No hace falta indagar mucho en el panorama cultural mexicano del siglo XX para encontrarse con el nombre de Elena Poniatowska. Ampliamente reconocida por su portentosa crónica "La noche de Tlatelolco", se trata de una prolífica autora y periodista de oficio con una obra que incluye varios tipos de narrativa y soberbias biografías y entrevistas con los nombres que han formado –para bien o para mal– mucho de aquello que conforma nuestra identidad actual. Comúnmente comentada en los escritos de sus contemporáneos, suele aparecer siempre en las fotografías de los eventos importantes, en las nominaciones de los premios de renombre y hasta en el corpus teórico de la mayoría de los temas de investigación de esta época. No hay librería en el país que no tenga al menos un estante colmado con sus libros, o una sopa de letras con la suficiente pasta para formar su nombre. Elena Poniatowska es, como la constancia de situación fiscal, inevitable.
¿Qué es posible, pues, decir de ella que no haya sido dicho antes? Poco, en realidad. Seguramente nada relevante. Pero sirva esta ocasión de pretexto para expresar una opinión posiblemente mal informada al respecto.
"Tlapalería" es una ligera y amena colección de cuentos en los que la ciudad también ocupa un rol protagónico y es fácil notar cómo las tensiones personales se ven modificadas por la traza y la cotidianidad urbana. El primer texto –homónimo– posee además una impresionante muestra de oralidad pues está compuesto completamente por diálogos. En "La banca", "El corazón de la alcachofa", "Coatlicue" y "Chocolate" observamos también las contradicciones inherentes a la clase social, pues las actitudes de las protagonistas están determinadas por su pertenencia a sectores burgueses y las maneras en las que, desde ese contexto, se relacionan con los demás. "Las pachecas", en contraste, nos narra el drama de mujeres en situaciones de marginalidad. "Los bufalitos" presenta un romance que se desarrolla entre obras de arte y desemboca en una estampa de realismo mágico y, por último, "Los canarios" es un cuento monológico y mucho más nostálgico e introspectivo.
Es, lo decíamos, un libro muy disfrutable y de sencilla aproximación.
Ahora bien, nunca he sido muy afecto a los resúmenes que se dedican sólo a decir de qué trata aquello resumido. Para mí lo importante es la problematización de lo que leemos. Pues ¿qué leemos en Elena Poniatowska?
En mi aproximación al estado de la cuestión sobre nuestra autora, me encontré con una enorme cantidad de artículos, capítulos y obras completas dedicadas a ella. Quisiera llamar la atención sobre un texto que no es ni será jamás necesario para entender dicho tema, pero lo elijo, ante todo, porque resulta paradigmático. Se trata de un artículo monográfico publicado en la revista SINOELE del Congreso de Hispanistas de Asia. Lleva por título "Más que personajes: la cuentística de Elena Poniatowska" y fue escrito por Zhang Qi de la Universidad de Estudios Extranjeros de Guangdong. Como vemos, la obra de Poniatowska alcanza horizontes insospechados.
En resumidas cuentas, es un escrito sencillo en el que se hace una comparación entre "Tlapalería" y "De noche vienes", su primer libro de cuentos. Se analizan las formas de narrar y la construcción de los personajes que, evidentemente, han cambiado entre ambas obras, aunque conservan el mismo interés por contar la vida cotidiana y en ambas la ciudad cumple un rol importante.
Pero además, se asegura que Poniatowska, mediante el uso de las cartas, diálogos u otras estrategias, propone al lector formas novedosas de construir el relato. Junto con la subversión del discurso tradicional del cuento, se dice que la autora también intenta cuestionar los roles sociales y políticos preestablecidos, así como el ejercicio del poder.
¿Es esto cierto? En lo personal me parece que solemos acercarnos a la producción de las y los escritores de dicha época más desde los sesgos propios de un discurso que se ha ido deformando, que desde la crítica y el análisis basado en su lectura efectiva.
Muy seguramente la obra de Elena Poniatowska tenía características muy diferentes en el momento de su producción que las que ahora tiene. En "Coatlicue", por ejemplo, vemos una mujer –antítesis de la protagonista– que tiene rasgos y pertenece a un contexto indígena. El cuento abunda en imágenes y descripciones cercanas a lo prehispánico que, en un primer momento, nos puede parecer que refuerza y subvierte la imagen de lo indígena, haciendo que el ejercicio de poder cambie en su favor. De la misma forma, podríamos asegurar que lo narrado, más bien, esencializa la figura de los pueblos originarios y les resta, con ello, toda su valoración prospectiva.
Pues, no me parece del todo equivocado comentar mi intuición: Elena Poniatowska y la mayoría de los integrantes de la élite cultural de su generación son herederos de una forma de pensamiento que no logra desprenderse de la episteme positivista inaugurada a principios de siglo, con Vasconcelos a la cabeza. Y si bien este es un estadio muy importante en la historia del pensamiento en México, hemos llegado al punto en el que es necesario ser estrictamente críticos con dicha filosofía y las obras artísticas procedentes de la misma.
¿Deberíamos dejar de leer a Poniatowska? En lo absoluto. Pero sí deberíamos esforzarnos por construir una forma "otra" de relacionarnos con aquello que leemos y aquello que aprendemos.