La ciencia ficción es quizá el género narrativo más representativo del siglo XX. En su amplio registro desde el entretenimiento más imaginativo y desenfadado hasta la crítica cultural más afilada, el género ha demostrado su especial adecuación para abordar como ningún otro nuestras esperanzas y miedos colectivos.
En España no podía ocurrir de otro modo. Desde los años ochenta y noventa —considerados su particular Edad de Oro— hasta hoy, la ciencia ficción ha probado su valía, su inquietud estética y su aceptación por parte de los lectores. Sus cultivadores han explorado desde una rica diversidad de voces los temas tradicionales del género: el viaje en el tiempo, la invasión alienígena, el extrañamiento ante lo desconocido, las proyecciones distópicas… Este volumen pretende ser una invitación a descubrir esa riqueza de estilos y temas —para el lector no iniciado—; y una ocasión para revisitar algunos de los mejores cuentos de ciencia ficción escritos durante los últimos treinta años —para el aficionado—. En cualquiera de los casos, una aproximación, desde cierta familiaridad en la mirada, a ese género que Judith Merrill bautizó como «la literatura de la imaginación disciplinada».
Fernando Ángel Moreno (Madrid, 1971) ha dedicado su carrera investigadora al estudio del lenguaje literario y de la literatura de ciencia ficción, defendiendo siempre la fusión entre universidad y sociedad. Sus trabajos han aparecido en las principales revistas españolas del género y en diversas revistas científicas españolas y extranjeras.
Es también uno de los fundadores de la premiada Hélice: Reflexiones críticas sobre ficción especulativa –máximo referente de la crítica de género en España– e impulsor de numerosos proyectos literarios.
Se licenció y doctoró en Teoría de la Literatura por la UCM con Premio Extraordinario y Primer Premio Nacional Fin de Carrera. Ha sido profesor en la Universidad Alfonso X de Madrid e investigador en la Universidad de Tartu (Estonia). Actualmente es profesor de Teoría del Lenguaje Literario en la UCM.
En el vigésimo segundo programa de Gabinete de Curiosidades se comenta en profundidad el relato El rebaño: https://go.ivoox.com/rf/137147241
Es una tristeza que hallamos perdido a la editorial Salto de Página, de las pocas que apostaron por la narrativa breve y el talento español que de manera suicida aún se atrevía a practicarla; motivo este último que ayudo, en parte, al cierre de este sello. Esta tercera antología que leo está dedicada íntegramente a la ciencia ficción patria, un género en que los españoles no nos hemos prodigado especialmente a lo largo de la historia. Salvo contadas incursiones de nuestros autores más señeros -sin ir más lejos, Unamuno escribió un cuento distópico. Sí, UNAMUNO-, el mundo del bolsilibro y la literatura popular de más ínfima calidad y singulares anomalías como Tomás Salvador y Manuel de Pedrolo, la ciencia ficción en español es muy joven, un invento que coincidió con la Transición a partir del mundo de los bolsilibros, pero con pretensiones más elevadas. En esta antología no se recogen la obra de esta generación, pero sí la de escritores posteriores ya veteranísimos, como Rafael Marín, Cesar Mallorquí y Elia Barceló. Sin embargo, el resto son más "jóvenes", algunos con premios como el Minotauro o el Ignotus bajo el brazo, otros sin apenas obra publicada.
Si algo se puede colegir de esta antología, si acaso sirviera para diagnosticar el estado de salud del género o cuánto músculo es capaz de mostrar frente a la literatura del resto de países -algo que, por otro lado, es injusto, pues la selección no es representativa-, es que no es un género en que destaquemos ni por calidad ni por originalidad, y ,en cuanto a salud y músculo, puede pedirse una baja.
Los cuentos reunidos en esta colección son los siguientes:
El rebaño de Cesar Mallorquí (*****): la humanidad se ha extinguido tras una mascletá nuclear, química y bacteriológica. El último registro de nuestra humanidad reside en un perro pastor y un satélite meteorológico, ambos continuando fielmente con la labor para la que fueron enseñados y programados, respectivamente. Muy Jack London y con la atmosfera melancólica del mejor Bradbury.
La estrella de Elia Barceló (***): la Tierra ha quedado destruida y la humanidad se ha encontrado un nuevo hogar en las estrellas. Sin embargo, una cierta nostalgia se apodera de parte de la sociedad, y una expedición científica será la encargada de regresar a la cuna de la humanidad para evaluar su habitabilidad. Que, al parecer, no es imposible. Barceló es nombre poderoso en este género, pero solo he leído dos relatos suyos y ninguno me ha gustado del todo. Tendré que probar con sus novelas, al parecer.
Mein Fuhrer de Rafael Marín (***): varios viajes en el tiempo se programan y contraprograman para salvar la vida de Hitler y lograr, o impedir, la instauración del Reich de 1000 años. Un cuento muy alocado que el prologuista, muy generoso, encuentra hilarante y que no niego que es simpático.
Besos de Alacrán de León Arsenal (****): el sexo interespecífico es bastante peligroso en este relato, en el que el protagonista acude a su superior huyendo de su mujer extraterrestre, a la que ha fecundado en un rapto de inconsciencia y ahora le quiere muerto. Bastante divertido, no muy original, pero sí eficaz.
Todo lo que un hombre pueda imaginar (todo lo que un hombre puede imaginar) (todo lo que nadie pueda imaginar) de Juan Miguel Aguilera (****): una entrevista entre Julio Verne y el científico jesuita Teilhard de Chardin que se transforma en un viaje en busca del punto Omega, origen y final de toda la existencia. Una carta de amor al género, en especial a su precursor, el romance científico, un tanto almibarada, pero que me ha encantado. Pero, normal, sale Teilhard de Chardin, un hombre que combino la teoría de la evolución con la fe católica creando el primer movimiento new age místico del siglo XX.
Arcan de Manuel Vilas (**): más que ciencia ficción, surrealismo vanguardista con estética de ciencia ficción, en el que una Zaragoza del futuro se prepara para el advenimiento del arcángel Miguel, una entidad cósmica que viaja por el espacio. Manuel Vilas no escribe ciencia ficción. Y se nota.
La carretera de Rodolfo Martinez (***): en el futuro, una empresa utiliza a los dementes recluidos en sanatorios como pilotos suicidas para explorar planetas en los que aún reside tecnología extraterrestre abandonada. Muy macarra.
Dragones en el centro de Joaquín Revuelta (**): toca uno cyberpunk, y como buen cuento de este sub-género, la tecnojerga críptica lo hace en ocasiones indescifrable. Pero, grosso modo, un grupo de ¿mercenarios, ladrones, mafiosos? espera al último de sus integrantes en un local de copas. Conforme pasa el tiempo, las sospechas del jefe de la banda van en aumento, pues ve en ese retraso oscuras intenciones.
Enseñando a un marciano de Daniel Mares (***): otro relato de corte humorístico. Los extraterrestres han llegado a la Tierra y han acabado con toda la humanidad. Con toda excepto con un ser humano, al que han encargado que desveles todos los misterios de nuestra extinta especie. En un alarde de ingenio, el protagonista iniciará un acto de resistencia bastante original: aprovechando la literal y cuadriculada mente de nuestros conquistadores, los engañará para destruirlos.
Patrick Hannahan y las guerras secretas de Eduardo Vaquerizo (***): este es un cuento muy MUY loco y muy MUY complejo: una broma metaliteraria que se fue de las manos. Esta es la historia de Patrick Hannahan, científico anónimo que logró acabar con la Guerra Fría gracias a una máquina capaz de realizar análisis sociológicos a partir de unas pocas páginas de periódico, entre otras muchas y descabelladas funciones.
Tren de Julián Diaz (**): una idea interesante que se queda en una crítica social simplona construida a base de topicazos. En el futuro se ha descubierto el viaje en el tiempo, una tecnología revolucionaria que se utiliza para salvar a algunos individuos aleatorios que hayan muerto en atentados terroristas del pasado. El protagonista, destinado a morir en el 11-M, es rescatado y llevado al futuro, donde pasa de ser un donnadie fracasado a un triunfito, o lo era hasta que el público se aburrió de él.
El olor profundo de la tierra de Juan Antonio Fernández Madrigal (***): en Rusia se ha codificado el genoma de un hombre que portaba una mutación especial: era capaz de oler el petróleo. Las mafias están implantando esta mutación en críos para convertirlos en zahoríes humanos y poder explotar las pocas microbolsas de crudo que aún permanecen ocultas en la corteza terrestre.
Días de otoño de Santiago Exímeno (***): un anciano espera la respuesta a una solicitud para poder abandonar el planeta en una nave espacial rumbo a una colonia extraplanetaria. Un cuento mesurado, con una atmósfera melancólica.
Brigada Diógenes de Juan Jacinto Muñoz Rengel (****): en esta Italia distópica se ha creado un equipo de basureros que luchan contra la suciedad y la putrefacción, representada por aquellos ancianos que han sucumbido al síndrome de Diógenes y acaparan en sus hogares toneladas de desperdicios. Estos enfermos han sido declarados terroristas, y la brigada que da nombre al relato será la encargada de acabar con su amenaza.
Poetik GmbH de Carlos Pavón (***): el protagonista ha perdido a su madre, e incapaz de gestionar este dolor utiliza todos sus recursos para borrar de su genoma todo rastro del material materno. Es un relato de ingeniería genética muy original.
Últimas páginas de una autobiografía de Roberto Bartual (*): otra ucronía, en esta la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto no la han provocado ni perpetrado los alemanes, sino los españoles, pues cierto famoso pintor no pudo acceder a la escuela de arte y se metió a dictador, no como cierto potencial dictador austríaco que sí consiguió ingresar en esta y triunfar. Vomitivo.
El extraño de Matías Candeira (****): más ficción especulativa a lo Ellison que ciencia ficción sensu stricto. El protagonista, tras el mordisco de un gusano mutante en la bañera, sufre una transformación en una monstruosa criatura cornuda, peluda, escamosa, con garras enormes y cola. Su mujer e hija, lejos de asustarse, parecen adorar el ser en que se ha convertido.
Neo Tokio Blues de José Ramón Vázquez (****): el gobierno japones ha diseñado un programa de armas biológicas en forma de estudiantes adolescentes con inconmensurables y terribles poderes. Estas jovencitas tienen que ser tutorizadas y enseñadas para manifestar todo su potencial, y esta será la tarea del protagonista, un aburrido y frustrado profesor de matemáticas que, un día, descubre en uno de los exámenes que tenía que corregir unas palabras de amor de una de sus alumnas, alumna que, RECORDEMOS, tiene 13 años. Ah, Japón, Dios te bendiga.
Probablemente sería algo menos de 5 estrellas, pero creo que es una lectura imprescindible para los aficionados a la ciencia ficción en España. O sea, le añado una estrella por relevancia.
La selección de relatos de esta antología me parece simplemente brillante, así que vaya por delante mi enhorabuena para el editor Fernando Angel Moreno, un erudito en la materia. Es ante todo una muestra de la ciencia ficción que se escribe en español, en España, en un largo periodo que va desde 1981 hasta el año de publicación de la antología, que incluye dos relatos inéditos hasta ese momento.
La selección de cuentos incluye temas tan variados como los viajes en el tiempo, el punto omega o la teoría de supercuerdas de fondo, biotecnología, extraterrestres, e incluso divinidades y monstruos. Los tratamientos son también de lo más variado, desde el intimismo o la crítica social capaz de conectar con la tradición literaria, la historia y los paisajes de nuestro país, hasta la sátira más burlona del género, pasando por relatos más cercanos a la estética del cyberpunk o incluso el manga.
Me he aproximado a esta antología, ávido por entender la ciencia ficción que se hace en España y debo decir que la he devorado. Como es lógico, dada la variedad de temas y estilos, seguramente mis preferencias no coincidirán con las de otros lectores, pero creo que será difícil que un aficionado a la ciencia ficción no encuentre aquí un cuento del que enamorarse.
Yo podría citar más de uno, pero me voy a quedar con el relato que abre la Antología, El rebaño. Hacía ya muchos años que no leía algo con la pasión que aún recuerdo de mis lecturas de la infancia. Lo confieso, este cuento de César Mallorquí me ha hecho viajar en el tiempo…
Reseña: http://www.fabulantes.com/2013/01/pro... "Fabulantes nació con la misión de dar voz a relatos como los que hoy tenemos entre manos, joyas a las que ningún tasador restaría valor, pero que a ojos del comprador resultan mal engarzadas y podrían acabar escondidas en el trastero, con los regalos de boda horribles y los muebles viejos. Fernando Ángel Moreno y la editorial Salto de Página han conseguido un libro redondo, una edición de bandera, de las que se colocan sobre un estante con la certeza de haber mejorado la librería. Prospectivas es una antología infalible que actualiza la recopilación de Julián Díez publicada por Minotauro hace una década. Bravo por ambas. Con armas semejantes es una alegría salir a librar la batalla por la ciencia-ficción en España."
Media estrella por cada cuento que me gustó: "El rebaño", de César Mallorquí; "La estrella", de Elia Barceló; "Mein Führer", de Rafael Marín; "El extraño", de Matías Candeira. El resto... En fin. Pero lo que más me jode de esta antología es que sólo un cuento de los 18 que hay está escrito por una autora. Que hay pocas escritoras de ciencia ficción, dice el editor; claro, porque hay pocas mujeres protagonistas en ciencia ficción. De verdad... Después de leer The Geek Feminist Revolution a mí ya no me la cuelan por ahí: no puedo comerme 400 páginas en las que todas las mujeres (menos las de Elia Barceló, por cierto) son esposas, amantes, madres, etc., y nada más, no en un mundo que admite viajes en el tiempo, encuentros con alienígenas, y recorridos por galaxias desconocidas.
Una interesante selección de las posibilidades de la ciencia ficción.
El primer cuento (El rebaño de César Mallorquí) relata el fin de las cosas con una sensibilidad muy especial. Fue mi favorito por lejos.
Otros que me gustaron harto fueron La estrella de Elia Barceló (mágico e inquietante), Todo lo que un hombre puede imaginar de Juan Miguel Aguilera (desbordante) y Patrick Hannahan y las guerras secretas de Eduardo Vaquerizo (un delirio metalingüístico).