'Esta luz - Poesía reunida (1947-2004)' incluye todos los libros de poemas de Antonio Gamoneda publicados hasta la fecha, con un apéndice que recoge parte de las versiones de algunos de sus poemas y lleva como epílogo un texto de Miguel Casado. Poeta solitario, la obra de Gamoneda está cargada de un fuerte simbolismo producto de un diálogo constante consigo mismo. La memoria, la historia y el autoanálisis se tensan en una escritura extrañamente densa y esencial a la vez, capaz de ofrecerse como espacio mítico de conocimiento y emoción.
“EXISTÍAN tus manos. Un día el mundo se quedó en silencio; los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos, y nosotros sentíamos bajo nuestra piel el movimiento de la tierra. Tus manos fueron suaves en las mías y yo sentí la gravedad y la luz y que vivías en mi corazón. Todo era verdad bajo los árboles, todo era verdad. Yo comprendía todas las cosas como se comprende un fruto con la boca, una luz con los ojos.”
“MADRE: quiero olvidar esta creencia sin descanso. Nadie ha visto un corazón habitado: ¿por qué este pensamiento irreparable, esta creencia sin descanso? Estar desesperado, estar químicamente desesperado, no es un destino ni una verdad. Es horrible y sencillo y más que la muerte. Madre: dame tus manos, lava mi corazón, haz algo.”
“QUIZÁ el silencio dura más allá de sí mismo y la existencia es sólo un grito negro, un alarido ante la eternidad. El error pesa en nuestros párpados.”
“COMO si te posases en mi corazón y hubiese luz dentro de mis venas y yo enloqueciese dulcemente; todo es cierto en tu claridad:
te has posado en mi corazón,
hay luz dentro de mis venas,
he enloquecido dulcemente.”
“ESTÁS sola en ti, debajo de tu luz, llorando. Hay un pétalo herido en tu rostro. Fluye tu llanto en mis venas. Tú eres mi enfermedad y tú me salvas.”
“Mi manera de amarte es sencilla: te aprieto a mí como si hubiera un poco de justicia en mi corazón y yo te la pudiese dar con el cuerpo. Cuando revuelvo tus cabellos algo hermoso se forma entre mis manos. Y casi no sé más. Yo sólo aspiro a estar contigo en paz y a estar en paz con un deber desconocido que a veces pesa también en mi corazón.”
" Há mar incessante que desconhece o que separa o resplendor da sombra,
e o resplendor e a sombra existem na mesma substância,
na tua infância habitada por relâmpagos."
Imensa morte, chamamentos ( mãe, deus?) desaparições, melancolia, amor, memória, esquecimento, silêncio, outra vez silêncio. Florestas de espinhos, debatendo-se por luz. E chorar. Arrastar, caminhar, purgar, (re)nascer. Facas, cegueira, vertigens e óxidos. Um pedido desesperado por uma mão no coração, por uma lavagem do coração. Visões fragmentadas, escrutínio do abismo. Escuridão, sim, mas muita luz, uma espécie de luz que permeia a sombra. A palavra embebida de (im)pulsão, automatismo urgente, insanidade, obscuridade e simultânea paz, beleza.
Pensava na densidade da poesia de Gamoneda e absorta pelos espaços abertos entre os versos escrevi:
Eu tive os meus nervos de súbito envoltos pela possibilidade Pela imensidão e não podia acreditar não haver palavras, linguagem material que o falasse, o reunisse, o compreendesse inteligível. Um abismo enorme de luz, uma visão fragmentada feita de mil sentidos amalgamados, Prenúncios, intuição ancestral, abertura, respirar nesse espaço quase sufoca, ver quase cega. E então fecho os olhos e desço ao mundo dos conceitos,das limitações espaciais e temporais. E há morte aqui, mas é tão concreta, negra, resoluta, que a razão a beija com medo das divagações cósmicas, como medo de não saber tece um saber final, ponto final, como se o céu tivesse final, e a música , e isto de ver, estar aqui quando tudo e resto podia ser paisagem, ilusão. Só tu sentes que és , profundamente, continuamente, com carne e mais ainda com o espírito. Não pude acreditar nos prenúncios que se desenrolavam para lá das palavras escritas, em bifurcações, afluentes indizíveis mas o ser soube - que nunca iria saber mas é enorme. E isso o prende à sua luz.
Gamoneda me parece un poeta poco sorprendente, sin muchas luminarias ni grandes hallazgos. Su poesía (por lo menos el panorama que da esta antología) establece una línea constante, sin muchos exabruptos de ningún tipo: no hay grandes decepciones pero tampoco lo contrario. En ese sentido me parece que es esa clase de poeta que no es el más popular, ni el mejor pero que, sin duda, se queda con uno y lo acompaña el resto de su vida. Me parece, además, que el mejor Gamoneda se da en sus últimos libros: "Libro de los venenos" y "Arden las perdidas". Lo más interesantes, por mucho.
Un día el mundo se quedó en silencio; los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos, y nosotros sentíamos bajo nuestra piel el movimiento de la tierra.
Tus manos fueron suaves en las mías y yo sentí la gravedad y la luz y que vivías en mi corazón.
Todo era verdad bajo los árboles, todo era verdad. Yo comprendía todas las cosas como se comprende un fruto con la boca, una luz con los ojos.
Estremecedora, sobrecogedora, llena de desazón y obsesión por la muerte, por el dolor histórico, por la injusticia… Más que del existencialismo tendríamos que hablar de una poesía del inexistencialismo, donde las contradicciones y las reiteraciones se conjuran en una especie de juego de espejos, donde la madre aparece como un continuo referente. Una madre que es más que una madre biológica, única presencia tras la muerte del padre, también poeta, cuando Gamoneda solo contaba con un año de edad, en 1932. El horror de la Guerra Civil, así como la miseria de la posguerra están muy presentes en la poesía de Antonio Gamoneda, nacido en Asturias pero leonés en esencia, estilísticamente hablando difícil de encuadrar o encasillar, pero enclavado por algunos críticos en la generación de los 50. Uno de sus poemarios, publicado en los años 6o «Blues Castellano» fue censurado, así como sobre otros han ido lloviendo premios sin cesar. Antonio Gamoneda ha redefinido la poesía como “el arte de la memoria en la perspectiva de la muerte”. Se relaciona su poesía con el expresionismo, que deforma la realidad para dotarla de...
Uno de los libros más hermosos que he leído en mucho tiempo. Ha significado para mi descubrir al autor, a quién exploraré en profundidad. He encontrado poemas conmovedores y su técnica es impecable. Mis poemas favoritos son: “Es un hombre…”, “Yo me callo,…”, “Malos recuerdos”, “Esta es la edad del hierro…”, “Hoy he visto a Cecilia”. Sensibilidad y ejecución impecable.
Me gustan especialmente los primeros y los últimos poemas, pero los centrales adolecen de algo de repetición, y en algunos casos simplemente no me dicen nada.
"Profundidad de la mentira: todos mis actos en el espejo de la muerte. Y los carbones resplandecen sobre la piel de héroes aún despiertos en el umbral de la imbecilidad."