Un lector tan cualificado y exigente como Luis Alberto de Cuenca afirma en el prólogo de este libro que Manuel Moyano nos muestra aquí toda su valía como cuentista, «urdidor de tramas, generador de argumentos, mezclando una extrema y admirable originalidad con el estilismo más depurado». Teatro de ceniza lo ratifica como uno de los mejores narradores de su generación, esta vez en la implacable distancia corta del microrrelato. Este centenar de piezas es «una inmersión en el universo del asombro». Nada tan fácil y placentero como sumergirse en él.
He de reconocer que la prosa de Manuel Moyano es excepcional. No falta, no sobra ninguna palabra en estos microrrelatos que son casi como pequeñas obras de orfebrería (es este un símil un tanto manido, lo sé), todo encaja en ellos perfectamente. Sin embargo, su lectura en conjunto me ha dejado algo frío. Si bien algunos textos («El dilema de Dante», «Ocaso de un imperio», «Parábola de los dos ejércitos», «Origen del mito», por citar algunos) me han parecido muy buenos, otros, quizá la mayoría, se resuelven en la anécdota o en la obviedad. Es el microrrelato un género exigente, y componer un libro enteramente con pequeñas piezas literarias una empresa ardua y pocas veces completamente satisfactoria. Teatro de cenizas es un buen libro, con toques de excelencia, al que nada en concreto se le puede reprochar. No es, por otra parte, una obra redonda.