La importancia de los refranes como presagios en El Burlador de Sevilla
La obra El Burlador de Sevilla de Tirso de Molina o fray Gabriel Téllez es una comedia tradicional de la época Barroca por su humor negro, su temática relacionada con el honor y el amor y por estar basada en hechos cotidianos. Esta obra también tiene elementos de la tragedia por su desenlace, mas el hecho trágico no es la intención final que se busca sino que se utiliza como medio para generar una ironía y así causar risas.
La obra trata sobre Don Juan Tenorio, un noble, hijo de Don Diego Tenorio, amigo del Rey de Castilla, joven agraciado que goza de engatusar mujeres comprometidas haciéndose pasar por sus prometidos, o mujeres vírgenes jurando que se casará con ellas, todo esto para deshonrarlas y, posteriormente, abandonarlas. Todas estas fechorías inmorales serán el punto de arranque a la acción dentro de la obra, provocando conflictos entre los personajes (donde el rey de Castilla hará de mediador y juez), que serán resueltos en el desenlace de la obra al morir Don Juan.
El texto se compone de tres actos, como es tradicional en la obra teatral barroca. El primer acto se divide en cinco cuadros en los que se desarrolla la acción. Aquí se plantea el conflicto de arranque; Don Juan Tenorio deshonra a la duquesa Isabela haciéndose pasar por su prometido, el duque Octavio, siendo sorprendidos en el acto por el rey de Nápoles quien ordena a Don Diego Tenorio que castigue al culpable de tal canallada, mas este al descubrir que se trataba de su sobrino le deja escapar y le atribuye la culpa al duque Octavio. Don Juan escapa a España, de donde había sido desterrado por los mismos crímenes, pero el barco naufraga en Tarragona, aquí conoce a Tisbea, una pescadora que se jacta de mantenerse intacta por los hombres y por burlarse de sus suplicas. En su intento de seducirla, ella le pide que la tome en matrimonio pero que si este no lo cumple que Dios lo castigará y dará muerte, a lo que él piensa “tan largo me lo fiáis” (El Burlador de Sevilla, 1997, p.33), la que sería una frase bastante utilizada por Don Juan a lo largo del libro y de importancia en el simbolismo de este, que hace referencia a la larga esperanza de vida que tiene el burlador de si mismo y, por ende, una larga impunidad. Luego de gozar a Tisbea la abandona y se marcha a Sevilla.
Ya en el segundo acto se comienza a desarrollar la trama, pero aparecen nuevas problemáticas causadas por Don Juan, como su intento por burlar a Ana de Ulloa, la hija del Comendador mayor de Calatrava Don Gonzalo de Ulloa, mas esta cuando se da cuenta de su ofensa pide auxilio a su padre, este se bate a duelo con Don Juan en el que resulta herido de muerte, pero aun así promete vengarse del burlador. De esta muerte es culpado el marqués de la Mota mientras que Don Juan hace de las suyas en la boda de Aminta y Patricio, unos labradores con los que se topa en el camino.
En el tercer y ultimo acto se resuelven las problemáticas planteadas y desarrolladas en los actos anteriores apelando a la fantasía. Al comienzo se narra la burla que hace Don Juan Tenorio de Aminta y su padre al convencerlos de que esta ya no estaba casada con Patricio sino que con el mismo. Mientras tanto, Isabela y Tisbea se conocen y juntas van a pedirle justicia al rey Alonso por las deshonras que les ha provocado Don Juan. El rey determina que el burlador se casará con Doña Isabela para limpiar la ofensa. Aquí se le presenta Aminta, alegando que Don Juan es su esposo y el marqués de la Mota le explica que el crimen del que es culpado lo cometió Don Juan, por lo que el rey sentencia a muerte a este último como pago por sus delitos. Entre esto, el burlador llega a Sevilla cuando se le aparece Don Gonzalo en forma de estatua, este le invita a cenar al día siguiente y Don Juan acepta. Cuando se reúnen en la iglesia los músicos cantan: “no hay plazo que no llegue, ni deuda que no se pague” (El Burlador de Sevilla, 1997, p. 91-92) creando una sombría atmosfera que presagia el final de Don Juan. Finalmente Don Gonzalo da muerte a Don Juan Tenorio como había prometido recurriendo al dicho “quien tal hizo, / que tal pague” (El Burlador de Sevilla, 1997, p. 96) y el rey al enterarse da por absuelta las ofensas porque el causante había muerto por justicia divina.
Como plantea Francisco Florit Durán (2006), El Burlador de Sevilla como las demás obras teatrales del Siglo de Oro estaba orientada a un publico variado, desde la clase alta hasta el pueblo llano, pero principalmente era la emergente clase media la que disfrutaba de estas obras. Es por esto que los autores de la época debían estar al tanto del refranero popular que utilizaba la gente común para referirse a sucesos cotidianos. En este libro se retrata a la perfección el uso e impacto de los refranes populares de la época, los cuales afectan su desarrollo argumentativo y su desenlace.
Es interesante apreciar como los refranes que se utilizan a lo largo de la obra, van presagiando el final de Don Juan. Desde el comienzo del libro se ve como algunos personajes más apegados a la moral --como Catalinón, que en el primer acto, escena XV, le afirma a Don Juan que “los que fingís y engañáis / las mujeres desa suerte, / lo pagareis con la muerte” (El Burlador de Sevilla, 1997, p. 31-32)-- le intentan hacer entrar en razón, sin embargo, el protagonista siempre hace caso omiso de estas advertencias (en otros casos amenazas) mostrándose incluso desafiante ante la intromisión y consejo. El caso es que Don Juan nunca demuestra arrepentimiento por sus crímenes, lo que agrava aun mas la falta, y lo que termina llevándolo a la muerte. Es este mismo suceso lo que genera el asombro en la obra: su deceso. Y es que aquí se retrata simbólicamente el castigo por los pecados dentro de la vida misma, como exclaman los criados cuando comienzan a cantar “si de mi amor aguardáis, / señora, de aquesta suerte / el galardón de la muerte, / ¡qué largo me lo fiais”, (El Burlador de Sevilla, 1997, p. 80) haciendo burla de los dichos de Don Juan, los que le condenan. Al avanzar las paginas el lector se va adentrando en un sopor generado por la reencarnación de Don Gonzalo que trae consigo el infierno desatado al cual pretende arrastrar al burlador, y cuando los músicos cantan “adviertan los de Dios / juzgan los castigos grandes, / que no hay plazo que no llegue, / ni deuda que no se pague” (El Burlador de Sevilla, 1997, p. 91-92) la sentencia ha sido determinada.
En definitiva, El Burlador de Sevilla es una comedia que cuenta con un rica variedad de refranes populares utilizados de una forma interesante y cautivadora, que generan un impacto importante en la composición de la obra pues son las que cargan con la mayor parte del simbolismo de esta. Es por esto que es una lectura obligatoria para todas y todos los/as lectores/as que pretendan conocer los dichos de la época barroca, su forma de uso y su relación con la atmosfera teatral.