4,5 ⭐
Me ha gustado mucho esta novela. Ficción histórica, intrigas, una historia de amor a tres bandas y la pluma de Paloma Sánchez-Garnica, para mí, de las mejores escritoras que tienen, ahora mismo, las letras españolas.
La trama es compleja y desarrolla a su vez varias subtramas. Se articula en torno a la figura de Yuri Santacruz. Cuando era un niño, su familia huyó de San Petesburgo a causa de la revolución. No todos pudieron salir de Rusia. Su madre y su hermano se quedaron allí. Encontrarlos, saber que fue de ellos, se convierte para él en una necesidad. En 1933 acepta un trabajo en la embajada de Berlín; desde allí espera poder entrar en Rusia y buscarlos. El régimen nazi y la guerra se cruzarán en su camino. Hasta ahí la sinopsis.
Trama y subtramas están desarrolladas con una prosa fluida. Se lee bien, engancha. Las páginas pasan sin sentir.
Me han gustado mucho la ambientación y la documentación.
Por un lado tenemos la Alemania Nazi desde la ascensión al poder de Hitler en 1933, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Los alemanes, arruinados y humillados tras el Tratado de Versalles, abrazaron el nacionalsocialismo, la doctrina populista que les prometía bienestar, trabajo y recuperar el orgullo perdido. La novela refleja, desde la mirada de la gente común, nazis o no, como, lo que parecía imposible en la civilizada Alemania, ocurrió. De la noche a la mañana, un pueblo europeo y democrático se convirtió en un régimen totalitario de carácter policial. Se promulgaron leyes aberrantes que, la mayoría de los ciudadanos de a pie, fieles seguidores de su Führer, no cuestionaron. Pocos fueron los disidentes y lo pagaron caro. Todo este ambiente, las elecciones de marzo de 1933, el día del boicot a los comercios judíos, la noche de los cristales rotos y demás acontecimientos, lo introduce la autora de manera natural. No resulta forzado, fluye con la trama.
Cada capítulo comienza con uno de los principios de propaganda de Goebbels. Me ha parecido un acierto. Son sobradamente conocidos, especialmente el primero (calumnia, que algo queda, como decía mi abuela). Desde que Goebbels los enunció no han dejado de utilizarse. Esa realidad, de hoy como ayer, siempre me pone los pelos de punta.
En segundo lugar tenemos la Rusia Leninista y Estalinista. Es el otro extremo del populismo totalitario, igual de peligroso y perverso. A Sánchez-Garnica no le duelen prendas a la hora de mostrar "las delicias de los regímenes totalitarios" (sean del signo que sean), y lo que conlleva la pérdida de la democracia, de las libertades y del Estado de derecho.
En ambos escenarios, la Alemania Nazi, y la Rusia Estalinista, la novela tiene momentos muy duros, de esos que te revuelven por dentro y te dejan oprimido el corazón. Igualmente podría decirse de la toma de Berlín por parte de los rusos. Son momentos en los que sus personajes sacan lo peor y lo mejor de sí. La autora sabe conectar con las emociones y lo hace de principio a fin. Ese remover el registro emocional del lector es uno de los puntos más fuertes de esta novela.
Los personajes son otro de esos puntos fuertes. Son personajes complejos, cada uno con una historia detrás y con muchas facetas. Ni protagonistas ni secundarios son clichés, sino personas que afrontan de distintas maneras el momento histórico que les tocó vivir. Como ya he dicho antes, aquella fue una época muy polarizada, que sacó lo mejor de algunos y también lo peor de otros. La autora va a tocar todos esos registros y lo hace de forma creíble.
En la parte ambientada en Alemania, Paloma nos presenta personajes comunes que son nazis fanáticos, capaces (como así ha documentado la historia), de ejercer o justificar como necesaria la maldad en estado puro. Muchos lo fueron hasta el final y emularon a su líder suicidándose con él. También están esos otros, los que se dejaron arrastrar por los cantos de sirena, los que no mostraron ninguna empatía con judíos o disidentes y fueron cambiando su opinión sobre Hitler a medida que se perdía la guerra, cosa que da qué pensar. Los disidentes, el cómo se los acorraló y el precio que pagaron, están representados igualmente. Y por supuesto tenemos a los que ya eran malas personas de entrada y a los oportunistas que medraron durante y después del régimen.
Me ha gustado mucho Yuri, el protagonista, con sus contradicciones, con sus aciertos y sus errores. Es ante todo una persona valiente e íntegra. Krista y su madre han sido mis personajes preferidos, valientes, resilientes y comprometidas pese al miedo a las represalias. Claudia ha sido con la que más me ha costado simpatizar. Más de una vez me ha recordado al perro del hortelano. Otras muchas la hubiese estrangulado. Pese a todo le reconozco ese punto de valentía y de buen corazón. Es el personaje con más facetas, el que más evoluciona, aunque no pude evitar preguntarme si habría evolucionado de la misma manera de ser otro el curso de la guerra.
En la parte ambientada en Rusia, nos vamos a sumergir en una atmósfera de miedo. El miedo generalizado, tanto en la población común, como entre los que ostentaban cargos, de acabar represaliados en Siberia o ejecutados. Ese miedo se infiltró, como un veneno, en todo el estrato social y llevó a muchas personas a cometer actos execrables.
Especialmente perverso en ambos regímenes fue el adoctrinamiento de niños y adolescentes, Ernestine y (aunque en menor medida), Hans, el hijo de Claudia, en Alemania y Kolia, el hermano de Yuri en Rusia, son representativos de esta aberración.
Por último dos personajes secundarios que me han gustado mucho. Fritz, el periodista alemán disidente, el que trató de contar lo que realmente estaba pasando y Axel, el alemán comunista, que se dejó llevar por otros cantos de sirena, los del paraíso del proletariado. Idealista hasta el final pese a a lo que vio y vivió.
Igualmente me ha gustado la historia de amor a tres bandas, que se prolonga a lo largo de toda la novela. Ha habido situaciones que me han gustado más que otras y me temo, por muy subjetivo que sea, que es imposible no tomar partido. No digo más porque sería hacer un spoiler.
El final es bueno y emociona, aunque me ha dejado una sensación agridulce. Vaya por delante que los libros y sus finales los escriben los autores no los lectores. Por eso no sé si soy objetiva en esta observación, pero ante un determinado hecho del desenlace, no pude evitar preguntarme, qué necesidad había.
Solo le pongo un pero a la novela, las casualidades o los encuentros casuales, en concreto dos. Una se da al poco de empezar la novela, la otra estando ya bastante avanzada. La segunda, se la compro, no me chirrió, aunque me hubiera gustado saber más de cómo se llegó a ese encuentro. En cambio, la primera, que es crucial para el desarrollo posterior de la trama, no he terminado de verla. La maestría de la autora a la hora de sumergirnos en la historia, ha hecho que casi se me olvidara, pero solo casi.
En conclusión, una magnífica novela, bien escrita, bien desarrollada, merecedora de premio y con la que he disfrutado mucho. La recomiendo sin dudar.