“La poesía misma, sí, la palabra. La preocupación por lograr una sintaxis poética rigurosa, legítima, porque la poesía, como el cine, como la pintura, es un lenguaje propio en sí mismo, permite decir cosas que sólo de esa forma, en esa forma, pueden ser dichas; yo pienso que en la poesía la palabra tiende a desarrollar toda su capacidad y energí en la poesía el lenguaje es forma, gesto, color. De esta manera, el lenguaje permite registrar los cambios y expresar cosas que no pueden ser dichas de otra manera, y permite hacerlo con absoluta libertad. Lo que yo pretendo a través del poema es lograr ese estado inefable de libertad.”
Pocos poetas que yo haya leído tuvieron una relación tan intensa con la palabra. Para Inchauspe, la poesía es sagrada, vital, "el centro oculto de la vida". Tan en serio se tomaba a la poesía que dejó una obra mínima, un puñado de no más de cien poemas breves que cuando uno los lee se da cuenta que cada palabra está puesta en su lugar, tenía que ser esa y no otra, se vuelve irremplazable. Como dice Bitar en la introducción, Inchauspe es un poeta de atmósferas y no de efectos. Y es así: leerlo te mata, te rompe todo, te deja con una profunda y agridulce desolación. De los mejores poetas que dio este ispa inviable.
Poesía universal desde la Dublín argentina, como le dice Fabián Casas al Litoral, esa confusión de espejos que corren somnolientos hacia el Río de la Plata para morir en el mar. Hay algo en las palabras de Juan Manuel Inchauspe que las vuelve ardientes, al menos en dos sentidos, como en Nietzsche. Pasión de vida y destrucción de fuego. Creo que es una intuición que susurra lacónica en esos versos mínimos, personalísimos, singulares, tan despojados como incandescentes. Hay dolor, hay compasión infinita. Creo que el método es la intuición de una dialéctica, una especie de horror de la lucidez que se sabe obligada a demorar demasiado en el momento negativo para poder seguir. La insuficiencia asombrosa del lenguaje. También hay micro-celebraciones de lo pequeño, del entorno, pero se fugan rápido. Gana la negatividad que carcome el ánimo hasta la locura, la evanescencia, o la muerte. “En la casa no hay ruidos. // En realidad, ella no está en ninguna parte. // Lo que miro desde la ventana / es tan sólo el mismo paisaje de siempre. / Y no hay nada de música / en esto” (p. 169). Una traducción de Inchauspe que también pudo ser un poema original de Inchauspe: “Ayer vi un bicho / en el basurero del patio / buscando comida entre los desechos. // […] // El bicho, Dios mío, era un hombre” (p. 200), de unos versos de 1947 de Manuel Bandeira. Trabajo Nocturno, los Poemas Completos del gran poeta santafesino, es un libro extraordinario, un brillante trabajo polifónico al cuidado de Francisco Bitar, que se entiende mucho mejor después de recorrer esta poética. Que todo arda, que no quede ni el silencio, que sobrevivan sólo poéticas como las de Inchauspe.
Relectura 2024. Le sigo la corriente a Inchauspe. Me obligo a leer lento. Lo más lento posible. A detener la imaginación, a suspender la inferencia. A retraer la lectura dentro de un círculo móvil de intimidad que tiende a cero. Imposible. Jamás podría sostenerse lo finito contra lo infinito. Pupilas cansadas contra la luz del universo. Inchauspe aparece como un místico que reniega de sí mismo. Su fragilidad retraída no parece venir de la personalidad sino del lenguaje que no puede contra el mundo. El lenguaje ni se aguanta a sí mismo. El trabajo nocturno es el colapso del dispositivo. / El cielo azul / La realidad, ciertamente, abrasa / Todo arde /
Son poemas sentimentales, patéticos, angustiadísimos pero también muy rigurosos, precisos, monótonos. Muy repetitivos pero para bien, me encantó eso, abajo los sinónimos y los ornamentos. Inchauspe lo que hacía era escribir y borrar, ir depurando, cuestión que en total son muy pocos los poemas que publicó y aún contando los inéditos es cortísima su obra completa. Esto lo sé porque el libro viene con un montón de prólogos y textos críticos que van mostrando la recepción que tuvieron estos poemas en distintos años, lo cual me parece genial. (Me faltaron datos bibliográficos de los textos pero bueno).
Algunos poemas son mejores que otros, pero los mejores me parecieron realmente muy buenos, te quedás repitiendo y leyendo varias veces porque |Ö|. Es durísimo, cada línea se lee sacudiendo la cabeza y pensando "no, Juan Manuel, qué decís, por favor, por qué". Miren si no:
"Me voy temprano y regreso muy tarde cuando la noche ha hecho ya gran parte de su trabajo y no queda tiempo para detenerse a mirar.
Así paso los días. Como si lo mejor de mí estuviera paralizado y muerto o mejor como si no hubiera existido nunca.
Nada más que este rostro hipnotizado. Como un pájaro nocturno alguna palabra escala mi sangre.
Librazo. No se puede entender la poesía santafesina contemporánea sin haberlo leído. Abrís un poemario de allá y te encontrás o con un epígrafe o con una cita o con una referencia. Los poemas son un golazo. Los he leído en voz alta y funcionan. Los he tallereado y también. Tanto el personaje como los poemas son magnéticos. Solo una compañera me dijo que le parecía demasiado oscuro. No irse por el lado solo del personaje. Terrible error. Ir a los poemas medio tarde cuando ya se va yendo el sol o como ahora que está nublado. El aparato crítico es también tremendo. Está el escrito de Taborda que si te lleva a buscar su obra es otro mundo a explorar (con ganas con ganas). Palabras palabras palabras.
" No es fácil estar sentado aquí esperando que las palabras vengan al fin a sacarnos de este vacío donde sudamos un áspero y conocido perfume a soledad(...)"
Acá mi favorito:
"Dejo atrás las costas simples y la corriente decididamente irres- ponsable. Abrazo el fuerte tiempo que comienza. Sus visibles vacíos. La más auténtica soledad. La tremenda boca del insomnio. Asumo sin vueltas la voluntad difícil de vivir junto con los más altos pájaros rebeldes. Con noches precisas tangibles. Para que la última claridad del hombre se ponga al alcance de estas manos que no quieren desvanecerse. "