“Prácticamente ya las tengo a todas -dice Demitrópulos en una entrevista a Nora Domínguez- Río de las Congojas es la Mesopotamia, Un piano en Bahía Desolación, el sur, La flor de hierro, el noroeste. Así a grandes manchones. Lo último, no publicado, es toda la región del noroeste: Chaco, Formosa, Corrientes, otra región fascinante. Se titula La Mamá de Coca y hace referencia al narcotráfico. Es una novela terminada hace tres años, estoy buscando editor y no consigo. Todo eso es lo que me lleva a ser una escritora no regional. Algunos escritores provincianos dicen que hay que escribir nada más que de su región. Yo escribo sobre regiones a las que nunca fui ni creo que iré.“
Es la historia de Gin-Whisky, de Nancy y de tantos personajes más. Pero para empezar, yo diría que se trata de un pedazo de Historia, de esa con H mayúscula. Estamos a finales del siglo XIX en el extremo sur de la Argentina, en aquella Tierra del Fuego donde buena parte del territorio está todavía por descubrir y donde los personajes más abigarrados llegan en búsqueda de salvación, aventuras, dinero fácil, olvido y también, por qué no, de un lugar para escapar de la civilización. En esos confines del mundo, nos encontramos con el lobero Gin-Whisky, dueño de una embarcación gracias a la cual vuelve cada tanto a la tierra con una bolsita de oro, fruto de la venta de la piel de los lobos marinos, con la inglesa Nancy llegada para ser vendida al marido que la había encomendado, con Isidoro Prutt, doble de Gin-Whisky que se quiere fundir en las tierras Patagonicas en un intento de olvidarse completamente de su pasado y de convivir con sus habitantes nativos y con un sinfín de personajes que vienen a poblar este relato multifacético. Este último empieza en un bar de la ciudad, pasa por muchos prostíbulos, conventos desde los cuales las monjas desaparecen a la noche, bahías en las cuales se da lugar el crisol mestizo de razas al son de un piano comido por la humedad y termina en el mar, verdadero punto neurálgico de los relatos marineros y del destino de todas esas almas cuyo encuentro solo pudieron hacer posibles los mitos sobre la Argentina finisecular.
La escritora quiso hacer una novela sobre el sur y se siente: el lector está en permanente contacto con la nieve, con esas hojarascas de viento, aquel mar elevado al rango de personaje y que se traga a todos los otros habitantes del relato. Si querías empezar el año con una novela con un telón de fondo histórico, que no es costumbrista, que resulta a veces poética y onírica y cuya crítica a los advenedizos de la historia se deja vislumbrar entre las olas todopoderosas del Atlantico, ¡no lo dudes y empezá esta novela!