Aquí estoy, volviendo a la historia antigua porque no me puede gustar más todo lo que tiene que ver con cosas viejas (broma). Y si empieza con las últimas etapas de la prehistoria pues mejor que mejor.
Llevo toda la semana pensando en la tremenda arbitrariedad de las periodizaciones históricas y de lo paulatinamente que se produce el tránsito de la prehistoria a la historia... y qué paz me da imaginarme la lentitud de todas esas metamorfosis frente a la velocidad con la que algunos nos han querido hacer creer que ocurrían. Bellísima la paranoia que me monto yo sola.
No voy a hacer una reseña de cerebro gordo porque hoy estoy cansadísima. Simplemente diré que: 1) los libros de Gonzalo Bravo me salvaron un par de asignaturas cuando estudiaba la carrera y siempre es un placer volver a sus trabajos; 2) ahora, años después de la primera vez que lo leí, detecto muy pesada la poca presencia del papel de la mujer en todos los procesos históricos mencionados (oh, qué sorpresa) y, aparte, me gustaría que tuviese un poquitín más de información respecto al registro arqueológico.
Pero en fin. Yo no podría hacerlo mejor.