Hay en Líquida tuya y vertebrada una noción del amor radicalmente cierta y el amor es una trama de procesos fisiológicos, es la gestión de la mierda, el excremento, el pipí, fermento regurgitado, resto alimenticio y grasa acumulada o, en palabras de la autora, “sudor, caca, rabia, pis”. La sexualidad es entonces charca de heces, fango, la renuncia a los contornos de la propia identidad, un derrame de fluidos en perpetua confusió “seré idealmente defecada orinada salivada menstruada eyaculada parida vomitada por ti” o “alguna vez me he buscado / entre tus heces” escribe una Carla Nyman en estado de Diosa. Del prólogo de Begoña Méndez
“quién soy una sucesión de desenamoramientos enredados al cuerpo gástrico”
Un viaje sanguíneo, visceral, líquido, viscoso y febril a través de las relaciones humanas y el lenguaje. Las palabras son clave en estos poemas: muchas veces juegan entre ellas, se mezclan, se separan, y se vuelven a mezclar más unidas que antes. En todo el poemario persiste una sensación de rapidez, de estar atrapado, de estar estirado, de alargarse hasta ocupar otros espacios. Tiene sentido, pues al final simplemente somos “un montón de grasa y pis” que en algún momento fue todo para una persona, quien nos expulsó, no solo emocionalmente de su cuerpo, si no del propio cuerpo en sí como se expulsan sonidos, palabras, pis, orgasmos, etc.
(no pongo muchas reviews por aquí porque para eso tengo el instagram, que no hablo de otra cosa) me gusta ese toque desagradable de este poemario. entrañas, amor entre vísceras 👌🏽 nice
Para mi estos versos hacen que merezca absolutamente cualquier otra palabra escrita en este poemario, hasta los mismísimos créditos editoriales si hace falta: «funámbula me puse a tontear al límite de mi tejido adiposo arruinando mi consistencia biológica y»
lectura y relectura de estos días. siento que para deglutir este poemario hay que masticarlo varias veces y sé que volveré a él mucho más. carla se saca las vísceras aquí y yo pensaba en un primer momento que lo haría de forma mucho más emocional, pero habla del instinto del cuerpo de las tripas de los fluidos. la emoción va implícita en el cuerpo -como debería ser; como siempre lo es.
cuando leo poesía busco verme representada y siempre sé decir en concreto dónde estoy, donde me he encontrado. aquí no sé hacerlo. es en torno a todo lo que construye carla a lo largo del poemario, aunque individualmente no pueda destacar nada en específico.
Esta es una historia de amor, si el amor fuese una víscera. El poemario narra el proceso de enamoramiento y desenamoramiento de dos organismos, es decir, narra cómo esos organismos se juntan y se desjuntan, obsesión-posesión-febrilidad inclusive, y lo narra de una forma tan ácida, agria y salada como los líquidos que salen del cuerpo.
Un discurso poético que demuestra que el amor es, en esencia, un proceso fisiológico continuo. Se ven claras influencias del modo de hacer vallejiano, pero también he encontrado en sus líneas las palabras de la autora del prólogo, Begoña Méndez, y su obra «Autocienciaficción».
De esta obra me quedo con la idea de amor como proceso profundo que necesariamente tiene que macharse, que mezclarse verdaderamente con el otro hasta respirar por encima y por debajo de su piel y, especialmente, que intentar siempre decir y abismarse, bien en el gesto, bien en el lenguaje.
este poemario es tan tan tan profundo como el hueco por el que se cuela una lengua. ese hueco es un cuerpo y esa lengua es otro cuerpo y la palabra expulsada es, entonces, cuerpo.
“es imposible amor imaginar / una unión más ejemplar más fatal / yo te absorbo amor muy dentro de mí yo te escondo”
“pero fantaseo! yo contigo dentro hasta donde no llego yo, qué suerte la del fármaco y las cadenas alimenticias todas diseñadas para ocuparte en su lenta e implacable conquista de ti”