A ver, ¿por dónde empiezo? Se vienen spoilers.
La novela comienza con un prólogo de Casquet en el que dice que para ella sería muy fácil escribir siempre la misma trama cambiándole los nombres a los personajes, pero que no va a hacer eso. Luego procede a escribir la misma trama cambiándole los nombres a los personajes.
Todas las novelas de Noemí Casquet contienen lo siguiente: mujer joven que se encuentra en un momento difícil de su vida, sucede algo dramático (una ruptura, una crisis, algún trauma) y eso hace que ella se embarque en un viaje sexual a través del cual obtiene la liberación Y SIEMPRE, SIEMPRE, al lado de un hombre con el que tiene alguna relación en la que hay desequilibrio de poder. En la primera parte de Zorras, la protagonista inicia una relación con dinámicas BDSM en la que ella es sumisa (aunque lo de sumisa es discutible, por supuesto, y por eso esa es la mejor de sus novelas); en la bilogía Cuerpos / Almas literalmente acaba enamorándose de su stalker, un tío creepy (pero tremendamente atractivo) que lo sabe todo de ella y conoce todos sus movimientos y su mundo interior (hola????); y en Éxtasis, acaba teniendo una relación afectivo-sexual con su profesor de tantra, que también es bastante mayor que ella y al final acaba trabajando para él, siendo él quien se encarga de pagar sus gastos al viaje a la India que harán juntos y le pagará un salario. No hay nada como depender económicamente de un hombre al que te une un vínculo afectivo, ¿verdad chicas? Súper revolucionario y novedoso todo.
Veo mucho, pero que mucho activismo performativo en esta novela. Los mejores amigos de la protagonista son estereotipados a más no poder. Una gorda graciosa y un chico gay que es, el estereotipo más rancio de "la locaza" que existe, para que nos entendamos. Más que personajes, parecen accesorios. Sidekicks. Tokens. Lo único que sabemos de ellos es que ella está gorda y es graciosa (y en algún momento se dice que es bisexual) y que él es gay, afeminado y promiscuo. No llegamos a entender nada de sus personalidades, de sus aficiones, de qué les mueve, ni siquiera de por qué están en esta novela. Porque en verdad, no aportan nada a la novela, solo están ahí para apoyar a la protagonista principal. Pero, por supuesto, hay un discursito muy conmovedor contra la gordofobia al principio. Un discursito que no sirve para mucho, porque luego la mejor amiga gorda solo está ahí de adorno y la protagonista, la chica que aparece en la portada, es una chica delgada, canónica, con el cuerpo más normativo que hemos visto en nuestras vidas, bellísima según los cánones occidentales de belleza (por muy balinesa que sea). En la portada nunca se atreven a poner a chicas con cuerpos menos normativos. Las chicas con más curvas, con celulitis, con lorzas, las que podrían ser cualquiera, solo están ahí para los jajas y para avanzar la trama de la protagonista delgada, que es a la que le pasan las cosas y la que tiene las experiencias sexuales. Con un hombre, por supuesto. Porque otro tópico en las novelas de Casquet es que sus protagonistas siempre son muy bicuriosas y experimentan atracción por mujeres, pero a la hora de la verdad, el que les cambia la vida y les provoca la catarsis sexual siempre acaba siendo un tío. Un tío que siempre está buenísimo, porque no pasa nada por añadir un poquito más de (hetero)normatividad tras la máscara de diversidad y liberación. Siempre hay una pequeña descripción de sus abdominales definidos o del torso fibroso. En fin.
Luego está ese uso tan forzado de las palabras en gallego. Como si los gallegos se comunicasen entre ellos hablando casi enteramente en castellano y de vez en cuando dijesen "carallo", "merda" o "muller". Parece que la autora estuviese tratando de decirnos, lectoras, ¿os acordáis de que eran gallegos? Y mira, se van a un bar a comer pulpo a la gallega también. Porque los gallegos solo se alimentan de eso. Cringe cringe cringe. Estereotipos por todas partes. Hay un poco de novela en este estereotipo gigante.
De lo demás, no tengo mucho que decir. Si el point de la novela era introducir el tema del tantra a las lectoras, los diálogos en los que se expone parecen un poco sacados de la Wikipedia. Y eso le quita muchísima magia a la lectura, porque da la sensación que se podría obtener esta información por otros medios que no implican leer una novela llena de estereotipos y de paja. En el diálogo en el que Amisha enumera todos los medicamentos que lleva en el botiquín mientras que sus amigas la convencen de no llevárselos consigo estuve a punto de abandonar el libro. Se me hizo eterno.
Por otro lado, el lado bueno es que este es el libro mejor escrito que ha publicado Casquet. Pese a que la prosa fluye mejor y suena mucho más natural y se nota muchísimo que la escritora ha encontrado su voz, lo he disfrutado muchísimo menos que la trilogía Zorras y la bilogía Cuerpos / Almas. Siento que en este, había mucho menos que contar. Me encantaban las tres protagonistas de la primera trilogía porque se sentían como chicas muy reales. La bilogía sin duda fue intrigante. Pero Éxtasis, en mi humilde opinión, ha resultado ser un batiburrillo de estereotipos e información. No ha habido revelaciones en este libro y en los otros sí que sentí que había mucha información poderosa y que resultaba nueva. Si hay alguna persona ahí fuera que necesita saber que el placer no debería ser un motivo de vergüenza y que la sexualidad es el origen y es una fuerza poderosa, definitivamente no son la target audience de este libro y probablemente no llegará a parar a sus manos. Al fin y al cabo, (la mayoría de) la gente lee para confirmar lo que ya sabe.
Creo que disfrutaría más de la escritura de Casquet si ella se centrase por completo en la faceta periodística y en crear obras en las que narrase su propia experiencia sin la necesidad de contarla a través de personajes con los que cuesta conectar y que suenan como alter egos de ella misma. Sería interesante si ella recopilase sus vivencias y sus experiencias y las recopilase en un libro, como hizo Gabriela Wiener en su libro Sexografías, y las narrase en primera persona. Sin trama, sin personajes, porque al final lo que importa es la divulgación de información y que algunas lectoras puedan conectar con ciertas facetas de la sexualidad que no siempre son conocidas. Los pasajes en los que más brilla su prosa son en los que narra la experiencia pura de la sexualidad humana. No son los diálogos, ni las tramas. Cuando la autora se centra en las experiencias espirituales y en las catarsis emocionales es cuando da gusto leerla, porque esos pasajes rebosan autenticidad y están llenos de belleza, porque se puede percibir que los ha vivido y que todo es natural en ellos.