En las vísperas del año 2061, los espejos negros descienden para ocupar las principales ciudades del mundo. Con ellos llega la tecnología del Zen’nō a la Tierra, junto con su promesa de “perfección”: cuerpos destrozados por la hiperrealidad, seres que habitan dimensiones hechas de vóxeles, espíritus que mueren y renacen en la búsqueda del Nirvana bioluminiscente. En esta novela, Karen Andrea Reyes se establece como una voz única dentro del panorama de la ciencia ficción colombiana al crear un multiverso en que el engaño del tiempo y la materia sucumbe ante la profecía del primer Dios artificial, un anuncio de la nueva existencia que cierra la brecha entre todos los opuestos posibles y nos entrega a la náusea de la realidad última y al limbo de sus obsesiones.
Cuando en los sesenta los autores de ciencia ficción abrieron las puertas al viaje interior no se imaginaron a los lugares a los que el género podía llegar. Si bien a mediados de siglo los puntos más altos fueron las experimentaciones místicas, lingüísticas y temáticas de Roger Zelazny, el más digresivo Dick de "Valis", o el experimental Brunner de "Zanzibar"; un paso adicional solo podía concretarse desde la periferia del desarrollo tecnológico. Y ese paso, sin duda, está en "Zen´no" de Karen Andrea Reyes. Zen´no inicia con una serie de elementos estructurales que invitan a que a los lectores avezados de la ciencia ficción puedan identificar como paradigmas conocidos, pero basta que la autora termine de dar las coordenadas de ese espacio de confort para que el lector se vea lanzado a un vértigo en el que tanto el tiempo como el espacio se desconfiguran para reconstruirse desde el lenguaje. En este libro lo más importante no es la posibilidad de una Inteligencia Artificial que domine lo humano, sino que desplaza esa duda a la constitución misma de lo humano en un campo en el que filosofía, mística y tecnología se hibridizan. Y en el centro de todas estas preguntas aparece siempre un cuerpo: una materialidad que se abre, se duplica, se borra, se fragmenta, se desvanece. Un cuerpo armado a partir de las palabras de mujeres que subrayan la grieta de significado, convertida en herida de carne y memoria. En este libro de Karen Reyes se encuentran todos los rastros de mística y tecnología que autores como Philip Dick supieron explotar en sus escritos, pero acelerados en sus componentes esenciales: los universos creados por una percepción individual que siempre escapa como exceso a una pretensión totalizante de los sistemas. Un lector de ciencia ficción de la New wave anglosajona encontrará en esta novela una explosión de potencia que permite ver que esas obras hechas en los sesenta son las semillas de una exploración que ahora empieza a florecer y a tomar un camino que responde a preguntas actuales por la realidad. No se trata de una copia estructural y temática cercana a "Black Mirror", sino una propuesta que se atreve a dar un paso más en un camino que al abrirse, nos deslumbra.
Los límites entre la realidad y la ficción son tan delgados como la membrana de una mitocondria, y la energía que en el intercambio entre ambas se genera bastaría para incendiar el sol. Lo mismo ocurre con la tecnología y la magia, que luego de su divorcio en la industrialización han encontrado siempre escenarios donde fundirse de nuevo. Me gustan esos textos de ciencia ficción donde ambas fronteras se llenan de agujeros, y de ahí que Zen’no conectara conmigo de inmediato.
Por fortuna ese primer chispazo de cariño encontró como reforzarse a medida que avanzaba en la lectura. La prosa de Karen Andrea Reyes es pulida y precisa, capaz de transmitir imágenes y personajes que crecen en la mente del lector hasta invadirle. Su palabra es atinada y arriesgada, consigue metáforas que son a la vez rítmicas e iluminadoras lo que nos arrastra en un conjuro literario que se queda con nosotres cuando cerramos el libro para sumarnos al día. El canto del Zen’no, que es el de Reyes, me acompañó a hacer tinto, a dictar clase, a caminar con Galilea, a dormir junto a María. Por sólo este mérito, una enhorabuena formal que atesoro, respeto y celebro, recomendaría leerle sin duda. Por los méritos que enumeraré a continuación, recomiendo leerle con cuidado, seguir su trabajo, y confiar en que aquí hay una obra que se hará espacio en las estanterías del mañana (si es que hay mañana y en él, estanterías).
1) La estructura de la obra nos ofrece con claridad, pero sin condescendencia la posibilidad de armar el rompecabezas de la trama, comenzando en un punto neutro para avanzar, con una elipsis velocísima, hasta las consecuencias del dominio del Zen’no, y retroceder, con una analepsis final, a sus orígenes en la tercera y última parte. La sencillez de los recursos utilizados no resta su efectividad, porque no es evidente, o mejor, no obliga a hacer evidente la conexión entre las tres partes y las múltiples líneas temporales.
2) La amplitud en el dominio del lenguaje permite que a lo largo del texto discurran escenas escatológicas con distintos grados de desarrollo, de profundización. Desde los intestinos hasta los sesos, pasando por dientes, genitales, lenguas, ojos y pelo, el cuerpo aparece convertido en palabra, y Reyes consigue que esa palabra sea palabra diversa, de múltiples capas, lo que termina sumergiéndonos en los fluidos, los tejidos y las conexiones propuestas.
3) Temáticamente estamos ante una pregunta por la soledad y el deseo, por la tensión entre la soledad y el deseo de sociedades incapaces de establecer entre sus miembros un pacto similar a la ternura o la amabilidad, o sociedades donde la ternura y la amabilidad (lo dice una polilla protagónica) son conceptos superados, dejados atrás en una especie de poshumanismo redentor de fusión con la máquina-magia que cumple todos los sueños. En ese sentido, Zen’no es una lectura desasosegante, no por la fuerza de sus líneas, que algunes podrían considerar violenta, sino por el vacío que pone en manifiesto: el gran agujero negro que portamos en el vientre y que llenamos con toneladas de nada que aumentan su fuerza de gravedad.
Con el 1, 2, 3 ya revelado, sepa quien entre a esta obra que entrará a un laberinto de mística pagana, de tecnología y de deseos, de cuerpos que se modifican para perseguir una perfección no meditada, de drogas entrelazadas con hardware cuyo software está encriptado en el alma de las cosas. Sepa que encontrará relatos cortos, que constituyen episodios, que crean un mundo, y que la creación de ese mundo como personaje y sus circunstancias es el centro de novela. Sepa que habrá una habitación con un nido hecho de cuerpos humanos, y una casa mitológica donde el cerebro de una mujer descansa dentro de un frasco, y una niña de más de ochenta años que se sienta en un planeta desierto y sonríe mientras se quita la escafandra para morir por fin.
Sepa que encontrará la obra de una autora que considero tenaz en sus recursos, fértil en su imaginación, y muy ducha en el oficio de escribir. Una autora que considero uno de los mayores hallazgos de Vestigio y de la que la ficción colombiana puede evanecerse. Este libro durará, o no, pero ya su germen, el Zen’no, se expande por quienes lo hemos leído con asombro, arrobamiento, espanto, maravilla y profundo placer.
En realidad me costó mucho terminar este libro, no sé si es bueno o malo, solo sé que no lo entendí como me hubiera gustado y que he sacado más información de las reseñas que del texto mismo.
Quizá sea yo, que no vi el cuadro completo de la historia o que solo reconocí pequeños trazos de continuidad. Y si, es una historia no lineal y me gusta que sea ambiciosa, realmente quería leerla por ser una autora colombiana, pero me sentí muy perdida durante la lectura y de no ser por las reseñas, seguiría sin saber de que iba.
Una apuesta Colombiana de ciencia ficción arriesgada que abre las puertas a múltiples universos. Un libro qué hay que leer con una imaginación sin límites en donde se presentan escenarios, formas y seres que bien podrían haber salido de Blade Runner, El quinto elemento y por qué no, también de La llegada (Arrival).
La ciencia ficción y el weird son tan interesantes porque pueden presentar visiones de mundos por venir y lecturas de mundos en su ocaso. Zen’no̅ es un libro que tiene muchísimo alrededor de lo cual girar. Tres cuestiones llamaron mucho mi atención: 1. La concepción de las comunidades. 2. El absoluto. 3. Lo ominoso. Uno de los grandes retos sobre la comunidad de hoy en día pasa por cómo entender los lazos sociales, en medio de los cambios producidos por la tecnología presente. El cambio de una sociedad disciplinar a una de captura-control implica automatismos integrados al alma del sujeto. No se trata sólo de instituciones vigilantes, sino de cómo la disciplina, entendida en el régimen del capitalismo neoliberal, ha sido un proyecto sobre el alma humana, al menos desde Thatcher. Lo que antes estaba afuera, el gobierno, ahora está adentro, la gobernanza. Es así que, a nivel cognitivo y lingüístico, la figura del neoliberalismo cambia la constitución humana, cambiando los lazos. En Zen’no̅, la comunidad se entiende bajo un completo control de los automatismos, por lo cual no hay comunidad como tal, sino un enjambre que funciona de maneras determinadas por la matematización y computabilidad. Esto se enlaza con el absoluto, pues, si bien el Zen’no̅ no es un absoluto Absoluto, sí lo es para la experiencia de la materia del universo, encontrándose más allá de cualquier ética, es decir, sistema humano de relaciones. Este absoluto es artificial y ha tomado la humanidad por su virtualidad, reduciéndola. Dice la conocida psicoanalista Colette Soler que el psicoanálisis va a acabarse cuando la ciencia descubra el inconsciente, y en la época del Zen’no̅ no hay necesidad de divanes, pues el inconsciente, o si se quiere, en términos levinasianos, la interioridad, ha sido matematizado. Se le ha quitado al sujeto humano lo que lo ubica en la historia, lo que lo hace humano, haciendo réplica perfeccionada de sí en la hiper realidad (por eso Arsalein debe copiar y matematizar a Iván Darío). La cuestión religiosa del absoluto es tangible en la última parte del libro, pues hay una unidad a la cual todo pertenece, a un deber ser que responde a las reencarnaciones, dejando de lado la experiencia corporal. Esta alma, sin embargo, es virtualidad. Ahora bien, eso absoluto se presenta en su dimensión ominosa, pues es lo más interno que se hace externo. El reconocimiento de mi deseo, matematizado, en los espejos negros, es la línea al caos de lo ominoso. Esto se sostiene en la vieja dualidad de naturaleza/cultura, en la cual el humano busca resistirse a su culturización cibernética y tecnológica, fracasando en el intento, y siendo engullido por lo absoluto de la cuantificación. Es un libro increíble, sobre el cual se puede discurrir largamente, más allá del gusto o disgusto por Platón, Descartes, Hegel, Dios, Buda… todos, como espejos negros descendiendo entre páginas.
Fue la primera lectura que terminé en febrero. Es una novela-cuentos-no libro.
Y lo presento como una novela-cuentos-no libro, porque rompe con las convenciones de la temporalidad y de lo que, se supone, debe ser un libro para poder ser leído. Se encuentra uno con que la principal dificultad para leerlo, es la estructura algorítmica, causal y rígida del pensamiento. Eso que le hace a uno buscar desesperadamente un asidero para seguir, un hilo conductor que está, pero es gaseoso y cambia de forma cuando uno le manda el manotazo.
Es un ambiente extraño, enrarecido. Eso de que el tiempo es una línea recta, con la clara posición del pasado antes del futuro o de que es un círculo y que todo punto es pasado y/o futuro de otro, son ideas que se ponen a prueba bajo la pluma de Karen. El tiempo me resultó, mejor, como una piola en el bolsillo de esas para hacer bailar el trompo.
Es también una hiperbole de las consecuencias propias de hiperconectividad, de la ilusión de ser en las pantallas lo que no podemos en la mortaja de carne que arrastramos.
Es un resquebrajo de la 'realidad': mujeres embarazadas que sienten a sus fetos en la nuca o en los pulmones. Agujeros negros en el cuerpo de una niña. Una casa con paredes chorreantes de materia oscura.
Y el Zen’nō, un ser que quiere ser dios, haciendo descender espejos negros en las principales ciudades del mundo.
Qué más se puede decir, vayan léanlo y déjense volar la cabeza. 🤯
Es un libro sumamente poético, casi no sé si místico o religioso. Está lleno de pasajes en los que la prosa es top.
Explora muy poéticamente a esta consciencia universal que somos o en la que estamos proyectados: una consciencia que es voraz y que ansía habitar todas las formas sin distinguir la belleza del horror, la agonía del placer, la completitud de la mutilación.
Realmente es muy bello, pero es un texto totalmente experimental. No hay que leerlo esperando encontrar una historia o un artefacto narrativo típico, pues no se trata de eso, sino de una exploración formal que quizás replica la fluidez cósmica de los temas que aborda.
No creo que sea un mal libro, simplemente no es un libro para mí.
Según la descripción de la contra portada esperaba cierto tipo de historia y me encontré con otra(s) muy confusas. A medida que lo leía pensaba que su estructura es como un fractal lo que es interesante, pero me costó mucho seguir la narración. Y me costó aún más visualizar las imágenes y escenas que se describían. No logré conectar con casi nada. Es una lástima porque pensé que me iba a gustar.
Me gustó el símil entre la meditación y la muerte. Pensé que quizás es un libro de dos lecturas pero tampoco me animo a re leerlo.
Ojalá este libro lo lea mucha gente para que pueda ir a leer en una Wiki distintas interpretaciones, como hago cuando veo una peli de Lynch. Excelente mezcla de ciencia-ficción "philipkadickiana", antología de relatos y budismo. Me ha encantado la sensación de vértigo y terror weird que va de la mano conforme la historia se aleja del futuro próximo hacia el futuro lejano, cada vez más extraño. Podría decirse que es melaza literaria, corto pero muy denso y difícil de despegar de la piel.
Los tres libros que conforman esta obra pareciera siempre estar narrados en una especie de estado de sueño. Lo onírico superpuesto con el futurismo y el horror. La creación de dioses artificiales, en un mundo cuyo progreso tecnológico pareciera ser más una imagen de horror que la de la promesa del progreso tecnológico. Karen es una voz fresca de la Ciencia Ficción Latinoamericana.
“Madre, ignoras que el Zen’nō ha desarrollado una ciencia casi perfecta, ejercida por maestros que no se conforman con las barreras del cuerpo”
¿Cómo seremos dentro de unas décadas? ¿Hacia dónde caminaremos? ¿Qué anhelaremos? ¿A qué Dios nos encomendaremos?
Avanzamos cada vez más rápido. Y cada vez miramos menos atrás. Seguimos a autoproclamados gurús que nos dicen qué vestir, qué comer, cómo ser o, mejor dicho, cómo no ser. Huimos de nosotros mismos persiguiendo un ideal poco definido. Buscamos ser únicos, diferentes. Puede que quienes nazcan en los próximos años deban crecer y madurar en una era de constantes cambios. Si ya no miramos atrás, ¿por qué iban a querer hacerlo ellos? Algún día la tecnología les permitirá modificarse a sí mismos, alterar su naturaleza física y mental. ¿Cuántos decidirán conservar la apariencia humana cuando tengan posibilidad de transformarse en cualquier ser que puedan imaginar? Muy pocos querrán quedarse “obsoletos”. Y la química, legal o ilegal, también les ayudará a volar ¡Qué intrascendentes serán para ellos el placer y el dolor cuando experimenten sensaciones aún inimaginables!
Nuestra especie se desgajará. Siempre habrá disidentes, por supuesto. Siempre habrá minorías que no quieran o no se logren adaptar. ¿Quién se preocupará por ell@s cuando la frontera entre lo real y lo virtual sea casi indistinguible, cuando la humanidad no sea más que una agrupación de individuos en constante y errático cambio, sin destino, pensando en traspasar el siguiente límite, la siguiente barrera?
Una sociedad así necesitará un nuevo dios. Uno que nada tenga que ver con los que ahora conocemos, pues no se le demandará justicia ni protección. Uno que se centre en satisfacer los anhelos individuales. Tampoco importará su verdadera naturaleza. Al fin y al cabo, ¿Qué distingue a un alienígena o a una máquina suficientemente avanzada de una divinidad?
“He escuchado a los hijos, están sedientos ¡Quieren un Dios! Ante la ausencia de uno, yo seré su Dios artificial. Descenderán, descenderán estos objetos oscuros desde el cielo. Son tus ojos, pero seré yo quien vea a través de ellos. Y las vidas humanas se integrarán con las imágenes que yo disponga, con los vórtices de su imaginación”
Zen’nō es una novela impactante, desasosegante y perturbadora. Un puzle místico-experimental no apto para los amantes de la ciencia ficción clásica y lineal. Karen Andrea Reyes combina la belleza de su prosa con la crudeza de las imágenes que proyecta para encandilar al lector, arrastrarlo por una primera parte hipnótica, y soltarlo al borde de un abismo donde no imperan las leyes naturales que conocemos. Sólo quienes se dejen tocar por su oscuridad, quienes entiendan que el dolor y la pérdida son parte de la transformación, y quienes logren reducirse a sí mismos a una mente pura, lograrán retroceder (en la tercera parte) y tal vez, entender la naturaleza del nuevo Dios.
La autora colombiana lo pone todo en duda. La realidad material y corpórea, el tiempo y el espacio. Nos habla de sufrimiento, de soledad e intolerancia. Destila nihilismo y desesperación mientras se aleja de los cánones filosóficos occidentales y obtiene, no sé si deliberadamente, una obra única y personal que no está destinada al gran público.
“Comprendo que mi vida será una constante huida, perderé mi familia, perderé mi ser anatómico, perderé el vínculo original que tengo con el planeta”
¿Quién es Zen’nō? ¿Qué es Zen’nō? ¿Ha llegado para salvar a los humanos de sí mismos, o para experimentar con ellos? ¿Si les da aquello que anhelan, cuál será el precio que les haga pagar?
Es una historia no lineal y podría ser complicado leerlo si buscasbas continuidad o una estructura clásica de escritura. Los tres libros que lo conforman parecen surgir de un estado onírico combinado con la tecnología y el horror que aguarda tras la promesa del progreso tecnológico. Es un viaje al futuro pero también a lo introspectivo a como al avanzar miramos menos atrás, menos hacia dentro de nosotros. Es un texto que podría considerarse experimental una exploración de la conciencia. He disfrutado muchísimo leyendo y la primera parte me atrapó por completo, de a poco conocer los personajes y que iba a pasar con ellos. Todo está muy bien logrado desde el prólogo que es una cosa hermosa que siembra la semilla de querer conocer más del género, las ilustraciones son de otro mundo😍. Para mi fue un viaje fantástico a lo desconocido y las posibilidades✨
Aquest llibre de ciència-ficció escrit per una autora columbiana és bastant interessant. Té una estructura i premissa que té força enganxo. A vegades una mica diatòpic, misteriós, oníric i poètic, és una contribució ben construïda a la literatura de “New Weird” i el gènere fantàstic. M’ha agradat, però no estic gaire segur si he entès tot del llibre. Però no passa importa si no entenc tot. Val la pena i té un pròleg espectacular escrit per Maielis González.
En fi, moltes gràcies per un llibre diferent que m’ha fet pensar!
Este libro entra en las propuestas que se parecen mucho al cuento "el nuevo traje del emperador": si no entiendes lo que escribo eres un ignorante, solo los que sí son inteligentes pueden entender lo que escribo. Un libro escrito con ego, donde el autor claramente escribe para él mismo, para entenderse solo él. No busca una conexión con el escritor y es ahí donde radica su error.
Unos espejos negros reflejan la versión perfecta de cada uno y el Zen’nō te proporcionará las herramientas para llegar hasta ella.
Rompedor, imaginativo y disruptivo. Todavía estoy intentando encajar partes de lo que he leído de esta visión tan rompedora del futuro y las posibilidades humanas o no humanas.
Mmmm 3 pero con aires de que podría ser 5. Lo escuché y creo que eso dificultó seguir el hilo, el cuál no existe porque no es una historia lineal.
Vibes de black mirror *guiño guiño* con "El vivoc de Ana Starobinets pero totalmente más arriesgado. Aguas con dejarse seducir por tener alas y demás modificaciones extremas.
Más que un libro, es una experiencia que resignifica el lenguaje y a quién lo lee y lo sueña. Amé el lenguaje poético, las reflexiones sobre la consciencia, el ser y el universo, entretejidas en una narrativa atemporal de la disolución de los límites de nuestro universo y nuestra identidad. Un libro que requiere una lectura concienzuda y dedicada para desbloquear la multiplicidad de sus miradas.
Este libro me convenció de que la ciencia ficción poética existe. Una joya que se despliega en infinitas dimensiones, un fractal cósmico que transita por territorios desconocidos y que habla sobre la consciencia, el tiempo, la vida y la eternidad.
Todo el libro se siente como un sueño. Es muy extraño, porque aunque no entendía bien lo que estaba leyendo la lectura se sentía muy bien, relajante, confusa y emocionante. Todo para que al final, si me preguntan, sí pueda decir de que va la historia.
Me pareció que no tienes ni pies, ni cabeza. El hilo conductor no es muy claro. En muchos momentos parece que los apartados son aleatorios y sin sentido.