¡Lo ha vuelto a hacer! ¡Hay que rejoderse!
Una novela que ratifica, una vez más, que Gellida es el mejor autor de novela negra de España.
En esta ocasión, el autor, sin perder su sello, ha hecho algo distinto. Él mismo lo explica al final del libro. Quería escribir una novela diferente, pero sin que sus lectores se sintieran defraudados. Pues no, no defrauda y sí, lo ha conseguido con creces.
El libro tiene un comienzo gellidista puro, después se vuelve una novela más pausada, con toques intimistas, para, a partir de un determinado momento, retornar de nuevo a gellidista pura (y hasta mejorada, versión 2.0), otra vez.
Para empezar, decir que es una novela independiente. No es necesario haber leído antes nada del autor, para poder seguir sin problemas el argumento. Los seguidores de su obra encontrarán guiños a algunos personajes de sus novelas anteriores, pero son solo eso, guiños a sus lectores habituales que no interfieren en la trama.
La trama se desenvuelve en dos líneas temporales, una en 1993 y otra en 2019. Ambas escritas en primera persona por cada uno de los dos protagonistas, Mateo la del pasado y Álvaro la del presente. Entremedias de ambas líneas se desarrolla la investigación policial, que en esta novela no es lo que tiene más peso.
No es una novela de muchos personajes, dos protagonistas y muy pocos secundarios. Los protagonistas son dos personas trastornadas y retorcidas (menuda pareja, de verdad), ninguno cae bien, pero nos puede la necesidad de saberlo todo, qué les pasó, qué está pasando ahora, en fin un no poder despegar los ojos de las páginas.
La ambientación es buena. Sin peros que ponerle a la descripción de los efectos de una cencellada en pleno mes de noviembre. Los que la hemos sufrido alguna vez, hemos rememorado la desapacible experiencia.
Del final, tengo que decir que aún no me he recuperado. No sé si me ha gustado, pero desde luego que me ha dejado ¿sorprendida, descolocada, estupefacta?, todo ello y con la boca abierta como un buzón de correos. No voy a decir que sea el final más maquiavélico que haya leído (en español sí), pero desde luego se le acerca mucho. Solo un genio como Gellida puede idear algo semejante y que encaje todo como un guante.
En conclusión, el chico de Valladoliz lo ha vuelto hacer. Una novela soberbia que me ha gustado mucho y que recomiendo sin dudar.