Siempre me ha gustado el estilo directo de Rubem Fonseca: no necesita grandes aspavientos lingüísticos para retratar el lado políticamente incorrecto de lo humano. En sus textos narrativos (algún día dedicaré alguna reflexión en este espacio a sus memorias, crónicas y ensayos) destacan personajes marginales que vemos siempre con un dejo de disgusto pues, en el fondo, sabemos que todos albergamos la semilla de lo que aquellos encarnan: prostitutas, asesinos, pobres, pero también sibaritas irresponsables, melómanos inescrupulosos o políticos corruptos (ese oxímoron) cuyo lado más grotesco vemos florecer. “La Cofradía de los Espadas” es antología de relatos que, como dicen sus editores de Cal y Arena, nos presenta “un mundo pleno de historias, pequeñas o desaforadas, con personajes de una densidad que puede ser atroz, desopilante, encantadora, sobre una prosa cada vez más ceñida, sabia, deslumbrante. Dicho lo anterior, no sobra invitar al lector neófito a embarcarse en esta aventura de la que no podrá regresar indiferente”.
Son apenas ocho cuentos (en su mayoría breves, excepto “A la manera de Godard”, especie de guión dramático de casi medio centenar de páginas) en donde vemos la relación epistolar entre un asesino y su admiradora; una fiesta cuyo anfitrión fallece y en la que los invitados no conciben mejor honor que continuarla como homenaje al muerto; un desquiciado concurso que implica la manipulación aeronáutica de unos enanos… El cuento que da título al libro condensa de forma egregia los méritos fonsequianos: el despliegue imaginativo y la pericia humorística de un cuento logrado que, con apenas unas cuantas pinceladas, retrata a un donjuanesco grupo de hombres en pos de la satisfacción carnal.
Sin ser el mejor libro de Fonseca, no deja de ser divertido y atrayente. Muy recomendable.