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102 pages, Paperback
First published January 1, 1981
“Que Dios ha dispuesto el castigo corporal (y la Madre Naturaleza ha diseñado el lugar apropiado para el martirio) es indudable… visto de este modo, sus castigos no son simplemente necesarios, pueden ser incluso hermosos.”No podrán decir que el título no es tentador, por bajo que sea el nivel de perversión y libertinaje que ustedes profesen. Algo así predispone inmediatamente a pensar en un oscuro espectáculo de sadomaso y, dada la categoría del escritor, a una completa y metafísica instrucción sobre todo aquello que signifique e implique la depravada relación que se establece entre amo y esclava. Vamos, lo que viene siendo la típica búsqueda de una primitiva excitación sexual haciendo ver que estamos interesados en las grandes respuestas a las grandes preguntas.
“Nuestras pasiones (se recuerda a sí mismo) son nuestras flaquezas. Una especie de fiebre de la mente, que nos deja siempre más débiles de lo que nos encontró.”Y así la empieza uno a leer y así la empieza uno a interpretar y así la empieza uno a disfrutar, hasta que la cosa empieza a ser demasiado rara. Y claro, tras la enésima repetición de la misma escena –la doncella entra en la habitación, abre las ventanas, asea el baño, hace la cama, comete un error, un olvido, o nada y el señor la castiga azotando sus nalgas como si fueran “una hoja en blanco de papel terso y sin usar”- pasa lo que tenía que pasar, “la erección se repliega dentro del pijama como un gusano sorprendido al sol, haciendo un agujero en busca de sombra”.
“Vivir en el pleno sentido de la palabra, lo sabe, no es simplemente existir, sino darse a alguna misión, entregarse a una causa más elevada, pero en verdad se pregunta a menudo… ¿es él quién se ha entregado a un fin más elevado o es ese fin el que lo ha elegido y, en efecto, lo ha capturado a él?”¿No se terminan la gran mayoría de los intentos del artista con el frustrante “mejor que salga y vuelva a entrar” con el que la doncella se pregunta cada día en mitad de sus actividades? O, sencillamente, ¿no será que la paja frustrada se vengó de mí provocándome esta estúpida paja mental con la que les acabo de azotar?
“Mi Dios y mi Rey, que pueda en todas las cosas veros.”


Robert Coover had me at "No. Again."