En las viejas casas había siempre un Salón Chino, un Salón Pompeyano, un Salón de Baile, otro de Retratos, cada uno empapelado o pintado de un color, con unos muebles apropiados y decoración idónea... En estos palacios españoles, un tanto vetustos y destartalados, había también un salón que llamaban de Pasos Perdidos. La casa que no lo tenía no era una buena casa. Era el salón donde nadie se detenía, pero por donde se pasaba siempre que se quería ir a alguno de los otros. Al autor le gustaría que estos libros llevaran el título general de Salón de pasos perdidos. Libros en los que sería absurdo quedarse, pero sin los cuales no podríamos llegar a esos otros lugares donde nos espera el espejismo de que hemos encontrado algo. A ese espejismo lo llamamos novela, y a ese algo lo llamamos vida.
Andrés Trapiello, poeta y escritor español, nació en 1953 en Manzaneda de Torío, León.
Después de estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Valladolid, donde también trabajó en el diario Pueblo, se trasladó en 1975 a Madrid, ciudad en la que vive desde entonces. De 1975 a 1977 trabajó como redactor en una revista de arte y de 1977 a 1980, también como redactor, en programas de arte y de literatura de Televisión Española.
En 1980 fundó y dirigió con Juan Manuel Bonet las Entregas y Libros de La Ventura, donde ese mismo año apareció Junto al agua, su primer libro de poemas.
En 1982 empezó a dirigir, con Valentín Zapatero, su fundador, la editorial Trieste en la que apareció ese año su segundo libro de poemas, Las tradiciones, al que siguió, en 1985, también en la editorial Trieste, La vida fácil.
En 1988 publicó su primera novela, La tinta simpática, y en 1990 vio la luz El gato encerrado, primer tomo de los diecisiete, hasta la fecha, del Salón de pasos perdidos, conjunto de diarios que ha subtitulado “Una novela en marcha”, publicados todos ellos en la editorial Pre-Textos.
En 1989 empezó a dirigir en la editorial Comares de Granada, de Miguel Ángel del Arco y Mario Fernández Ayudarte, la colección La Veleta, donde han aparecido hasta la fecha más de cien libros, de poesía y de prosa.
En 1992 recibió el Premio Internacional de novela Plaza & Janés por su segunda novela, El buque fantasma, y en 1993 el Premio de la Crítica por su cuarto libro de poemas Acaso una verdad, al que han seguido hasta la fecha Rama desnuda y Un sueño en otro.
En 1993 Las armas y las letras. Literatura y guerra civil 1936-1939 recibió el Premio don Juan de Borbón y señaló el comienzo de sus artículos semanales en el Magazine de La Vanguardia, en la que colabora desde entonces. Ese libro fue revisado, significativamente ampliado y reeditado en 2010.
En 2003 su novela Los amigos del crimen perfecto obtuvo el Premio Nadal, y en 2005 Al morir don Quijote el Premio Fundación Juan Manuel Lara a la mejor novela de ese año editada en español, a la que siguió en 2009 Los confines, todas ellas en la editorial Destino.
Otros libros suyos son La noche de los Cuatro Caminos (2001), crónica de un episodio del maquis en Madrid, El arca de las palabras (2006) e Imprenta moderna. Imprenta y literatura (2006). Colaborador de La Vanguardia, El País, El Cultural o el Abc Cultural y diversas publicaciones literarias, es autor, junto a Alfonso Meléndez, y en calidad de tipógrafo, de un número apreciable de catálogos y diseños editoriales.
En 2003 le fue concedido por el conjunto de su obra el Premio de las Letras de la Comunidad de Madrid, y en 2010 el de las Letras de la Comunidad de Castilla y León.
En 2012 su novela Ayer no más fue elegida mejor novela del año por los lectores de el diario El País.
I finished this book today. I enjoyed it but don't know what to say about it. Nor do I really know why I don't rate it higher than three stars. I have relatively few of the eighteen or nineteen volumes of T.'s diary left to read.
Este es el año (1993) en que Trapiello escribió la biografía de Cervantes (a petición de un editor) y Las armas y las letras (ídem), este último con la condición de que era para un concurso de ensayo. “Hay quienes nacen teniendo mil novelas en la cabeza y quienes nacen con una sola, que van haciendo a medida que viven. Luego un día se dan cuenta de que han terminado de vivirla, se ponen a contarla y ya no les queda tiempo.” En este volumen, Trapiello cuenta cómo un editor le propuso escribir un ensayo sobre la Guerra Civil para aspirar a un premio. Trapiello se lo piensa porque sabe que no está bien hacer algo así, pero acaba aceptando. Es el germen de Las armas y las letras, uno de sus grandes libros, si no el mayor. Está enfrascado en la escritura de la biografía de Cervantes. Casi al final del volumen le llegan los ejemplares ya editados, y le parecen muy feos. Muere el padre de su mujer. Y Fellini. Traduce a Natalia Ginzburg. Viaja por Italia y el País Vasco, la casa de Baroja. En Italia cuenta que se ha encontrado fortuitamente con Fellini saliendo de un café, pero es probable que el autor se lo invente. Los diarios de Trapiello es fama que despiertan el morbo de ciertos lectores, que corren a buscar sus escarceos con otros escritores. En este les ajusta cuentas a Susan Sontag y Juan Goytisolo por sus viajes a Sarajevo en plena guerra de los Balcanes. Llama a Sontag vanidosa. En otro momento del libro arremete contra Juan Benet y también caricaturiza a Javier Marías, Octavio Paz (más de una vez, le tiene muy poca estima) y a Paco Rico. Lecturas: los Thibault, la colección erótica de A. Martín de Lucenay; la emprende contra Piedra de sol de Octavio Paz, le dice "poema neoclásico", como de los tiempos de Moratín, sonoridad hueca y pomposa, le dice. Trapiello sólo profesa admiración total por una persona: el pintor Ramón Gaya. Luego reparte frasquitos de admiración por JRJ, Baroja, Galdós y Cervantes. El resto para él es detestable. Critica varias veces a la llamada poesía "hermética". No se entiende bien esta inquina contra un fenómeno que ya de por sí es de difícil explicación. ¿Qué es realmente lo hermético? Un poema que comience diciendo "Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo", ¿tiene por fuerza que ser peor que aquel suyo que dice: "¡Aquellos trenes de entonces / entre León y Palencia! / ¡Dorados atardeceres!"? Reconforta ver cómo va el autor puliendo el estilo en los diarios. Deja atrás cierta profusión de referencias al paisaje, aunque ahora a veces, como recurso estilístico, abusa de la frase tipo "uno piensa, uno cree, uno no está seguro...", etc. También de las menciones al alma, como en la página 485. Hay quienes tiene poco aprecio por la novelística de Trapiello. Deberían fijar la mirada más en estos diarios: su novela total, en marcha, su opus magnum. Su narración de los momentos de soledad, los felices, los melancólicos, algunos con humor, otros con gravedad, están hechos para quedar en la memoria. Voy cronológico. Me he propuesto leerme tres de sus diarios por año. Hasta ponerme al día.