Ida Vitale es una extraordinaria poeta uruguaya, cuya poesía, deslumbrante y ya clásica, merecía que la diésemos a conocer en España. Y tal vez no existe mejor carta de presentación que los poemas intensos y exactos de esta Reducción del infinito, su libro más reciente, al que acompaña una antología personal de su obra que refuerza su escritura unitaria. Para quienes aún no la conocen, los versos de Ida Vitale , ajenos a cualquier sentimentalismo o esteticismo retórico, están presididos por la inteligencia y la metáfora iluminadora, por la precisión y la esencialidad. Precisamente su conciencia del poder sugeridor de las palabras y su lucidez crítica la inscriben en la tradición de Mallarmé, de ciertos autores españoles como su admirado Juan Ramón Jiménez, o de la línea que arranca con Montale, poetas, como ella, transparentes y profundos, conceptuales y cautivantes. Reducción del infinito se organiza en cinco partes no arbitrarias, determinadas por motivos queridos a la autora y por el prodigioso alarde verbal de su poesía. Si la primera entreteje vida, ética y poesía, la segunda reúne ciertas admiraciones, a modo de fe «en este mundo que aún se imagina libre de la Bestia y el Límite». «Breve mesta», la tercera, ofrece variaciones sobre el sinsonte, pájaro de canto singular, posible símbolo. «Solo lunático, desolación legítima» rinde homenaje a Góngora, mientras que la última, «Fieles», recoge en orden cronológico inverso una personal antología de sus últimos libros. En todas ellas prevalece la intensidad diamantina de su estilo, que confiere a los poemas su peculiarísima personalidad.
Ida Vitale (Montevideo, 2 de noviembre de 1923) es una poeta, traductora, ensayista, profesora y crítica literaria uruguaya. Entre los premios que ha recibido destacan en 2015 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 2016 el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca y en 2018 el Premio Cervantes.
Considerada integrante de la Generación del 45 con otros escritores uruguayos como Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, Carlos Maggi o Idea Vilariño, es también madre del economista Claudio Rama Vitale, y cuarta generación de emigrantes italianos en Uruguay, donde se formó en una familia culta y cosmopolita. Lectora preferente de obras históricas, su descubrimiento de dos poetas uruguayas de entresiglos, Delmira Agustini y, en especial, un espíritu afín, María Eugenia Vaz Ferreira, la inclinó a la poesía lírica, aunque sus dos grandes referentes fueron José Bergamín, su profesor en Montevideo, y Juan Ramón Jiménez, a quien también conoció en persona.
Estudió Humanidades en Uruguay y ejerció la profesión docente. En 1950 se casó con el ensayista Ángel Rama y tuvo dos hijos, Amparo y el economista Claudio, nacidos en 1951 y 1954 respectivamente. Se separó de su primer marido y colaboró en el semanario Marcha; entre 1962 y 1964 dirigió la página literaria del diario uruguayo Época. Fue codirectora de la revista Clinamen e integró la dirección de la revista Maldoror.
Empujada por la dictadura, se exilió a México en 1974 y, tras conocer a Octavio Paz, este la introdujo en el comité asesor de la revista Vuelta. Además participó en la fundación del periódico Uno Más Uno y continuó dedicada a la enseñanza, impartiendo además un seminario en El Colegio de México. Amplió su obra cultivando el ensayo y la crítica literaria (que ejerció en El País, Marcha, Época, Jaque y, entre otras, en las revistas Clinamen, Asir, Maldoror, Crisis de Buenos Aires, Eco de Bogotá; Vuelta y Unomásuno, de México; El pez y la serpiente de Nicaragua...) Tradujo libros para el Fondo de Cultura Económica; impartió conferencias y lecturas, participó en jurados y colaboró en numerosos diarios.
Volvió a Uruguay en 1984, y dirigió la página cultural del semanario Jaque. Desde 1989 vive en Austin (Texas) junto a su segundo marido, el también poeta Enrique Fierro, aunque viaja muy frecuentemente a Montevideo. Fue nombrada doctora honoris causa por la Universidad de la República en 2010. Lee y traduce particularmente del francés y del italiano, y entre los autores de sus versiones se cuenta a Simone de Beauvoir, Benjamin Péret, Gaston Bachelard, Jacques Lafaye, Jean Lacouture y Luigi Pirandello.
Su poesía indaga en la alquimia del lenguaje y establece un encuentro entre una exacerbada percepción sensorial de raíz simbolista y la cristalización conceptual en su perfil más preciso.
Desde 1990 al presente es residente estadounidense.
Me gusta el ritmo, me gusta la sonoridad, me gusta la brevedad, me gustan las imágenes detenidas en el instante, me gusta la ausencia de pretensiones, me gusta la importancia del momento, del aquí, del ahora. Me gusta la belleza del lenguaje...