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202 pages, Paperback
First published May 1, 2012
“¡Qué extraño destino me tocó en suerte! He madurado entre ruinas, he estudiado entre ruinas, he amado entre ruinas. A veces pienso que ser rumano significa ser pastor de las ruinas, arquitecto de las ruinas, amante de las ruinas.”No es que falten esos momentos, los hay, pero junto a ellos hay demasiados capítulos de los otros, de los que me interesan mucho menos. Como el propio autor dice en una entrevista, el libro, «especialmente preparado para el lector español», es «una recopilación de textos que sirven de sumario de toda mi obra. […] es donde el lector encontrará el itinerario al resto de mis libros», y es justamente eso, pero yo prefiero más Nostalgia, más Solenoide y menos esos capítulos que también me dejaron frío en Por qué nos gustan las mujeres o Las bellas extranjeras.
“Qué extraño destino me tocó en suerte! He madurado entre ruinas, he estudiado entre ruinas, he amado entre ruinas. A veces pienso que ser rumano significa ser pastor de las ruinas, arquitecto de las ruinas, amante de las ruinas. Un antiguo mito valaco habla del albañil Manole que quería construir el monasterio más grande del mundo. Pero todo lo que edificaba de día se desmoronaba de noche. A veces pienso que él levantaba solo ruinas a propósito, como en Heliópolis, en Troya, en Tenochtitlan, en Pompeya, en Roma, por todas partes en esta trágica tierra, como un memento mori de la ruina cósmica en que vivimos.”
“Al llegar a casa, el apartamento me pareció una madriguera escarbada en el suelo, el escondrijo de una rata. Lloré horas muertas en la bañera. Mis padres, con la cabeza pegada a la puerta del baño, gimoteaban al oír cómo mis lágrimas caían al agua. Pertenecía ahora a otra especie, pues había visto el mar y había resultado ileso. Pero ellos eran gente de tierra adentro, llenos de huesos y raíces.”
“Han comprendido la alegría del anonimato, la alegría de la autosuficiencia de producir textos para unos cuantos amigos, han aprendido a protegerse de la brutalidad del mundo circundante y de la vulgaridad del éxito. Nada es más discreto, más admirable y más triste, en cierto sentido, que el poeta de hoy, el último artesano en un mundo de copias sin original, como escribía Baudrillard, el último ingenuo en un mundo de arribistas.”
“Los libros son como las mariposas. Habitualmente tienen las alas plegadas, como cuando las mariposas descansan sobre una hoja y desenrollan su trompa filiforme para sorber el agua de una gota de rocío. Cuando abres un libro, este echa a volar. Y tú con él, como si volaras en el cuello de plumón de una mariposa gigante. Pero el libro no tiene un único par de alas, sino cientos, clara señal de que te puede llevar no solo de flor en flor por este mundo glorioso, sino a centenares de mundos habitados. Algunos guardan un gran parecido con el mundo en que vivimos, otros están habitados por seres que solo se muestran en sueños.”
Nadie te devolverá los años perdidos en la juventud. Ninguna justificación será válida, por muy noble y humana que sea. Has escrito o no has escrito. Has apresado el tiempo o has dejado que se te escurra entre los dedos. Por ello, en cierto modo, no deberían molestarnos los excesos, la arrogancia, la suficiencia, la agresividad de los jóvenes poetas. Son los ardores del arte por los que hemos pasado todos.