Si solo pudiera definir este libro con una palabra sería TERNURA. Un libro que me ha hecho feliz en cada página y en las que no, me ha emocionado enormemente.
Una historia breve a la que no le cambiaría nada porque para mí es ✨perfecta ✨ donde Hilda Bustamante, un año después de morir, resucita. Con los mismos 79 años y apariencia que tenía el día que falleció (de lo que ella no tiene consciencia).
Tras entender lo ocurrido, volverá a casa para la evidente estupefacción de su marido y su nieta. ¿Qué tal asumirán sus amigas su regreso?
Bueno, lo dicho una historia deliciosa de la que solo me oiréis decir cosas buenas. Un libro donde he adorado a todos y cada uno de los personajes, absolutamente encantadores y reales, desde los ancianos, a los niños.
He adorado a Álvaro, esposo de Hilda, pero qué deciros de Las Devotas, las amigas, quienes llevaban al más puro estilo Las Chicas de Oro media vida pasando las tardes juntas y quienes, han seguido regando las plantas Hilda y velando por el bienestar de todos los que ella quería.
Una oda a la familia, a cómo esta transciende a los lazos de sangre; a la amistad, al amor. Pero también a la comunidad, a las redes de apoyo entre personas, vecinos. Me ha encantado como a pesar de las muchas referencias religiosas (algunas icónicas e inolvidables), titulo incluido, la novela va por otro lado, por ese sostén social.
En menos de 170 páginas visitamos una vida compartida, una vida normal, sin idealizar y quizá por eso, te llega tanto porque sientes que podría pasar. También una muerte, un regreso y algo más. Nos acercamos a los momentos que vistos en perspectiva “lo cambiaron todo”, para bien y para mal. Una historia que habla con mayor de las sensibilidades y certezas del dolor de la maternidad deseada pero que no sucede; de la culpa por el daño cometido, aunque las intenciones fueran buenas.
Un libro de personas discretas pero extraordinarias, que hacen la vida mejor de quienes les rodean. Una historia luminosa, preciosa y emotiva, sin dejar de ser muy divertida y sin caer en lo cursi ni una página. Sin duda sobre la pérdida y el duelo, pero esperanzador, que lees como si te abrazara, porque a quién no le hubiera gustado que alguien tuviera una segunda venida, aunque fuera un ratito. Aunque te deja con la pregunta de si merecería la pena…
Te quiero, mamá Hilda. Os quiero Devotas. Te quiero, Álvaro. Abrazos a Genaro. pero el más grande para Amelia.
Aviso: no hay zombis, ni explicaciones de por qué y cómo. Sucede y ya, disfruta que ha ocurrido y no pienses demasiado.