El jardín es un lugar híbrido desde sus orígenes, nace del anhelo humano por domesticar la naturaleza y de nuestra eterna búsqueda de la belleza, y representa, por todo ello, el espacio de mayor tensión entre lo natural y lo artificial. Como representación del paraíso perdido es asimismo universal, de ahí que a lo largo de la historia se hayan creado infinidad de idílicos vergeles que responden a la imaginación, las aspiraciones y las necesidades de sociedades concretas. En estas extraordinarias páginas Marta Llorente nos invita a aproximarnos de forma sutil a la realidad del jardín desde múltiples el itinerario por edenes pasados y presentes, reales y ficticios, nos ayudará a comprender su función en el tejido urbano, las manifestaciones que ha tenido en la literatura y el arte, y su futuro como espacio natural en un contexto de emergencia climática.
La verdad es que el tono es de un equilibrio perfecto entre lo erudito y lo divulgativo: la autora, arquitecta de formación, busca primero el sentido del jardín a través de su relación con la ciudad y con la casa; luego hace un sucinto recorrido histórico por las técnicas para domar la tierra y el agua (se echan de menos referencias a los jardines orientales o quizá más contemporáneos); analiza numerosas versiones literarias del jardín - en especial las de Valle-Inclán en el microcosmos gallego o las de Oscar Wilde o Virginia Woolf - y en el último tramo vuela libre más allá del jardín para explorar las fronteras con la naturaleza. Errático pero muy, muy estimulante.
Marta Llorente nos regala un estupendo ensayo sobre el arte de ver, contar y disfrutar de los jardines. Del espacio minuciosamente domesticado o dejado libre a su esencia natural, cuenta cómo los jardines poblaron progresivamente nuestras ciudades a la vez que nuestras vidas. Objeto de contemplación y de diversión se transformaron en materia poética bajo las plumas tanto de grandes autoras y autores como artistas. Son lugares de ensoñación, de refugio o bien de memoria. Con ese ensayo maravillosamente bien redactado, la autora recorre saberes históricos y literarios para acercarnos lo más posible al fascinante territorio del jardín.
ya es hora de que dejemos que en los jardines se libere, como toda maravilla, ese germinar de las plantas y de todas las formas de vida, que expresen su valor en una exuberante cada día menos artificiosa