"Mistress Branican" es la única, de las muchas novelas que escribió Jules Verne, en la que la protagonista es una mujer.
En ella, Dolly Starter, que se convierte con el matrimonio en la señora Branican, sufre una enorme tragedia al poco de marchar su marido en un viaje marítimo. Aquello la deja trastornada y no recupera la cordura plena hasta años después, y ahí es cuando comienza su aventura, que en este caso lleva a los lectores de Verne a conocer Australia, un terreno que ya aparecía en otras de sus novelas aunque casi siempre de refilón.
A lo largo de más de 400 páginas el escritor francés nos lleva por varios periplos, algunos en alta mar, protagonizados fundamentalmente por hombres, pero luego en tierra, donde Dolly Starter será el corazón y el cuerpo que arrastre a todos sus compañeros por unas tierras donde los autóctonos pueden ser caníbales, pero los invasores colonizadores son mucho peores.
Verne no se anda con chiquitas con respecto a esto y escribe lo que a día de hoy se pueden leer como críticas a esa colonización salvaje, como por ejemplo: "Si el desiderátum del progreso colonial consiste en el aniquilamiento de una raza, los ingleses pueden vanagloriarse de haber llevado a buen término su obra. Apresúrense a conservar algunos ejemplares de tasmanios para poder exhibirlos en la próxima Exposición universal de Hobart-Town, ¡porque a finales del presente siglo XIX no quedará ninguno!". Una frase terrible que, por otro lado, demostró ser totalmente cierta.
A otro colono australiano le oímos decir: "A todos los hombres que encuentro en mis campos los mato a tiros, porque son asesinos; a todas las mujeres , porque dan al mundo asesinos, y a todos los hijos porque llegarán a ser asesinos".
Para el exterminio, los colonos se valían, como recuerda Verne, de la "native police", que al igual que los niños soldado de muchos países recientes, utilizaba a autóctonos para eliminar a sus congéneres. Como era de esperar, la mayoría de estos miembros de la policía nativa eran reclutados de manera forzosa para exterminar a los suyos.
Así que, una vez más, releer a Verne en este siglo XXI, nos deja ver un mundo pasado, que era fascinante por la riqueza de sus paisajes casi vírgenes, pero al mismo tiempo que era terrible por la crueldad hacia los animales (con descripción de cazas sin ningún sentido) y hacia otros seres humanos.