Masse d’individus qui occupent une ville sans parvenir à l’habiter, forçats de la solitude qui échouent toujours à se rencontrer : voilà les hommes modernes selon Dostoïevski. Alors que Pétersbourg se vide, le temps d’un été, le héros des Nuits blanches ouvre les yeux sur cette condition. Abandonné par la ville elle-même, il plonge dans la nuit solitaire : dans ce désert se dessine une silhouette féminine. Dès lors, il n’est plus question d’échapper à la solitude mais de la partager : quatre nuits durant ils seront seuls ensembles. Qui compte sur un alter-ego s’expose pourtant aux désillusions et à l’abandon. Le narrateur du Sous-sol ne l’ignore pas : accomplissant l’œuvre libératrice du progrès, « l’homme du sous-sol » a poussé l’émancipation jusqu’à s’affranchir d’autrui. Reclus dans un appartement aux allures de cave, il entame un long dialogue avec lui-même, convoquant ses inaccomplissements et ses défaites passées. Maintenant libéré des entraves de la vie en communauté, il pourra exercer contre lui-même la plus méticuleuse des tyrannies. Deux virulents récits, deux cris du cœur pour dénoncer la clause qui nous lie abusivement à nous-même.
“Hay en mí tan poca vida real, los momentos como éste, como el de ahora, son para mí tan raros que me es imposible no repetirlos en mis sueños. Voy a soñar con usted toda la noche, toda la semana, todo el año. Mañana vendré aquí sin falta, aquí mismo, a este mismo sitio, a esta misma hora, y seré feliz recordando el día de hoy. Este sitio ya me es querido.”
Hay algo de intimidad en pasear con un extraño por una ciudad, y conectar, y conocerse, y mirarse. No lo digo yo, lo dice Dostoyevski en esta maravillosa historia.
Hay autores que imponen, por su grandiosidad y su relevancia en la literatura, porque temes enfrentarte a algo tan aclamado, tan popular, tan representativo. Para mí leer este libro ha sido un paseo delicioso, tranquilo, y totalmente disfrutado.
En Rusia ocurre un fenómeno natural durante el solsticio de verano en las áreas como San Petersburgo, en el cual las puestas de sol son tardías y los amaneceres más tempranos y, como consecuencia de esto, la oscuridad nunca es completa. Este fenómeno es conocido como noches blancas.
Y es a lo largo de ese fenómeno esporádico y único, a lo largo de cuatro noches, cuando el protagonista de esta historia conoce a Nástenka, una joven desgraciada. Hasta ese momento, el narrador apenas había interactuado con mujeres, pero hay algo en Nástenka que lo atrae y lo enamora.
Reducir este libro a una historia de amor desdichado sería un error. Porque es una historia mucho más profunda. Una historia sobre la intimidad de los primeros encuentros. Una historia sobre el despertar de los sentimientos. Una historia de primeras veces: primeros amores, primeras ilusiones, primeros desengaños.
Un paseo por un San Petersburgo que vive ya solo en la imaginación de los libros. Una ciudad que nada tiene que ver con la que se nos presenta, un idilio, un sueño, con dos personajes que por casualidad, se encuentran una noche, y deciden acompañarse durante las tres siguientes, en encuentros breves, fugaces, pero inolvidables.
Ella le dijo no te enamores de mi, pero como le dices al corazón que no? cómo le dices a un hombre que en su desdicha aparece una mujer como un rayo de sol e ilumina todo su ser , así solo fueran migajas de su amor por otro .
I’m terrified even to think about the future, because the future is once again loneliness, once again this stagnant, useless life.
Esa frase me persigue, me reconcome. La leí por primera vez en un burdo meme de Twitter que muestra a Snoopy —el mejor— abriendo su ejemplar de Noches blancas en una página al azar, sólo para encontrarse con esta oración. «Me aterra incluso pensar en el futuro, porque el futuro es, una vez más, soledad, una vez más esta vida estancada e inútil.» El pobre perrito se aparta a un rincón y empieza a llorar.
Y, como el can de Schulz, yo también me emociono ante la prosa de Dostoyevski, aquella que describe a un pobre desgraciado olvidado por todos (ni siquiera goza de nombre propio), y su encuentro con una desconocida de la que, irremediablemente, terminará por enamorarse. Él es un soñador, un iluso refugiado en sus fantasías, pues la vida que tanto ama no hace otra cosa sino repudiarle. En sus sueños el joven suple su deseo de compañía: la tristeza cotidiana mata a la gente, en su imaginación puede vivir la vida que él quiera, se dice. Pero él mira a su alrededor, observa a las personas que pasean por la calle y envidia su libertad. No son prisioneros de la fantasía, pues a ellos se les ha otorgado el auténtico privilegio: vivir la realidad.
Es entonces cuando un dios omnipresente le concede su deseo de compañía. En todo su ser hay una especie de anhelo romántico, sí; pero, sobre todo, hay anhelo por afinidad humana. Y esa afinidad no es otra que Nastenka, la joven de la que terminará enamorándose. Por un tiempo —cuatro noches, exactamente—, el héroe es liberado de su prisión sentimental para poder, por fin, vivir como un humano y sincerarse. Despojarse de esa coraza que le retiene y le impide ser visible y suplicar otra oportunidad. Pero en el juego de Dios nada nos pertenece y, como el amanecer que nunca llega, el protagonista asistirá al verdadero de los horrores: la realidad no está hecha para soñadores como él.
Quizá yo, al igual que nuestro protagonista, esté hablando de un "héroe" en tercera persona para refugiarme en la imaginación. ¿Dónde has enterrado el tesoro de tus mejores días? ¿Has vivido? Mis noches terminarán con el día.
Oye y ve cómo vive la gente, cómo viven en realidad, cómo para ellos la vida no está prohibida, cómo su vida no se esfuma entre sueños, visiones, cómo su vida se renueva eternamente, cómo es eternamente joven y cómo ningún momento se parece a otro, cómo, en cambio, la fantasía es melancólica y monótonamente trivial, cómo es esclava de la sombra, de la idea, de la primera nube que oscurece la luz y enturbia el ingenuo corazón petersburgués, que tanto quiere al sol.
Este ha sido mi primer encuentro con el autor… inmejorable. Desde las primeras páginas he sentido la soledad del protagonista, esa forma de observar e idealizar las calles de San Petersburgo, a las personas, sin intervenir, esperando algo. Y, de repente, dos almas tristes se encuentran y se citan durante tres noches a la orilla del canal. No se cómo es posible contar una historia tan bella y tan triste en tan pocas páginas, con tanta intensidad y emoción. Me ha conmovido tanto la historia de él como la de ella, y el final… uf, qué final.
Ese encuentro con Nástenka marca el momento en el que el protagonista deja de ser solo un joven soñador y solitario, es el momento en que aprende qué significa querer a alguien, y también el más doloroso, aprender a dejarla ir.
Ver esa conexión tan profunda que desarrollan los protagonistas, cuando cita tras cita, noche tras noche, se van conociendo, se van descubriendo y se hacen compañía, comparten su soledad. En sus conversaciones nocturnas conocemos sus vidas, la esperanza que los sostiene, el amor, pero también su desilusión y desengaño.
“¡Dios mío! ¡Todo un minuto de felicidad! ¿Acaso es poco para toda una vida humana?”
Esta breve novela narra la historia de un hombre solitario que conoce a una muchacha durante una noche blanca, fenómeno que se da en San Petersburgo durante el solsticio de verano y por el cual la oscuridad no es completa. Les dos desconocides deciden encontrarse durante varias noches consecutivas, compartiendo sus historias de desamor y sus esperanzas para el futuro.
Es una historia corta sobre el amor, la amistad, la esperanza y el desengaño; en la que queda en evidencia que la principal virtud del protagonista es la lealtad.
Me resultó un poco decepcionante, aunque entiendo que el contexto y la historia romántica en Rusia en el siglo XIX es completamente diferente de lo que estoy acostumbrada a leer.
• ¡Dios mío! ¡Todo un minuto de felicidad! ¿Acaso es poco para toda una vida humana?
"Noches Blancas" es apenas un relato, casi un suspiro, y sin embargo es capaz de condensar la ternura, la desesperación y la ridiculez de todo un ser humano que sueña demasiado. Dostoyevski no necesita grandes escenarios ni intrigas, porque aquí el verdadero escenario es el alma de un soñador, vulnerable y desarmado, que cree haber encontrado en una noche aquello que podría justificar una vida entera.
El narrador es ingenuo hasta lo patético, y en esa ingenuidad se esconde la primera crítica: la incapacidad de aceptar la vida tal cual es, la necesidad de adornarla con fantasías para poder soportarla. Y, sin embargo, esa fragilidad se convierte en una fuerza literaria arrolladora. Su voz, tan transparente, tan carente de defensas, nos incomoda porque nos refleja. Todos hemos habitado esa ilusión momentánea que se deshace con el amanecer, y todos hemos sentido cómo el recuerdo de ese instante pesa más que años enteros de existencia.
Sí, hay repeticiones, desvíos, frases que parecen estirar la confesión más allá de lo necesario. Pero esas imperfecciones no debilitan el texto: son parte de su naturaleza. El narrador prolonga su relato como quien alarga un sueño para no despertar, y en ese gesto radica la verdad de la obra. Dostoyevski convierte esa voz torpe en un espejo incómodo de nuestra propia necesidad de creer en lo imposible.
Lo verdaderamente devastador es que el lector sabe, desde el principio, que no hay esperanza. El desenlace se intuye, inevitable y cruel, pero seguimos leyendo como si quisiéramos proteger al soñador, como si su ilusión pudiera sobrevivir si la acompañamos. Cuando la realidad se impone, no sorprende: duele precisamente porque sabíamos que no podía ser de otra manera.
"Noches Blancas" no es un relato sobre el amor, sino sobre la fugacidad de la felicidad y la condena de haberla sentido alguna vez. Un texto breve, sí, pero que captura lo más difícil: esa mezcla de vergüenza y nostalgia que sentimos cuando recordamos la intensidad de un sueño perdido. Dostoyevski lo escribió como una miniatura, pero el eco que deja es el de una novela entera.
“Mi noche ha pasado como un minuto de felicidad; ¡y toda una vida no basta para pagarla!” -Narrador
P.D: Casi na de diferencia con Tolstói eh, casi na.
Sin más. Me lo habían pintado muy bonito y romántico pero, pues eso, sin más. Me parece totalmente lógico que Nástenka frienzoneara al protagonista porque es muy intenso. Es imposible que sea capaz de decir todas esas gilipolleces después de conocerla. El final me ha parecido muy cómico. Quizás porque no he simpatizado con el protagonista pero como te va a decir que te mudes a su casa y en cinco minutos aparezca el otro y se vaya con él? Además, toda la culpa la tiene él que Nástenka se lo dejó bien claro al inicio que no se enamoraría de él. ¡ES MÁS! COMO VAS A DECIRLE QUE LA QUIERES CUANDO ESTÁ LLORANDO PORQUE LA HAN DEJADO PLANTADA? En resumen, que se lo merce.
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Soledad, amores no correspondidos y sueños que se quedan ahí, para siempre en el imaginario de uno más como tantos que esperamos durante mucho tiempo tan solo dos palabras amistosas o amables, para iniciar una charla en un momento de soledad.
Recuerdos de un tiempo pasado, que tal vez no fue el mejor en este aspecto, por el que muchos creo que pasamos.
Una historia sencilla y corta. Puntos que me gustaron: 1. Es fácil de consumir. 2. El estilo narrativo. 3. No se complica con los nombres. los nombres de los personajes se resumen en: nástenka, la abuela, el enamorado de ella y el narrador o protagonista. no me gusto el desenlace, el enfoque del soñador y que toda la narrativa de amor con nástenka concluye de manera muy insípida.
Muito bem escrito, gostei da experiência do meu primeiro Dostoiévski ✨ porém o querido dormiu acordado no ponto, convenhamos né? Mas entendendo o contexto de se enveredar no romantismo, acredito que se enquadrou bem no que o autor quis propôs.
Me gusto mucho como estaba contado, el amor que se generó el dolor de no ser amada 💫 el final me dio mucha pena :c no esperaba ese final para él se merecía más mucho más
La Carlota Subirós, a l’epíleg, no podria haver-ho descrit millor: «El cor de les nits blanques és un desig. Un desig immens i terriblement concret. El desig de ser feliç».
¿Es un momento de felicidad suficiente para el resto de nuestras vidas?
Hace más de un año que leí esta novela por primera vez y esta segunda se me ha hecho mucho más fácil de entender. El protagonista es un soñador, se aísla de la realidad para meterse en un mundo de fantasía donde puede vivir de todo, mientras no es consciente de la vida real. Si solo ha vivido de sueños se puede considerar que ha vivido? Al salir de su ensoñación no le queda nada mas que el vacío de su existencia.
Cuando a uno, carente de contacto humano significante, se le presenta una conexión con alguien por primera vez, ¿quién de nosotros no se aferraría a ella? Nastenka es esa luz en su vida monótona, es inevitable que se aferre a la idea que tiene de ella como su salvación y se enamore. Durante estas noches que pasan juntos en las calles de San Petesburgo se nota el anhelo que siente nuestro protagonista por este nuevo vínculo, por fin siente que está viviendo, que está experimentando lo qué normalmente solo podía imaginar en sus fantasías.
En la última noche, la propuesta que le propone Nastenka cuando siente que su amado la ha abandonado no es nada más que una fantasía también, hecha también por él mismo motivo por el cual nuestro protagonista sueña, evadir la realidad. No era una propuesta realista, venía del dolor y la decepción, ambos lo saben. Por eso el final es agridulce pero no menos realista. Le queda el eterno recuerdo de esas noches vividas. Lo mantendrá en su mente para siempre, esa alegría e ilusión que iluminaron por un momento efímero su pobre alma solitaria.
había escuchado tanto de este libro que pensé que iba a ser un manjar, pero nada más alejado de la realidad.
el protagonista me parece un poco psicópata. tiene un tono rimbombante y sólo he conseguido empatizar con él al final, cuando se le baja el pavo. parece vivir en un delirio, que se hace colectivo con la coprotagonista, a la que falta un agua.
no soy ingenuo, sé que no he entendido bien la obra y por eso tengo que esta opinión de mierda. no obstante, y hablando ya de gustos, disfruto de la lectura cuando no hay que diseccionar cada frase hasta encontrar un significado maravilloso.
The book is great and I love the drama, even if it makes the reading a bit heavy sometimes. That bitch Nastenka is such an annoying cow, but it’s not my fault the Dreamer is so naïve and stupid 👅