Rojas señales propone, como mínimo, un doble desafío; el que se va mostrando en la superficie del relato y otro oculto, esquivo, casi secreto, que sólo aparece si estamos atentos y sin prejuicios a la revelación.Las voces que narran muestran la multiplicidad de aristas de ese estado penoso que con facilidad tranquilizadora llamamos locura.Sólo propongo una clave de las posibles la cercanía entre dos personajes tan distintos como Mario y la oscura y bella poesía que emana en los monólogos de él, y el perturbador episodio vivido por ella, secuestrada en su propia casa y luego liberada por acción de un niño mendigo y sabio; todo regresará a lo que conocemos como vida cotidiana, pero Mara nunca volverá a ser la misma.Ricardo ManeiroEn esta novela Ana Beatriz Romasco propone una nueva forma de contar. Conmociona con la apertura del relato en la voz de un chico que padece exclusión social y psicológica. La otra voz, la de Mara, arrastra con melodía a su interior perturbado. El lector comienza a viajar por la mente de ambos mientras que otras voces aparecer y nos cuentan la historia desde afuera, e intenta saber si hay algún cuerdo en esta historia, en la medida en que la línea sutil que separa la salud mental de la demencia se lo permite. La tensión roe el hueso anecdótico cuando los personajes quedan atrapados en una situación descontrolada. Rojas señales permanecerá destellando luces hasta mucho después de haber leído su última página.