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La Cruda Y Tierna Verdad Memorias No Autorizadas 1 de Vilallonga. Plaza & Janés Editores, S.A. , 2000.

414 pages, Hardcover

Published January 1, 2002

12 people want to read

About the author

José Luis de Vilallonga

75 books8 followers
José Luis de Vilallonga y Cabeza de Vaca, 9th Marquess of Castellbell was an author, aristocrat and actor who co-starred with Audrey Hepburn in Breakfast at Tiffany's.

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Profile Image for Jose Antonio.
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April 14, 2024
Autocomplaciente colección de anécdotas levemente hilvanadas con las que su autor pretende demostrar lo elegante, mundano y vividor que fue. Comienza el libro con el rodaje de “Les amants” de Louis Malle y relata la participación de Don José en el film y su relación con Jeanne Moreau. Luego va empalmando anécdotas sin mucho orden (conforme lo encuentra en su cuaderno manuscrito) acerca de Orson Welles y Luis Buñuel, que no llegan a interesarme demasiado (intuyo lo apócrifo e incomprobable de las mismas). Otro hilo conductor no demasiado cronológico (apenas da fechas) son las entrevistas que realiza para determinadas revistas de la época. De especial interés parece lo que cuenta sobre Valentín González “El campesino”. Este personaje le inspiró la novela “El hombre de sangre”. La pena es que se lee sin demasiada credulidad. Me parece interesante comparar lo que cuenta en estas memorias y la citada novela: la tengo pendiente de leer en breve.
El relato del rodaje "I tre volti” de Mauro Bolognini resulta divertido: presenta a la princesa Soraya de Persia como la peor actriz posible, tímida, inexpresiva y enfrentada al alcohólico y soberbio (según Vilallonga) Richard Harris.
Se alarga bastante con anécdotas sobre Fellini (sobre el que escribió un libro) y el rodaje de "Giulietta degli spiriti”. No sabe uno si creerse la historieta que cuenta de la visita junto a Fellini a una matrona cuarentona para que le enseñe el culo. Anécdota que remata con la frase: “Luigino, per me, una giornata sena vedere que culo e una giornata senza sole”. No lo traduce, creo que no hace falta.
Más adelante califica a Hemingway de pobre hombre, tras otra anecdotilla.
Dedica muchas páginas a Georges de Cuevas, personaje para mí desconocido (investigando descubrí que murió en 1961), empresario y coreógrafo chileno casado con una Rockefeller. La historia del duelo de Cuevas con Serge Lifar es chusca y divertida (le sirve para introducir a Jean Marie Le Pen, diputado entonces y uno de los padrinos del duelista Cuevas).
La aventura con la travesti Eva en casa de su editor alemán también es bastante chusca y condescendiente. Recuerda la misma historia que cuenta la letra de Stereosexual de Mecano.
El episodio hollywoodiense comienza con su llegada a Los Ángeles tras una llamada directa de Audrey Hepburn. La descripción de las estrellas es llamativa: Lana Turner es vulgar, Fred Astaire es la quintaesencia de la elegancia…Kim Novak es una vaca gorda y polaca y Einstein es un poco cerdo: «Einstein llevaba un pantalón de franela gris con grandes manchas verdosas alrededor de la bragueta…» La anécdota del beso con magreo a Kim Novak por el que cobró ocho mil dólares es bastante repelente: «Con estudiada lentitud puse mi boca sobre la suya. Sus labios estaban fríos y sus dientes tan herméticamente cerrados como la frontera de una antigua república popular. La aplasté con todo mi peso sobre la cama tratando al mismo tiempo de apresar con mi mano uno de sus senos. Era blanco y suave como un huevo escalfado. Miss Novak me rechazó indignada…» Tras este rechazo dice delicada y poéticamente lo siguiente: «…Ocho mil dólares por haberme roto los dientes contra los de aquella vaca gorda y polaca.» Todo un caballero.
El autorretrato que pone en labios de Grace Kelly revela que nuestro autor no tiene problemas de autoestima: «…eres un hombre muy atrac.. interesante que ha escrito unos cuantos libros que me han gustado y que ha participado también en un par de películas que valían la pena. Un hombre que se ha enamorado y desenamorado de muchas mujeres, algunas de ellas poco recomendables. En mi país diríamos que, para una mujer, no eres un hombre de fiar. ¿Cómo decís los españoles? Algo que tiene que ver con una bala que se pierde. —Un bala perdida…».
Con algunos personajes no tiene demasiada piedad, como es el caso de la hija de Onassis, Christina: «Cristina prometía ya ser la chica gorda, fea y peluda en la que se convirtió más tarde.» Sin embargo el padre de la peluda le cae muy bien. Onassis era de una prodigiosa fealdad, aunque Marie Hélène de Rothschild afirmara seriamente que era bello como Creso. Poseía la rápida inteligencia del zorro decidido a comerse las uvas aunque todavía estuvieran verdes. No se preocupaba gran cosa por su aspecto físico y se vestía con un mal gusto que a mí me pareció desde un principio muy estudiado. Tenía una marcada preferencia por los zapatos de un amarillo chillón. Su negligencia en el vestir y ese mal gusto del que parecía ufanarse fueron la pesadilla de su última mujer, Jackie, la que fue viuda de Kennedy, que no soportaba su «terrible vulgarity». A mí Onassis me cayó bien desde el día que le conocí. Tardé poco en conseguir que nos apreciáramos mutuamente.» Es posible que se sintiera identificado con su modo de vida.
El retrato de la que Vilallonga considera la mujer de su vida, también retrata al retratista: «Syliane, a pesar de ser una buena gastrónoma, no entendía nada de vinos, lo que descartaba de entrada uno de mis temas favoritos de conversación… No valía la pena hablarle de libros porque no había leído prácticamente ninguno. En cuanto a la música, sólo le interesaba aquella que se pudiera bailar, con una notoria preferencia por el jazz americano, lo que descartaba también cualquier reflexión acerca de mis clásicos preferidos. De la ópera —una de mis pasiones— me dijo no comprender que Mimí fuera siempre una señora gorda de la que ningún hombre normal se enamoraría nunca…Pese a su evidente superficialidad, Syliane no era alguien que dejara indiferente. Poseía alguna de las cualidades que siempre he buscado en las mujeres con las que me he relacionado. Era afable y bondadosa, además de guapa y elegante.»
Es curiosa la filosofía sobre el dinero de este bon vivant que nunca ha tenido que trabajar: «No teniendo la mentalidad de un cobrador del gas, nunca me he parado a pensar de dónde saldría el dinero para honrar mis compromisos. Al final, el dinero siempre salía de un lado u otro, y eso era lo único que me importaba.»
La filosofía política del marqués es bastante cómoda: «desde mi llegada a París en el año 51, me había negado a asistir a las tertulias de cualquier tipo de exiliados españoles. No me había marchado de España por razones meramente políticas, sino para no ahogarme en la mediocridad de los vencedores. Pero los vencidos tampoco me inspiraban el respeto necesario como para considerarme uno de ellos. No quería perder el tiempo discutiendo si Franco había hecho mal esto y Azaña lo otro.» Mira por encima del hombro a todo aquel que se cruza por su vida. La sensación de superioridad y la soberbia del marqués resulta irritante muchas veces.
Su antifranquismo es bastante peculiar: «Franco fue al principio de la contienda, el salvador de la patria, el general más joven de Europa, el gentilhombre del rey, el que iba a sentar de nuevo a su señor en el trono del que se había escapado. Luego (debo admitir que al cabo de muy poco tiempo) Franco pasó a ser para nosotros «ese que ya no se irá nunca», el que jamás cedería el poder, el que se moriría con las botas puestas. Es decir que en un período muy corto de tiempo pasamos de ser entusiastas del general a aborrecerlo apasionadamente. Pero siento decirle que nuestra resistencia al franquismo se limitó a ausentarnos ostensiblemente de la ciudad las pocas veces que Franco vino a Barcelona y a cerrar el palco del Liceo cuando el jefe del Estado asistía a la función.»
Otro retrato bastante cruel es el que hace de Calvo Serer: «…era un hombre alto y fondón, con un deje de mariconería en cada uno de sus gestos, algo bastante habitual entre algunos miembros del Opus Dei que todavía no tienen claro si la homosexualidad es una enfermedad, un estado mental equivocado o simplemente una disposición a preferir su propio sexo a cualquier otra oferta que los lleve a la orilla opuesta.»
El uso de material reciclado para rellenar el libro es de dudosa ética, aunque en algún caso cita dónde apareció por primera vez. Es el caso de las páginas dedicadas a la malograda Indira Gandhi de las que reconoce que «Algunos de los textos que siguen fueron publicados en mi libro «Encuentros y encontronazos» (Ediciones el País-Aguilar, 1994) y son parte de mis conversaciones con Indira Gandhi, primera ministra de la India». De las entrevistas a personajes interesantes recicladas destacan las dedicadas al doctor Puigvert y las páginas dedicadas a García Trevijano (al que desprecia) y a Carrillo (al que admira).
En resumen, es un libro ameno que se lee con fluidez si a uno no le molestan los defectillos del autor (complejo de superioridad, ego superhinchado) y le interesan los cotilleos sobre personajes históricos de la segunda mitad del siglo (entre los años cincuenta y la muerte de Franco). El problema es que no nos podemos creer ni la mitad de lo que cuenta. Es muy poco probable que las cosas fueran como el marqués las cuenta. La parte positiva es que está bien escrito y tiene un estilo ameno y lleno de ironía y gracia.
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