“El nombre de la rosa” y “Perdidos en el espacio” en una sola novela.
Una novela que leí en el 2006 y que recuerdo con cariño porque me explotó (literalmente) la cabeza con ella. Nada menos que el medievo y un futuro con naves espaciales compartiendo protagonismo y trama. ¿Cómo ocurre tal cosa? Pues, a estas alturas, difícil sería de acordarme de una explicación lógica. Es más, no recuerdo haber encontrado ninguna explicación cuando la leí. Simplemente, esos dos mundos coexisten paralelamente y ya está.
Una lectura nada fácil, y que exige un esfuerzo suplementario por parte del lector, pero con el que me lo pasé muy bien (aspirinas e ibuprofenos aparte).
Recuerdo que no paraban de pasar cosas, la lectura te pedía seguir y seguir con ella. Estabas leyendo sobre la segunda cruzada al mismo tiempo que leías sobre una peregrinación espacial con destino a la tierra, con personajes muy similares, pero en mundos diferentes. Misterios y cuestiones filosóficas que el lector tenía que resolver para llegar al desenlace.
En definitiva, una novela que se hubiese podido convertir en una película (con los medios audiovisuales adecuados) muy atractiva, pero que el autor rechazó (perdiendo una pasta gansa) por no querer ver su obra prostituida de cara a un rendimiento comercial. Una novela que, pese a dejar un gran recuerdo en mí, no volvería a leer, pues, tras tantos años, estoy seguro de que arruinaría mis primeras impresiones. De hecho, recuerdo habérsela prestado hace años a alguien de mi entera confianza. Supongo que debió caer por algún agujero negro de la trama, pues ya nunca volví a saber de ella. O está en el medievo, o vagando entre el polvo estelar.
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