Hay novelas que sobrepasan su clasificación.
En esta novela, por ejemplo, a veces las palabras se vuelven música.
En cada página de "La alargada sombra del amor", además de leer una muy buena historia con un sentimiento profundo de pérdida tras la muerte de un ser querido, nos encontramos con palabras que hacen música, con personajes con los que empatizamos enseguida, expresada en capítulos que van desde unas pocas páginas a un par de párrafos.
Mathias, homónimo del autor, acaba de perder a su madre, tras una larga enfermedad que la ha mantenido encadenada a una serie de máquinas para mantenerla con vida. Junto con su padre y su hermana, deben afrontar lo que es la vida después de la muerte de un ser querido, cada quien a su manera.
Mientras espera a su padre y hermana en el hospital, donde yacen los restos de su madre, se le aparece Jack, un gigante que dice tener un doctorado en Sombrología. Le entrega al protagonista parte de su sombra, para que pueda sanar su corazón, y tres libros para que el dolor por la muerte de su madre no le consuma la vida.
Poco a poco, Mathias aprende cómo se puede usar esa sombra, lo que lo llevará a ver, y experimentar, cosas que el resto de su familia no puede. Jack aparece de tanto en tanto, para ayudar al protagonista a sobrellevar el duelo, y a evitar que se hunda en malas elecciones. A veces alegre y chistoso, a veces serio, es un personaje entrañable que le muestra a Mathias que la vida sigue, incluso luego de la pérdida de un ser querido.
Con un ritmo que hace que el tiempo dentro del libro no tenga importancia, la historia va desarrollándose, capítulo a capítulo, con palabras que parecen escucharse más que leerse. Como una canción que te ayuda a sanar, a salir de un mal momento de tu vida hacia otro más luminoso, "La alargada sombra del amor" es una novela corta, que se lee rápido y deja una sensación, no agradable, sino perdurable. Esa que sientes cuando recuerdas el proceso de sanar de una gran herida.
Malzieu sabe de ritmo, y sabe cómo transmitir más que mensajes, emociones. La atmósfera se puede escuchar, más que percibir. Es en estas páginas donde se nota la diferencia que hay entre el sentir la música, al punto de poder incluirla en otros medios, y el saber de música. El leer esta novela es, en pocas palabras, una experiencia sublime.