Periodista y magíster en Literatura. Ha publicado las novelas En voz baja (Premio Juegos Literarios Gabriela Mistral 1996), Ciudadano en retiro (Planeta, 1998), Cansado ya del sol (Planeta, 2002), Dile que no estoy (finalista del Premio Planeta - Casa América 2007) y Naturalezas muertas (Cuneta, 2010), y los libros de cuentos Malas noches (Planeta, 2000), Últimos fuegos (Ediciones B, 2005) y Animales domésticos (Mondadori, 2011). Ha escrito para revistas como Gatopardo, Rolling Stone y El Malpensante. En 2003 obtuvo la beca del International Writing Program de la Universidad de Iowa, Estados Unidos. Su obra ha sido traducida al italiano, francés, danés y coreano. En Alemania le fue otorgado el Premio Literario Anna Seghers 2008 al mejor autor latinoamericano del año. [editar]
El libro cuenta la típica historia del joven que llega a "la gran ciudad" y procede de una ciudad pequeña, en la que el trato, el ritmo y la forma de vida son distintos. Me pareció muy bien lograda la ambientación del momento que se vivía en el país, que se hace de forma sutil porque solo se percibe en los detalles. También cuenta la historia de la persona "sola", que no cuenta con familia ni amigos a los que pueda recurrir. Lautaro es un personaje introvertido, de pocas palabras, sin embargo, todas sus acciones lo muestran como un joven de buenas intenciones y corazón sensible. El lector empatiza con él y desea que tenga éxito cuando se le ve en búsqueda de nuevas oportunidades. Porque Lautaro no cuenta con recursos económicos y lo más importante: no tiene a nadie que se preocupe verdaderamente por él. Su padre es como un recordatorio viviente de esto: existe, pero no está. Por eso Lautaro no solo busca oportunidades económicas, sino que también amar y ser amado. La frase "Dile que no estoy" me recuerda mucho al "No estoy ni ahí", que popularizó el Chino Ríos algunos años después y que muchos que fuimos jóvenes en esos tiempos tomamos casi como la actitud que teníamos ante la vida. No estoy ni ahí, nada me importa, nada me daña, solo sigo adelante. Una historia triste la de Lautaro, pero que se ganó un lugar en mi corazón.
Mientras leía el libro le comenté a unos amigos que no sabía bien para dónde iba. Me sentía tenso y «contenido», como si no fuera a despegar nunca. Hasta medio perdido, diría .
Avanzada la lectura entendí que esa sensación de peso, ese desarraigo con los lugares, la liviandad con las personas, eran parte central del personaje principal. No está en ninguna parte, sus vínculos con la otredad son complejos, silentes, prisioneros de su levedad y, en última instancia, terribles.
Quería mucho leer esta novela que cumple 14 años desde su publicación. Me gustó, aunque tuve que insistir en la lectura. Me costó enganchar con Lautaro. Pude sentir algo de compasión con él hacia el final del relato.
Me encantaron los mundos internos que se escriben porque entran, salen, se censuran, cambian, hablan con otros o consigo mismo, pasados por el cedazo de lo que tienen al frente. Me recordó el concepto de «memoria», que es central en este libro y en otros trabajos de Alejandra Costamagna.
La Costamagna escribe bien y lo sabe. Es sólida para construir mundos narrativos, pero qué trama más latera la que escribió. Insufrible Lautaro, no pude empatizar ni entenderlo.
Es el primer libro que leo de Costamagna y me pareció muy bien estructurado, la forma en la que va interlazando los tiempos e historias hace que toda la historia esté muy bien articulada. Sin embargo siento que no me pude enganchar bien con Lautaro, toda su historia la sentí muy distante, a ratos poco interesante y no es que estén mal escrita simplemente el personaje principal me daba una hueva infinita. Quizás lograr eso como escritora es un don tremendo, ¿qué se yo?
Esta novela es muy triste y está llena de melancolía, con mucha desesperanza.
Me gustó conocer personajes y ambientes muy diferentes a los que suelo leer. La historia, el argumento de la novela es bien mínimo; pero el lenguaje, la forma está muy bien lograda.