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Kindle Edition
Published June 21, 2023
Gracias a P. leí mi primera novela de trama eminentemente lésbica, ambientada en la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XIX: El lustre de la perla (1998) de Sarah Waters (Neyland, Gales, 1966). Qué titulo tan horrible, pensé cuando me tendió el ejemplar de la edición española, publicada por Anagrama (2004), que todavía conserva en su biblioteca. Luego averigué que está sacado de la jerga victoriana para cunnilingus, la práctica sexual que consiste en estimular con la lengua o la boca los genitales femeninos. Lo disfruté hasta la última página pese a su cuestionable, según algunos, calidad literaria (eso para mí entonces era lo de menos), y poco después descubrí que Waters era autora de otros (muchos, y casi todos superventas) libros protagonizados por mujeres que vivían apasionadas historias de amor homosexual que llevaban siempre asociados dos términos: erotismo y misterio.
Lo del misterio puede ser cierto, pues Waters pasa por ser una escritora de un suspense bastante psicológico y bien construido, por cierto. Pero ¿erotismo? ¿Por qué en la ficción, ya sea en la literaria o en la cinematográfica, las relaciones sexuales entre mujeres se caracterizan por ser eróticas, mientras que las protagonizadas por una pareja heterosexual son románticas?