Estos relatos se adentran en el crudo misterio de nuestras relaciones con seres humanos, vegetales, animales y minerales. En un instante, la intimidad se revela.
Estoy genuinamente impresionada por Diana Obando, me recomendaron este libro porque dije que me encantó Sofoco. Ambas escritoras son de Colombia que gusto me da leer mujeres que están hablando de lo cotidiano como contraparte a los autores hombres de hace años que querían ser cosmopolitas a toda costa, narran la vida del pueblo, del campo, de las familias en un lugar que como latinoamericana se siente la casa. Son cuentos, ella tiene cuentos más serios pero no cuentos hot como en Sofoco. Mucha narración de la vida cotidiana y las cosas simples, las abuelas están presentes, los antepasados, las enfermedades mentales, la cuestión religiosa, la comida. La mayor parte del tiempo tiene una prosa tan dulce, y sensible que me encantó. Creo que el cuento que más me gustó fue el de las Benditas Animas porque mi abuelita también las nombra mucho y es una devoción muy especial como alguien que creció en el catolicismo.
Está bien, estándar, nada nuevo. Tiene historias interesantes, pero muchas son tan mundanas que sentía que ya las había leído en otro lado. Me gustó mucho la representación de las infancias. Tal vez no me dejó huella, pero sí algunos momentos que se sienten cercanos.
SINOPSIS: 18 relatos cortos sobre las relaciones humanas y la naturaleza, los animales.
Una portada y edición hermosas, y aunque los relatos de inicio parecen independientes conforme avanzas se vuelven uno solo, los paisajes, el rio, las plantas, el frío, la niebla y la distancia se vuelven familiares. Esos elementos generan una atmósfera importante en cada historia, le dan un color, un clima a las emociones y sentimientos, la pérdida como una niebla espesa, el miedo a lo que no conocemos. Lo que se esconde en el campo y en el bosque, que sentimos tan lejano pero que conecta más de lo que pensamos con lo que sentimos.
Mis favoritos: •𝘝𝘶𝘦𝘭𝘰 •𝘙𝘰𝘱𝘢 •𝘕𝘪𝘦𝘣𝘭𝘢 •𝘕𝘢𝘳𝘢𝘯𝘫𝘢𝘴 •𝘛𝘢𝘣𝘢𝘤𝘰
"... Al final se resignó y empezó a recoger las cosas de afán. No poder decir nada le producía cierta angustia. Sabía que la afonía iba a ser pasajera pero le preocupaba estar así en ese momento. Si no era capaz de hablar, ¿cómo iba a hacerse espacio a través de la montaña? ¿Cómo infundiría miedo? Sabía que casi todos los animales huían de la gente y le preocupaba que percibieran su silencio como un signo de debilidad, o que simplemente no notaran su presencia y se cruzaran en su camino. Entonces entendió el rechazo que la gente del pueblo sentía por el monte. Era muy poco lo que separaba a una persona de todo eso que parecía tan junto, tan indistinto, y también muy poco lo que se podía hacer para no ser tragado."
La prosa de Diana Obando es deliciosa. Una combinación perfecta entre lo simple y lo poético, sin barroquismos pero con peso, y ese resultado que se siente tan sencillo en la lectura es fruto de un trabajo complejo, un gran logro de la autora. Los textos de Erial, como elementos individuales, se sienten incompletos, enunciaciones de algo que no se termina de decir, un collage de imágenes in medias res; pero al leerlos como un todo, esas imágenes se convierten en un universo en el que estas partes se suceden, ocurren, existen.
Conjunto de relatos medianamente cohesionados en torno a temática; paisaje, trabajo, familia, plantas, muerte y enfermedad en una Colombia a ratos atemporal.
Hay una riqueza estética grande en pequeños momentos como en "Tabaco" pero está compilación de Diana Obando me resulta demasiado homogénea entre sí, lo que permite confundir historias, personajes y caminos, en una masa de sueños del campo y la ciudad. Creo que la autora es muy buena, pero este libro me resultó algo indiferente, probablemente por falta de contexto y corpus literario Colombiano.
Qué emotiva es la narrativa de Diana Obando. Tiene muchísima sensibilidad para crear detalles y atmósferas de situaciones que se sienten como cuando alguien que conoces te cuenta una anécdota. Me encanta que todos sus cuentos son situaciones en apariencia sencilla que pero que guardan temas tan universales que parecen fábulas.
Los finales parecen inconclusos, pero en realidad son como la vida misma: llena de momentos inacabados y conclusiones modestas.
Es un libro extraño. Parece un libro de relatos cortos, pero me queda la sensación de que funcionan solo en conjunto, en las imágenes que se van formando, en la familiaridad que se genera con los espacios rurales y urbanos trazados que van componiendo trayectorias. Eso lo veo como un enorme logro del libro.
Estoy embelesado con las autoras colombianas. De qué manera Diana captura la esencia de lo cotidiano, de la naturaleza y del campo colombianos. Algunos de sus cuentos son impresionantes, porque así es el día a día en nuestras tierras; otros de sus relatos me transportan a los bosques de niebla y a las montañas, bellas e impactantes.
Creo que Diana Obando es simplemente increíble en su escritura, logra grandes escenarios e imágenes con cada uno de sus cuentos. Hay exactamente lo que debe de hacer, nada de más y no les falta nada. Sin dejar de lado las fabulosas historias que cuenta.
Muy buena prosa. Todos los cuentos tienen un final muy problemático desde mi punto de vista. Hay unos que leí con más fruición que otros pero se leen fácil. Hay unos que definitivamente no deberían hacer parte del libro.
Erial: me debato entre los límites caleidoscópicos de la ruralidad y sus misterios y el suspenso que se acerca más al terror desde los silencios. Si Diana Obando quisiera hacer thriller lo lograría con genialidad. Algunos relatos se sienten sin terminar, otros pierden ritmo. A pesar de ello, el libro nos contrapone a ideas cotidianas para hablar desde lo más cotidiano que es el mundo rural, el campo y la naturaleza, sobre las vidas que desde los márgenes hacen el mundo.
Me había gustado mucho el libro, parece que dios hubiera muerto y quise analizar más su escritura pero desafortunadamente tuve una gran decepción. Los relatos no me transmitieron absolutamente nada, se quedan muy cortos y algunos no les encuentro mucha lógica. Una verdadera lastima.