Una radiografía de México D.F., ciudad novela, vista a través de los ojos de sus frenéticos protagonistas encabezados por Martín Mantra, director de cine y miembro de una demencial familia mexicana abducida por una telenovela.
¿Qué tienen en común un nostálgico tumor cerebral, un espectro obsesionado por los luchadores enmascarados observando su vida y su muerte por televisión desde un inframundo azteca, y un hipotético androide en ruinas?
La simple respuesta a este complejo interrogante es: a) México Distrito Federal, metrópoli apocalíptica donde todo lo que puede llegar a ocurrir y no ocurrir indefectiblemente ocurre; b) la misteriosa sombra de Martín Mantra: director de cine prodigio en busca del film total, líder guerrillero, mesías flamígero, tótem religioso, y, antes que nada, miembro de una demencial familia mexicana abducida por una telenovela; y c) películas malas y buenas revoluciones, comida picante y aire contaminado, pirámides antiguas y modernos aeropuertos, madres sufridas y padres alucinados, turistas célebres y mariachis anónimos, día de los muertos y noche de los vivos, sangre derramada y tequila en las venas.
Todo esto y mucho más en una ciudad de novela y en la novela de esas ciudad.
Rodrigo Fresán nació en Buenos Aires en 1963 y vive en Barcelona desde 1999. Es autor de los libros Historia argentina, Vidas de santos, Trabajos manuales, Esperanto, La velocidad de las cosas, Mantra, Jardines de Kensington, El fondo del cielo y La parte inventada.
Me costó (casi) un año alcanzar la suficiente perspectiva para armar una reseña más o menos coherente sobre esta lectura. Hubo un antes y un después de Mantra para mí. Agarré este libro casi sin querer, porque por esas cosas de la vida me llamó poderosamente la atención la tapa. Desde las primeras páginas es evidente que no se trata de una prosa simple, llana, con un argumento servido en bandeja. Fresán tiene una fórmula (y digo fórmula porque se asemeja más a brujería que a narración) para escribir muy característica, plagada de referencias culturales e históricas (y mi libro se convirtió en este corto tiempito de convivencia en una especie de carpetita deforme llena de apuntes y recortes y fotocopias de otros libros que me recuerdan a este); usa mucho pastiche y le encanta jugar con los tiempos (algo que me voló especialmente el bocho), con la atención del lector, con las palabras mismas, tiene temas recurrentes en los que se apoya siempre (el apocalipsis, la ciencia ficción). Claro que yo eso no lo sabía. Es un tipo de libro muy distinto al que había leído jamás. Y lo disfruté y lo sufrí muchísimo. Cada vez que me preguntan de qué se trata Mantra no sé contestar. ¿Un hombre con cáncer? ¿Un niño salido de clan de mafiosos? ¿Una extraña fijación con las máscaras? Sí. Eso. Y eso. Y eso también. Pero yo diría que Mantra trata de México DF. No el real, si no el México DF de Fresán ("Mexico City is known to Mexicans simply as Mexico - pronounced meh-kee-ko..."), y por su increíble capacidad de narración me resulta mucho más real éste que el físicamente existente. México no es, solamente, un lugar, el famoso 'setting', México es un personaje, es EL personaje: a la gente no le pasan cosas en México DF, a México DF le pasa la gente. Me gusta creer que para él Mantra también fue un antes y un después. Me gusta inventar que las referencias a Mantra en, por ejemplo, Vida de Santos, las tenía pensadas desde antes de siquiera considerar la idea de escribirlo, que Mantra debía ser el epicentro de todo el resto de sus obras. Otra teoría así disparatada es que, una vez escrito este libro, se dio cuenta de que había culminado su carrera literaria y reeditó todo el resto de sus escritos para que giraran, en algunos directamente, en otros solo de soslayo, en torno a este. Capás es re boludo, pero me encantaría saber que así fue. Porque Mantra sí se convirtió, durante un tiempo, en MI epicentro, y leía todo bajo el lente de quien intenta descubrir fragmentos adentro de fragmentos que le confirmaran que, en efecto, esa historia podía encajar dentro del mundo caleidoscópico que era la visión de este libro. Creo por momentos no haber dejado de hacerlo. Sigo leyendo y el piloncito deforme sigue agrandándose. Mantriforme.
Borges, Bolaño, Vila-Matas, El planeta de los simios, La generación beat al completo, Bob Dylan, Serge Gainsbourg, Philip k Dick, Kurt Vonnegut, La dimensión desconocida, Diego Rivera y Frida Kahlo, París, John Lennon, Julio Cortázar, Bioy Casares, Magnolia y la lluvia de ranas y Aimee Mann... Cómo no me iba a gustar. Cómo no iba a disfrutar con todos esos referentes, casualidades, y muchas anécdotas que van apareciendo, que vas conociendo mientras lees. Para mí es una enorme novela, satisface mis gustos literarios, musicales y de "documento+fición".
Me hace falta reflexionar mucho sobre esta novela. Es gigante en tamaño y ambición. Pero si de algo estoy seguro, es que el final de esta novela es impactante. Jamás hubiera siquiera concebido algo así. Sí, le sobran páginas, pero el final lo vale. Es que si lo pongo aquí nadie creería lo que hace este cabrón 😭😭😭.
La última novela que leí este año....y vaya forma de cerrarlo!!Grandiosa. El aura del DF se deja sentir a lo largo de su trama inverosímil, sus personajes extraños y las situaciones que pasan sólo en la mente de quien nos está narrando. Caleidoscópica. Los sueños, los amores, las amistades. Peleadores, comida picante, robots, ciencia ficción. Y la muerte, siempre la muerte. Altamente recomendable, pero previamente leer Historia Argentina para empezar con buen pie el mundo de R. Fresán.
Un D.F. que es el D.F. pero a la vez es otro D.F., uno apocalípticamente mantriforme, uno que se recorre de la A a la Z y nunca acaba. A pesar de las altas expectativas que tenía del libro estas siempre se vieron superadas por este monstruo de referencias que es Mantra.
A fines del siglo pasado y principios del XXI, se publican dos obras notables sobre México escritas por autores no mexicanos: Detectives Salvajes (1998) y Mantra (2001).
La novela de Fresán es alucinante.
Más allá de la historia es cómo relata la historia y todo lo que cabe en la historia.
Ya la palabra México activa un montón de referencias culturales e históricas en cualquier persona que haya o no haya estado o vivido en México. Y también se activan prejuicios y estereotipos indudablemente.
México mágico.
En la primera parte, la historia se centra en la infancia del narrador y su extravagante compañero mexicano: Mantra. Sus padres producen teleseries y viajan constantemente, rodeados de un aurea desquiciante.
Mantra tiene la peregrina idea de producir una telenovela en tiempo real.
En la segunda parte, el narrador sigue contando la historia a través de una especie de relato-diccionario con muchas entradas ordenadas alfabéticamente donde se recrean, comentan y relatan episodios y aspectos propios de la cultura e historia de México y de su capital que los mexicanos suelen llamar México también.
Es una narración delirante, con muchas conexiones o vínculos de todo tipo, referencias, alcances, listas, repeticiones, sueños, intertextualidad y mucho más.
El narrador utiliza la segunda persona, dirigiéndose en todo momento a María-Marie, una prima de Mantra, de quien el narrador está enamorado.
Por último, era que no, un segmento final parodiando a la novela más relevante escrita en español el siglo pasado: Pedro Páramo. Obra maestra de la literatura universal, escrita por un mexicano, ni más ni menos.
En la palabra cultura todo cabe y parece que Fresán tiene ese propósito. Hablar de cultura es finalmente hablar de la vida y de la muerte, de la creación y de la destrucción.
No he tenido la suerte de viajar a México, pero agradezco a Fresán proveerme de esta otra forma de viajar y de aproximarme a un lugar tan significativo y alucinante como México, Cuidad de México, aunque sea su propio D.F
DNF @30% I actually realized very late there was a huge alphabetical part in this book. The plot was eye-catching, but it never developed fully, with very little interactions between characters, and a confusing timeline. It was... strange? It definitely wasn't for me, but had charm.
Después de leer la palabra méxico tantas veces que casi pierde su significado, quedo con la sensación de haber leído un libro monstruoso, no digo esto peyorativamente sino en el sentido de una obra tremendamente mexicaniforme (Diría Martin Mantra), una novela que te sumerge en una realidad aparte, en un mexico retratado desde un tumor cerebral. Casi no queda rincón sin explorar de la magia de este país-universo del que brotan telenovelas, luchadores enmascarados y volcanes con nombres aztecas. Me quedo con las ganas de leer más de este escritor amigo de Calamaro.
Así como las telenovelas mexicanas tienen siempre sus clásicos clichés (chica pobre y bonita se enamora de guapo millonario, pero tiene que luchar contra su malvada madre, termina en la cárcel o el manicomio, se vuelve loca etc., los malos reciben su merecido, al final la pareja se casa y vive feliz, etc.), los libros de Fresán también repiten los mismos elementos: el mismo pueblo (que ahora aparece traducido como Chanson Tristes o Rancheras Nostálgicas), Mickey Mouse, la odisea espacial de Kubrick, Bradbury, las sombras, televisores, hoteles, máscaras (aunque esta vez no aparecen las tortugas ninjas), las relaciones/paralelismos entre lo que pasa en lo más alto y en el inframundo, en el cielo y el infierno, volar y hundirse, fantasmas, cadáveres, autos que chocan, aviones que caen y mucho de lo que ocurre en el/al Extranjero (que es francés y existencialista).
A pesar de lo reiterativo uno sigue viendo estas telenovelas porque espera algo interesante. Sé que a pesar de las larguísimas listas de llaves, luchadores o apodos de la muerte encontraré un buen juego de palabras o una frase estimulante. Por eso no importan oraciones como "gritaba gritos gritones" (p. 179), "A mano, manito, me falta una mano" (p. 196), "tal vez haya un cuento en lo que le cuento. Entonces ella me cuenta un cuento" (p. 429) u otras porque todo es parte del juego de escribir por fluir sin tomarse, aparentemente, tan en serio. Como Facsímil de Zambra, del que me pareció encontrar un antecedente (p. 463)
El libro empieza amenazante, con una pistola en la mano, y te lleva a través de todo el alfabeto en un diccionario que contiene retruécanos y ambigüedades. Si una novela clásica es como una serie normal de televisión, esta es como hacer un eterno zapping en que los diálogos coinciden, en que los personajes van contando una historia, sin mayor separación en párrafos o nombres de protagonistas, en que van saltando junto a sus situaciones de libro en libro, como una mujer de piscina en piscina que va cayendo siempre, como nosotros, rendidos.
Pensé incluir en esta reseña un adverbio terminado en "mente" seguido de un adjetivo terminado en "forme", pero creo no ser tan predecible. Si lo fuera, no habría salido caminando tranquilo la única vez que estuve en Tepito.
Sigo enganchado a Rodrigo Fresán, el próximo será "Los Jardines de Kensington"
Me gusta que escritores como Fresán, Aira o Bolaño, establecen acuerdos muy particulares con el lector. No es para todos por supuesto, y eso no lo digo con un tufillo elitista, y eso son los mejores tipos de escritores.
También me gusta de Fresán que se siente que es una persona que ama escribir, que lo haría así no le pagaran. Que entiende (Como Borges, por ejemplo) la literatura como un oficio sagrado e impersonal.
Un amigo me presto este libro y lo he leído en mis tiempos libres. La historia es interesante sin duda alguna.
El libro ya se encuentra descontinuado así que les voy a contar un poco lo que me he quedado del libro
Un niño Mexicano tiene un tumor cerebral lo que explica su comportamiento (?)
Dicho niño tiene que cambiar de escuela e irse a estudiar a argentina 🇦🇷 donde es clasificado y discriminado ya que es feo, chaparro y no tiene características para jugar futbol soccer
Este mismo niño hará que se le respete en la escuela pese a lo ha dicho
El libro es una sátira tanto de México 🇲🇽 como de Argentina 🇦🇷 aunque por momentos no lo es
Porqué la baja calificación? Porque si vas a escribir un libro donde mencionas a culturas prehispánicas mínimo deberían investigar bien cómo se llaman
Los aztecas no existieron y punto. Si alguien dice o escribe aztecas sé que esta persona no tiene suficiente cultura . Los que existieron y fueron un imperio han sido los Mexicas .
Me cuesta mucho trabajo (e incluso me parece osado) escribir una opinión que abarque con justicia los alcances de este libro. Comenzar por lo anterior, supongo, ya dice algo de las proporciones con que podría medirlo. Pero algo me dice que lo más prudente es decir que tuve la fortuna de leer Mantra fuera de México. Quizás por ello sentí la historia directamente en las entrañas. En pocas palabras, fue un placer reconocer a mi país a través de la mirada de Fresán (humor irreverente + erudición literaria y pop), en esta pieza de narrativa ensayística, o ensayo narrativo, que bien podría convertir al D.F., con sus dramas familiares, sus sinsentidos urbanos y sus héroes cotidianos en el escenario, perfecto de un capítulo perdido de La dimensión desconocida (o una desenfadada buena filmografía de mala ciencia ficción mexicana). Pese a que en ocasiones me llegó a cansar —porque mi conocimiento del universo referencial de R.F. no da el ancho, no del todo—, al final no pude sino disfrutarlo de principio a fin, aplaudir sus hipérboles, elogiar su sencillez y sentir un deseo palpitante de estar en México, llevar ‘Mantra’ como un manual de supervivencia (o guía turística que no servirá de mucho, pero seguro ayudará en todo) y vivir en el eterno y cíclico «Día de muertos» de un país que se repite a sí mismo una y otra (y otra) vez.
Si vous aimez les ""vies existentialistes d'un lutteur masqué mexicain"" ou les noms à rallonge(Jésus Nazaréen de Tous les Saints Martyrs de Tierra Fernandez Black Hole Main Morte)
Intensa, compleja, divertida, exasperante en algunos momentos; con muchas referencias literarias y musicales (¿todas ciertas?) y mucho del impronunciable lenguaje MeXicano. Me gustó mucho
Desde la aparición del Google Earth, herramienta satelital que nos deja la observación desde las alturas de las ciudades más importantes del orbe, permitiéndonos localizar calles, boliches, garitos, terrazas (y con alguna suerte, una vecina bronceándose) y sitios estratégicos de nuestro discurrir por una y otra ciudad, nos parece haber avanzado un paso más al control que tenemos sobre el espacio en el que vivimos.
Lamentablemente, o con mucha más razón, felizmente las ciudades no son meras fotografías aéreas ni se reconocen como tales sólo por tan coqueto artificio, sino que Google Earth es incapaz de penetrar en el tiempo de esas ciudades y por ende las andanzas que llevan a cabo los habitantes de las mismas, o sea es ajeno a los impenetrables personajes y tradiciones que hacen de una ciudad una ciudad.
El escritor argentino Rodrigo Fresán, amante incondicional de la cultura pop(ular) ya sea del Londres de los Beatles y de Antonioni (en su novela “Kensignton Gardens”), o del México D.F. de los enmascarados y de los mariachis, nos presenta en su novela “Mantra” una suerte de experiencia Google Earth del D.F. pero no inerte, sino dotada de un remolino de vida, tradiciones, olores, sabores, anécdotas, asesinatos, personajes locales, personajes extranjeros y un enorme e inconmensurable etcétera.
“Mantra” es una novela de muchas cosas, entre ellas de tumores cerebrales bautizados y personalizados o de terremotos apocalípticos, pero no me interesa hablar de eso, sino de un descubrimiento no menos que fascinante que me otorgó la novela: El Pancracio.
¿Qué es El Pancracio? Es sin duda una de las tradiciones más conocidas y arraigadas del pueblo mexicano, la lucha libre, la cual hasta la lectura de “Mantra” nunca supe que también ostentaba un apelativo tan peculiar como carismático: El Pancracio.
El incipiente interés que yo guardaba por la lucha libre mexicana se magnificó exponencialmente al conocer nombre tan célebre y galán el cual me provocó desternillarme de risa e interesarme con profusa fruición sobre esta acepción y el quehacer en torno a ella. La suerte acaecida es que Fresán no se conforma en aludir a ese sustantivo sino que lo desarrolla de manera extraordinaria durante el libro, ya que “Mantra” es como un diccionario de cultura popular mexicana donde se entremezclan asuntos y tradiciones tan variopintas como el pancracio y sus emblemáticos luchadores enmascarados; las telenovelas mexicanas que son en palabras del autor “serpientes emplumadas que se convierten en culebrones plumíferos” y que se nutren de la vida real para exagerarla deviniendo en vida real de la que otra vez se nutrirá la serpiente; los mariachis, tan machos y viriles ellos que entonan canciones “de victorias derrotadas o de derrotas victoriosas” y que para evitar la fuga rockanrrolesca de uno de sus vástagos el magnate televisivo Max Mantra manda a componer para su hijo Carlos Carlos “una ranchera perfecta, irresistible, en perfecta sintonía con el inconsciente colectivo de la nación” de lo que nace la memorable “Te ordeno que me perdones” que reza “Te ordeno que me perdones/ Por lo que te hice y lo que te haré/ Más vale que me perdones, si no tomaré sanciones/ Y mis pistolas vaciaré” que huelga decir que fue un éxito instantáneo; también se encuentran en “Mantra” una pléyade de respetadísimos (y no tanto) personajes culturales, políticos o mediáticos de todo el mundo como ser Boris Karloff, Speedy González, Andre Breton, Sam Peckinpah, Bob Dylan, León Trotsky, Rod Serling, William Burroughs y el mismísimo maestro Buñuel entre tantos otros que deambulan por México incautos ellos padeciendo maldiciones ancestrales como ser la infame Venganza de Moctezuma que “es la revancha de un emperador que fue un anfitrión demasiado bueno y que pagó por ello y desde entonces la hospitalidad mexicana sigue siendo vigorosa y desinteresada porque los dueños de casa saben que Moctezuma y su Venganza se encargarán de ajustar cuentas con los indeseables”; y así tantas pero tantas cosas que no se pueden resumir, por lo que vamos a optar sólo tratar ese fascinante arte “marcial” de piruetas y cabriolas corporales conocido como El Pancracio.
El hilo conductor o guía que nos va desvelando las maravillosas aristas de El Pancracio como tradición popular, es el titánico personaje bautizado en el registro civil por sus píos padres como Jesús Nazareno y de Todos los Santos Mártires en la Tierra Fernández, quien luego devendrá en el luchador enmascarado Black Hole, y es él quien, en su convalecencia en la clínica tras un trágico accidente, iniciará al protagonista de la segunda parte de la novela Estrellito, el niño espacial, como a los lectores, en el esoterismo y rituales del Pancracio.
Black Hole, personaje de gran sensibilidad hacía la vida y gran parte de sus facetas, pertenece dentro de la categoría y estilo de los luchadores a los técnicos que son “los buenos, los artistas, los que pelean limpio” y que luego por no menos que amargas vicisitudes tuvo que mudar a los rudos que son “los malos, los deshonestos, los que pelean sucio y llevan el pelo largo”. Nunca ajeno, él, a las grandes cavilaciones y a los temas intrínsecamente humanos se alineó a la filosofía existencialista, heredada de su mentor El Francés (Scaramouche El Magnífico era su nombre de guerra) quien a su muerte le pidió como última voluntad que filmara “una película de luchadores enmascarados, pero del tipo existencialista con estética nouvelle vague”.
Así que de la mano de Black Hole vamos recorriendo un vademécum del Pancracio en el cual aprendemos los nombres de las llaves y contrallaves más reputadas como ser La Tapatía, La Desinfectante, La Hurracarrana o La Existencialista, así como también los nombres de vastos luchadores como ser El Cónsul Britanico (obviamente perteneciente a los rudos), Fiebre Aftosa, Lujo Asiatico, El Brazo, El Otro Brazo, Prótesis, Mucho Macho, Mucho Más Macho, El Más Macho de los Tres y sin olvidar a los míticos Santo, Huracán Ramírez, Blue Demon o Mil Máscaras. Cuenta a su vez Black Hole el ritual bautismal del pancracio allí en la sima piramidal de Teotihucán donde se recita con ínclita solemnidad el código de honor de los luchadores del Pancracio como dice Black Hole “aquí . . . donde es más fácil hablar con Dios que pelear con nuestros semejantes” y donde reza “dignificaré la Lucha Libre y la adoraré como un Arte, como una Ciencia, como una Madre, como una Diosa” tanto creía Jesús Nazareno en esto que se portaba inclemente y porfiado al aseverar que es falso calificar al Pancracio como tongo, circo, maroma, pantomima o teatro, él como pocos defendió, con la enjundia que lo caracterizaba, su arte a ultranza.
Ya retirado Black Hole contaba sus gestas en una cafetería llamada “El Cuadrilatero” donde se apagaban los ígneos incendios gastrointestinales a partir de “Chaparritas”, una bebida de un radioactivo color anaranjado, que acudía cual bombero a apagar el fuego “recién cuando ya no queda árbol en pie que apagar”, ya que como todo buen mexicano y luchador, el picante y las tortas el Gladiador (especialidad de la casa) eran sus otras locas pasiones.
Lamentablemente Black Hole nunca pudo hacer honrar la voluntad última de El Francés, ya que en su incursión a tierras francas para la filmación de la película a ser titulada “La vida existencialista de un luchador enmascarado mexicano”, acaeció una insospechada calamidad que privó a nuestro héroe de su mano izquierda al ser pisoteada por un colosal proboscidio en la filmación de una peculiar escena de la cual carecemos de contexto lógico y cinematográfico. Según Black Hole la película no iba a ser “la típica payasada de cine-pancracio y sólo podrá filmarse en Francia, centro existencialista del universo”. Black Hole denostaba la frivolidad con que tomaban su arte cinematográfico otros luchadores como el Santo y Blue Demon que combatían contra “monstruos que daban más lástima que miedo” como ser las Mómias de Guanajuato o las Mujeres Vampiro, clásicos del cine-pancracio.
Black Hole al padecer el oprobio de convertirse en un rudo llamado Mano Muerta (tras su accidente fílmico) y no poder ejercer su vocación existencialista representando tal papel dejó la Lucha Libre para vivir en el recuerdo de sus fanáticos más acérrimos como aquel que defendió El Pancracio como se debe, enarbolando la bandera de los buenos, de los enmascarados ya que se dice que “el clásico máscara contra cabellera no es otra cosa que la puesta en escena, una vez más, del Bien contra el Mal”, en esta maniquea disyuntiva, nuestro héroe, fiel a sus valores y su existencial filosofía, no rengueó en denuedo para hacer de su arte, parafraseándolo, algo que se aprecie, algo para encariñarse y darle por eso su valor necesario. Murió Black Hole víctima de asesinato a manos de un enajenado y como se recordó en su necrológica “no sólo fue un verdadero gladiador contemporáneo sino, además, un auténtico patriota” y acotaría, para mi, un guía y un gurú de todo eso que significa y entraña ese arte popular llamado El Pancracio.
Así es como Rodrigo Fresán nos da tiempo, vida y mitología a nuestro Google Earth mexicano donde sin haber pisado tan frenética, caótica y maravillosa urbe, ahora podemos buscar con un peculiar conocimiento de causa y ubicación cafeterías como “El Cuadrilatero” o antros del Pancracio como la “Arena Asesina” de Tepito, “el centro del universo del souvenir horripilante”. Pero creo que dos cosas se nos quedan en incógnita, tanto para Fresán como para nosotros, y es la verdadera etimología del broncíneo apelativo Pancracio (si se debe a una culta elocución griega, a un santo patrón de la Lucha Libre, a una calle donde se practicaba o a algún dadivoso patrocinador del deporte en sus inicios) y que fue de, si es que existió, la única telenovela que hubo sobre el Pancracio, “La fuerza de la pasión”. Yacen las incógnitas, por suerte ahora nos quedan las pesquisas.
Desde que supe que Fresán fue amigo de Roberto Bolaño, y después de leer a A. G. Porta (que también fue amigo de Bolaño), supe que tenía que leer a Fresán. Porque por lo visto Bolaño, en cuanto a amigos escritores, era de un gusto exquisito. Ahora recuerdo que su mejor amigo fue Mario Santiago, poeta loco y genial, otro escritor. De modo que en una de mis frecuentes visitas a una de mis librerías favoritas en la Ciudad de México me encontré, casi por accidente, este ejemplar de Mantra, de Rodrigo Fresán. Mi primera impresión me la generó la portada, un poco siniestra: un niño enmascarado extendiendo una mano hacia el frente, hacia una lente o el ojo que mira o hacia uno que ve la imagen. Es un poco inquietante. Luego, según mi costumbre, leí la contraportada, para darme alguna idea de qué trataba la novela, más perplejidad, la reseña arranca con una pregunta a la que alguien difícilmente podría dar una respuesta: “¿Qué tienen en común un nostálgico tumor cerebral, un espectro obsesionado por los luchadores enmascarados observando su vida y su muerte por televisión desde un inframundo azteca, y un hipotético androide en busca del creador perdido por un mundo en ruinas?”, una de las respuestas, por supuesto, es la Ciudad de México. Pero esa no es toda la respuesta. Luego me aventé, como hago cuando se puede, a leer las primeras páginas de esta extraña novela. Aire enrarecido, un poco broma, un poco terror, ciencia ficción, diccionario, reflexiones acerca de la infancia, la memoria, la literatura, los libros, las películas, luchadores enmascarados, volcanes, temblores. Por supuesto que no vi todo eso al principio, al principio sólo me fascinó su lenguaje y su irreverencia, la compré de inmediato y la inicié, como un regalo propio, el día de mi cumpleaños, luego fui encontrando todo lo demás. La he venido trayendo a todas partes, está bastante maltratada, no por gusto sino por necesidad, y me he reído y me he quedado pensativo varias veces. Esta obra ha sido una de las mejores novelas que he leído en los últimos años. Me gustó tanto que hace poco he comprado otra novela del autor (La parte inventada), así como compré otras de Bolaño en su momento (de hecho tengo todas ahora) o como busqué alguna más de A. G. Porta luego de Singapur, en fin. Creo que es algo que nos pasa con los autores que descubrimos y que nos van gustando, los buscamos y queremos que satisfagan nuestra curiosidad y repliquen el placer que nos generan al haberlos leído alguna vez. Lo mejor que puedo hacer sobre esta obra es recomendar su lectura más que ponerme a hablar de su estructura, su lenguaje o sus temas, ya que trata muchos, aunque principalmente la muerte.
Comparto algunos comentarios que encontré en Internet de otros que la han leído, principalmente escritores, profesionales o aficionados:
“…porque los que conocen la ciudad saben o deberían saber que el DF no cabe en una novela, aunque ésta tenga más de 500 páginas. No hay otra alternativa que seleccionar y omitir”. “No sé cómo apreciará Mantra alguien que nunca haya estado en el DF o alguien que nunca haya salido del DF; yo estoy contento de haber vivido y salido de esa ciudad para poder disfrutar de esta novela, o de haber disfrutado de esta novela para recordar que alguna vez viví en México”. Martín Cristal. El pez volador. Diario de lectura y otros textos literarios.
“Es curioso que dos de las mejores novelas sobre México de los últimos años hayan sido escritas por un chileno (Roberto Bolaño, Los detectives salvajes) y ahora por un argentino. Es aún más curioso que ambas sean, si no novelas de iniciación propiamente dichas, sí manifiestos de dos generaciones contiguas, la del sesenta y ocho y la de los noventa. Y aún más asombroso que las dos hagan un corte transversal de la cultura mexicana; la primera a través de la crónica casi fidedigna de sus fiestas, y Mantra sobre todo en la segunda parte de la novela, que está construida como un gran diccionario que nos recuerda al mejor David Guterson”. “Pero Mantra no es sólo un conjunto de ocurrencias -la novela diccionario lo permite, y el ingenio de Fresán lo posibilita con creces en algunas entradas francamente geniales- sino un fresco melodramático de indiscutible y perturbador vigor literario. Y voy a lo último, ¿por qué Mantra, particularmente en su primera parte, perturba tanto?” Pedro Ángel Palou. Letras Libres.
Respecto a ese último comentario y esa palabra “perturbador” recuerdo algo que escribió Bukowski en uno de sus poemas en “La noche desquiciada de pasos”:
“…la buena literatura es casi siempre perturbadora.” Charles Bukowski. El progreso. La noche desquiciada de pasos. Pág. 213.
Otros comentarios: “Mantra es un libro sobre una ciudad, llamada Tenochtitlán, o México D. F., pero que podría ser cualquier otra. Cualquier ciudad que, como México, estuviera fragmentada, narrada por fragmentos regidos por el Cut-Up, cuya temporalidad es la del Ti-Mex, esa variación mexicana del tiempo en el que la cronología no va nunca desde un sitio al otro sino que tiene un desplazamiento circular, ilógico, atemporal. Es un libro fantasmagóricamente mexicaniforme, que te muestra fragmentos inconexos. Al igual que pasa con el clásico mexicano Pedro Páramo, de Rulfo, al leer este libro resulta difícil, casi imposible, establecer una cronología. Depende del lector hacerlo, o no. Ordenar los fragmentos como le parezca para entenderlo como pueda ser entendido.” Ivan Barbagallo. Blogger.
“Fresán ha escrito una novela deslumbrante sobre México DF, tanto como la propia ciudad. Cuando recibió el encargo, Fresán había perdido el original completo, devorado por un virus de ordenador, de una novela, “Kensington Gardens”, situada en la Inglaterra victoriana. Y se fue al extremo opuesto, México. 'Acepté el encargo porque sabía que podría combinar mis propias obsesiones con los rasgos tan marcados de México. Quise que la novela tuviera los mismos efectos que produce México, una ciudad llena de energía en la que el pasado está en el presente y el presente en el futuro'.” Rosa Mora. El País.
Dicen que para muestra basta un botón. Y como toda esta novela me ha parecido genial (de hecho tengo anotadas un montón de páginas que tengo que transcribir para mi colección personal) dejo sólo un fragmento, a modo de ejemplo de algo de lo que se puede encontrar adentro:
“En mi familia, en México, los cumpleaños no son tan importantes si se los compara con los bautismos, las primeras comuniones, las bodas, los funerales… Todo lo que tiene que pasar pasa a través de cuatro momentos biográficos. Nacer, comerse a Dios, reproducirse (porque abundan las bodas de vírgenes embarazadas) y morir. Y juntarse alrededor de los cuerpos para tirarles agua, arroz o tierra. En cambio los cumpleaños no están tan bien vistos porque no se prestan a la manipulación social. Se cumplen años en cualquier parte. Hasta los pobres cumplen años.” Rodrigo Fresán. Mantra. Pág. 61.
Pienso que para los extranjeros México es un país surreal y kitch y todas esas mierdas del realismo mágico (acaso todo país latinoamericano tenga un estigma igual); lo malo del caso es que para los méxicanos, México es una herida abierta, un rencor vivo y también es el anhelo constante de la aprovación del Extranjero: mírennos, somos surreales, sí, somos realistas mágicos, realvisceralistas, sí, nos divertimos con la muerte, vivimos como en una telenovela, cantamos y nos emborrachamos en cualquier ocasión, sí, mírennos, no se vayan, quédense, quiérannos. Y la neta es triste porque somos la consecuencia del colonialismo y la colonialidad. Y la neta es triste porque no nos reimos de la muerte, como ustedes y muchos de nosotros creen/creemos, nos reimos de la muerte porque, como a toda la humanidad, nos da miedo.
Como historia, está chida. Pero ocupo pensarla un poco más. La sentí incluso disparatada a lo pendejo por momentos. La idea de acomodar la vida en orden alfabétiforme está diver pero algunas entradas pecan de inocencia. Me intriga mucho por qué le pagaron por escribir una novela sobre la cdmx... ¿a quién le habrán pagado por escribir una novela de Ouagadougou? ¿de qué países son las capitales que merecen ser protagonistas de una novela por encargo?
Leí hasta la página 205, D. F. (Utopía) — Hay varias descripciones y referencias ingeniosas en la novela pero la escritura salta de una digresión a la otra, haciéndola difícil seguir, en particular para alguien de primer idoma no español.
DNF (p. 205 of 475) — There are several clever moments and references in the novel but the writing jumps from one digression to another, making it difficult to follow, particularly for someone whose first language is not Spanish.
Un roman très ambitieux et riche, haut en couleur et en références culturelles, qui foisonne de bonnes idées, de petits détails, d’humour et de scènes magnifiques au ton très cinématographique. Mais malheureusement les prémisses de l’histoire sont trop larges, son horizon est trop infini, et malgré une structure en trois parties le tout manque de cohésion et est très souvent inégal.
Un libro sumamente creativo y siempre me encanta ver como los extranjeros ven a CDMX. Un argentino se muda a CDMX y se entrelaza con un "ninho savante" apellido Mantra, se enramora de una francesa, y se hace un luchador enmascarado.
Claro, es una novela de digressions y si necesitas un hilo narativo claro y que forma una linea, esta obra no es para ti.
4.5 estrellas Genial, sobre todo si te enfrentas seguido a Tenochtitlán a.k.a. México D.F. a.k.a. Ciudad de México a.k.a Distrito Federal a.k.a. D.F. a.k.a Mictlán. Una novela súper divertida, me costó un poco hilar algunas cosas y algunos capitulos están de más. Pero la pasé muy bien, una novela muy loca. 🤘🏼
Al estar viviendo fuera de Mexico casi 5 años, este libro me hace recordar ciertas cosas que todos lo mexicanos deben saber. Buena primera parte, la segunda algo cansada, y un buen cierre en la tercera.