Este libro narra historias que a pesar de su importancia son todavía poco conocidas. Son historias de guerra, de violencia por momentos atroz, y de muerte. Pero también, y sobre todo, de lucha obstinada por la vida y por la dignidad.
Una de ellas, escrita por José Coronel, se desarrolla en los valles y en las punas de Huanta, que saltaron a la (mala) fama en enero de 1983, a raíz del asesinato de ocho periodistas en la comunidad de Uchuraccay. Otra historia, escrita por Ponciano del Pino, tiene lugar en las selvas del Apurímac y del Ene, hasta hace algunas décadas habitadas mayoritariamente por asháninkas. El surgimiento y desarrollo de los Comités de Autodefensa Civil, también llamados rondas campesinas, es el hilo conductor de ambas historias.
Complementan el volumen tres trabajos. Uno de Carlos Iván Degregori, combina la crónica y el análisis para presentar un balance de 13 años de violencia y un panorama del campo ayacuchano después de la guerra. Otro, también de Degregori, reconstruye la trayectoria de senderistas, campesinos y militares a lo largo de la década de 1980, tratando de encontrar las razones que llevaron a la convergencia de los dos últimos, la generalización de las rondas y el aislamiento y derrota de Sendero Luminoso en Ayacucho. El tercero, del antropólogo Orin Starn, profesor de la Universidad de Dulce, escrito a partir de visitas a la sierra central desde 1991 ya Ayacucho desde 1993, ubica las rondas en el contexto del debate académico contemporáneo sobre movimientos sociales.
El Instituto de Estudios Peruanos y la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, así como los autores del presente volumen, esperan que su publicación contribuya en algo al respeto y comprensión mutua entre los peruanos, a saldar la deuda histórica y presente con las poblaciones campesinas quechuas, y a la construcción de la paz en Ayacucho y en el país.
Carlos Iván Degregori was Professor of Anthropology at the National University of San Marcos in Lima. He served on Peru’s government-appointed Truth and Reconciliation Commission and wrote dozens of books and articles about Peru.
Los cuatro ensayos de este libro editado por Degregori intentan explicar los Comités de Defensa Civil (luego llamados rondas campesinas) en Ayacucho en su lucha contra, principalmente, Sendero Luminoso. Lo más interesante del libro está en la hipótesis que dice que la presencia o ausencia de una estructura comunal fuerte era un factor (el principal o uno entre varios) para el fracaso o éxito de Sendero Luminoso en distintas comunidades campesinas. Lamentablemente, la evidencia que presentan los ensayos para demostrar dicha tesis es limitada, y el libro puede ser mejor visto como uno lleno de información que deberá ser explicada por cualquier teoría sobre la propagación de SL.
Por otro lado, siguiendo la línea del IEP, todos los ensayos buscan reivindicar a los campesinos ayacuchanos como agentes “independientes”, que no seguían ciegamente las órdenes de SL o las FFAA. Sin embargo, al hacer esta separación, por ejemplo, entre campesinos (becerros de nadie) y senderistas (becerros de Guzmán y el partido), el libro muestra, como muchos textos que tienen explicaciones similares, que es incapaz de responder a una serie de preguntas: ¿existen campesinos voluntariamente senderistas, o solo son verdaderos senderistas los guerrilleros que han abandonado la vida en el campo, i.e. ya no campesinos? ¿convertirse en guerrillero quiere decir abandonar la capacidad de actuar de forma racional? ¿qué ocurre con aquellos que fueron miembros fervientes de SL un tiempo y luego lo abandonaron? ¿seguir las órdenes de los líderes de su comunidad le resta agencia a un campesino?
Cabe resaltar el ensayo de Ponciano del Pino, rico en información sobre la trayectoria de los CDCs del valle del Río Apurímac, que muchas veces funcionaron, en la lucha contra SL, como lugar de encuentro entre el narcotráfico y la Iglesia Pentecostal. Quizás lo más importante que deja es una serie de preguntas: ¿por qué la iglesia pentecostal, de la mano muchas veces del narcotráfico, terminó liderando la lucha contra SL en el sur del valle?¿Por qué el narcotráfico se alió con SL en el norte? La respuesta que del Pino ofrece a la primera no tiene sentido: los evangelistas se rehusaban a matar, requisito de SL, por lo que se organizaron contra SL muchas veces efectivamente asesinando guerrilleros. Pero apunta a otras razones, como la forma de tenencia de la tierra, la trayectoria del narcotráfico y las tradiciones organizativas, que urgen ser exploradas.