Fille unique de parents anglo-irlandais, Elizabeth Bowen naquit à Dublin en juin 1899. Ce livre qu’elle publia en 1942 décrit ses sept premiers hivers dans cette ville à travers les yeux d’une enfant qui ne sut lire qu’à sept ans et dont l’imagination n’était nourrie que par ce qu’elle voyait et entendait. L’auteur évoque avec une franchise délicieuse sa famille et sa petite enfance au 15, Herbert Place : la nursery baignée par les reflets du canal, les gouvernantes, les boutiques d’Upper Baggot Street et de Grafton Street, les cours de danse et les jours de fête.
Elizabeth Dorothea Cole Bowen, CBE was an Anglo-Irish novelist and short story writer and short story writer notable for her books about the "big house" of Irish landed Protestants as well her fiction about life in wartime London.
Elizabeth cuenta sus memorias de una forma tan poética, habla de sus recuerdos de aquella Irlanda en la que creció... Siempre me han gustado las autobiografías y está no fue la excepción
Ocupando una temática de índole estacional para ir hilando los acontecimientos, la autora se propone relatar sus memorias de los inviernos vividos en el Dublín de su infancia, donde en cada capítulo irá contando sobre un hecho o lugar que mantiene presente a pesar de los años aún indeleble en su memoria.
Usando un estilo detallista, sumado al contraste que realiza entre sus formas de pensar de aquel tiempo y su mirada adulta, ambos elementos dándose la mano para generar una prosa que destaca en la forma de permitir que uno ingrese fácilmente a su visión del pasado. Su estilo, sin embargo, se va descubriendo como un arma de doble filo, siendo algo que tanto le suma puntos como se los va quitando. Y es que su narración tiende a ensalzar muchos detalles, llevándola al uso de una prosa purpura que me hizo detener el ritmo narrativo en variadas oportunidades. Una muestra: “Para colmo, bailaban como magnificas bailarinas y flotaban por la pista como plumas de papagayo, como pétalos mecidos por un ligero viento“ No sé si les sucede igual, pero a mí después de leer algo así me da con quedarme más con las metáforas que con las personas a quienes aluden.
Otra cosa que también noté fue una disarmonía en el contenido mostrado durante la sucesión de los capítulos, habiendo algunos con una carga aséptica o poco personal donde la autora narra desde su mirada de grande un poco de historia de los lugares que constituyeron su infancia, y otros más personales en que se describen lo que sintió en determinado tiempo y lo que provocaron en ella por ejemplo sus padres e institutrices. Siento que debió haber profundizado más ya sea en lo uno o en el otro, y así conseguir un mayor enganche durante la lectura.
Mayor ambientación estacional también hubiese sido mejor. Para ocupar un título como ese mínimo que haya más descripciones características del invierno. Muchos acontecimientos tenían elementos que podrían fácilmente suceder en cualquier estación, con meros detalles que la autora elige mencionar como: la ropa abrigada, las fiestas tradicionales, o el ocasional uso de la palabra invierno; generando que no muy en esa estación me lo haya imaginado.
Dentro de todo, es un libro que se disfruta por lo que es: un viaje de regreso a tiempos pasados de la mano de quien los vivió de primera mano y que los relata con la accesibilidad que le permite su memoria.
Elizabeth Bowen nació en Dublín en junio de 1899 y, como dice ella misma, esas primeras semanas fueron el único tiempo de verano que pasó en la ciudad. Desde entonces, y hasta que con siete años se marchó a vivir con su madre a Inglaterra, cuando llegaba el verano se marchaba con sus padres a Cork, al sur de la isla, para pasar allí la temporada estival, en la gran casa de la familia de su padre. En Siete inviernos l Bowen reconstruye los años que pasó en Dublín y lo hace con pequeños ensayos dedicados a lugares: su habitación, el salón de su casa, una plaza, las tiendas, la clase de baile, las calles. En esos lugares sitúa a los distintos personajes de su infancia, que son pocos porque fue hija única. Sus padres tardaron nueve años en conseguir tenerla a ella y después no tuvo hermanos. Vivía en una gran casa de la clase pudiente angloirlandesa protestante en compañía de sus progenitores y el servicio, nodrizas e institutrices. A los siete años su padre cayó enfermo de depresión y su madre y ella se marcharon y nunca más volvió a vivir en Dublín. Todos estos recuerdos que escribe aquí son una recreación, una reinvención, un artefacto construído sobre lo que recuerda vagamente y lo que otros le contaron, pero eso no le quita mérito. Es verdad que no suena infantil pero es que, claro, a principios del siglo XX los niños no eran niños, eran adultos pequeños. Una vez que conseguían llegar vivos a los dos años se les vestía de adultos pequeños y se les exigía hacer cosas de mayores. (Si eras pobre, en breve estabas trabajando). Los recuerdos de Bowen son de niña rica, privilegiada y protegida, pero son infantiles. Leyéndolo me llamó la atención cómo consigue que la perspectiva del lector con respecto a los lugares que describe sea siempre desde abajo, como la de un niño. Consigue también transmitir esa sensación de seguridad, totalmente ficticia, que todos hemos tenido de pequeños. La que da la cadencia y la repetición de rutinas, actos, palabras y personas en nuestras vidas. Supongo que Bowen escribió este libro para volver, de alguna manera, a ese lugar feliz. En su caso, un Dublín de clase alta pero en el que también hay frío, nieve, lluvia y oscuridad.
Bowen tuvo luego una vida de purpurina y estrellato, formó parte del círculo de Bloomsbury y, a la muerte de su padre, heredó las propiedades en Cork y tuvo una vida de rica inglesa. Como buena rica inglesa dice algo con lo que yo no puedo estar más en desacuerdo:
«Compadezco a las personas a quienes tiene sin cuidado la vida social: las empobrece la ofrenda que se ahorran».
Es un buen libro. Muy sencillo. Es la narración de algunos recuerdos de la autora, de cuando era niña y vivía en Dublín. Retratos sencillos de la luz, de los olores, del Dublín de su niñez, de sus calles, parques, canales y río...
After having read 'the last September' I had craved for more of that lovely modernist prose. But alas, this is a rather straightforward short childhood memoir, quite endearing but absolutely dismissable