Como muchos otros treintañeros, cuando era joven vestía de negro aunque en mi pueblo hicieran 41ºC; pero además del atuendo oscuro, había que escuchar a Sopor Aeternus y leer a Lautremont, Baudelaire, Rimbaud y Artaud. También había que leer a Lovecraft y Edgar Allan Poe. En aquellos años (hablo de que ya pasaron 20 años) me fascinó Edgar Allan Poe y he regresado constantemente a William Wilson que es uno de mis cuentos favoritos. Ahora que lo releo, ya casado, vestido de verde y con muchísima más neurosis a cuestas, puedo decir que no es la gran cosa.
Si bien es cierto que ahora otros cuentos se posicionaron como favoritos, también muchos que recordaba con cariño se me cayeron de las manos y literalmente me durmieron. Tardé mucho en leer los cuentos porque me daba pereza regresar al libro. Lo veía más como una responsabilidad que como un placer. Gasté mucho en la edición de Cátedra, que la verdad ni está tan buena: la calidad del papel y del empastado, como siempre con Cátedra, deja mucho que desear. Entonces tenía que terminar el libro al menos para desquitar un poco del dinero que pagué.
Confieso que tendré que releer la mayoría de los cuentos porque algunos sentidos se me escaparon. Muchos son más profundos con la luz de la edad, pero también muchos son más sencillos y de finales obvios. Aunque se me pueda reprochar que eran finales obvios porque enterrados, en algún lugar, estaban los recuerdos de aquellas lecturas de juventud. Puede ser.
Mucha gente me critica por algo que digo constantemente: no leas a Edgar Allan Poe cuando ya estás en edad para Chejov, por ejemplo. Yo creo que Edgar es un autor importantísimo para los lectores… jóvenes. Si ya se te fue el tren, pues piénsalo. No digo que dos o tres cuentos no los vayas a disfrutar, sólo digo que no vale la pena comprar todo un recopilado de cuentos si sólo vas a disfrutar dos.
De todos modos la calificación es alta porque se trata de Don Edgar: cualquier cuento, hasta los peores, son mucho mejores que cualquiera que pueda escribir yo o ustedes. Además entra en mi canon personal “El aliento perdido” y “El ángel de lo singular” (el cuento favorito de un amigo que murió de alcoholismo y no puedo negar que estaba pensando en mi amigo cuando lo leí.) Así descubro que vine buscando a un autor de terror y encontré a un autor de comedia. Lo cual no es malo, pero habla un poco de la madurez que vamos teniendo.
Lo fascinante de Poe, como pueden leer en las otras reseñas, es que nadie, casi nadie coincide en sus cuentos favoritos. Quién sabe. Tal vez un cuento que me duerme a mí, para ti es tu favorito. Así pasa.