en los días de gloria del under y su amor por la cocaína. Estoy de acuerdo con esa premisa inicial, pero no importa. Symns comprueba en la oscuridad de sus relatos y lo certero de sus pensamientos lo bien puesto que le asentaba el apodo Henry Miller, lejos de incomodar te sentís cercano a él deseando compartir un cigarrillo mortal, aunque este pronto a traicionarte. No hay mejor homenaje a Enrique que matar las maquinas y recuperar el éxtasis.
Es el tercer libro que leo del estilo (derrotero sobre drogas), los dos anteriores fueron ficciones, la de Mariana Enríquez con su Bajar es lo Peor y la de Bret Easton Ellis con Menos que Cero. Sin duda alguna que la literatura te permite experimentar cosas que jamás harías y este es uno de los casos. Cómo puede ser posible que haya personas que lleven una conducta alienante con tanta pasión y tan al extremo. Nunca dejará de sorprenderme.
Symns me termina confirmando lo que se rumoreaba de él, es un chismoso, un buche y uno encima de los peligrosos. Symns es como el carbón, o te quema o te mancha. Y en las páginas acá recorridas no hace más que confirmarlo. Se mete con todos y no se salva nadie, los hunde, los quema y los deja en mal estado. Pero debo darle a favor que tiene una pluma única, que transporta y nos escupe verdades, tiene una pluma que te lleva a darle la razón, es de esos sujetos que si no la ganan la empatan, pero que en esencia es un "beautiful loser". Roto y mal parado, así toda su vida si la ganó, la malgastó pero en definitiva la vivió. Y causa un poco de envidia.