The author of The Savage God turns the harsh spotlight on his own life, illuminating a life of bad habits, adventures, and fertile relationships with other literary greats, including Robert Lowell, Ezra Pound, and Sylvia Plath.
El libro es magnífico por varias razones. Hace un análisis de su vida desde el punto de vista económico que es interesante. Desde sus origenes como judíos en el Reino Unido de principios de siglo XX y las ansias de sobrevivir de aquellos inmigrantes, hasta los entresijos del mundo editorial y academico, Al Avarez destripa los cimientos de un sistema que privilegia el trabajo de los hombres. Me paro en el mundo editorial. Hay verdaderas estampas de algunos editores y lo dificil que es vivir de la escritura, de la traducción y de la edición. Ves la vida de un hombre que es libre y no tiene que cuidar y cómo se configuran sus decisiones laborales y deja mucha reflexión en clave feminista. ¿Podría haber hecho esa vida su mujer? Es un libro muy de señoros, hay partidas de poker, eventos literarios, grandes cenas, mucho alcohol, y grandes charlas con gente interesante", pero este señor escribe tan bien que no puedes dejar de leer. Hay namedropping por un tubo pero se lo perdonamos. Vale la pena escuchar a este señor. La narración en torno a la muerte de su madre es conmovedora. Leeré más de él.
No sé ustedes, pero soy fetichista de algunos autores y con Álvarez me pasa que quiero y debo leerlo todo; y más allá de ser un maestro con la pluma, aquí se luce en un autobiografía literaria, en donde indaga en el origen por su amor a los libros, la música y el arte. Con una ironía mordaz, analiza su origen familiar judío-británico, los días de Londres bajo el fuego alemán, para luego retratar a esa generación maldita de poetas que tuvo por cabezas de serie a Sylvia Plath, Robert Lowell, John Berryman y Ted Hughes; de cada uno de ellos habla con soltura, más allá de la cercanía que existió, para ir a un análisis más concreto de sus motivaciones; a Álvarez no se le escapa nada, y es más, el libro termina siendo una clase de crítica, edición y frases memorables en torno al oficio. Lo amé y no quería que terminara. Por suerte los dioses y Borges inventaron la relectura.
Empieza bien y luego decae, es su libro más superficial, salvo en pequeños pasajes. Por momentos abre la posibilidad encontrar algo más profundo cuando empieza a contar una cosa -montañismo, matrimonios, familia-, pero no llega a concretar nada. Las últimas páginas se cae de las manos. Un libro epidérmico