Hubo dos cosas que me gustaron mucho de esta novela: En primer lugar, el repseto y cuidado que muestra Sánchez Mora por sus personajes. Se ve el cariño con el que los retrata, especialmente en la primera mitad, la cual representa muy claramente como, cuando nos sucede una desgracia, parte del duelo involucra dirigir nuestra frustración hacia afuera, hacia otras personas que, por supuesto, no son realmente responsables de lo que nos sucedió. En la segunda parte, Sánchez Mora introduce un segundo tema, y aunque la idea misma no es rara en el mundo literatio, Sánchez Mora la logra muy bien y ésta es la segunda razón por la cual este libro me gustó tanto, que es como las diferentes personas involucradas en una historia la cuentan y se la cuentan a sí mismas. A fin de cuentas, después de conocer las diferentes versiones de quien era el difunto al centro de la novela (incluso la del propio muerto) lo único que podemos saber es que nunca sabreos la verdad detrás de las historias. Muy recomendable.