Como tratado de costumbres el libro tiene cierto valor histórico y cultural, al preservar los modos corteses de una sociedad que se trasladaba a caballo y comunicaba mediante cartas; fuera de ello, se trata de una obra totalmente obsoleta y sorprende que a la fecha siga siendo publicada con cierta regularidad. La mera introducción desacredita por completo la objetividad del manual, al someter a ficciones como la religión cristiana, la patria y la moral, las bases de la educación cívica y los buenos modales. Como en cualquier otro caso, la sobrerregulación vuelve su contenido, además de insostenible, ridículo, y así, estas convenciones sociales que fueron canon para nuestros abuelos y martirio para nuestros padres, a duras penas llegaron a nosotros, resultando en un punto de quiebre hacia la generación subsecuente, que nos ha conducido al extremo opuesto de una juventud sin respeto ni valores y una niñez semisalvaje. Para terminar, no puedo omitir que, de cuando en cuando, los lectores encontrarán puntadas divertidísimas.