Sí -dijo-, desde la llegada de los aqueos de las armas de hierro, que ocurrió hace muchos años, los clanes masculinos han sustituido a los femeninos en la mayor parte de Grecia. Los jonios y los eolios ya habían introducido grandes innovaciones, pero la llegada de los aqueos lo volvió todo del revés. Los jonios, los eolios, ya por aquel entonces, habían aprendido a calcular la descendencia a través de la madre, pero para los aqueos la paternidad era, y sigue siendo, lo único que tienen en cuenta al determinar su genealogía, y últimamente han conseguido que la mayoría de los eolios y algunos jonios adopten su punto de vista.
No, no, ¡eso es manifiestamente absurdo! -exclamó la ninfa-. Aunque es claro e indiscutible, por ejemplo, que la pequeña Kore es mi hija, ya que la partera la extrajo de mi cuerpo, ¿cómo puede saberse con certeza quién es el padre? Pues la fecundación no proviene necesariamente del primer hombre a quien yo gozo en nuestras sagradas orgías. Puede provenir del primero o del noveno.
-Los griegos intentan resolver esta incertidumbre -dijo Anceo- haciendo que cada hombre elija lo que llaman una esposa. Una mujer a quien le está prohibido tener por compañero a nadie que no sea él. Entonces, si ella concibe, no puede discutirse la paternidad.
La ninfa le miró de hito en hito y le dijo:
Tienes una respuesta para todo. Pero ¿acaso esperas que me crea que se puede gobernar y guardar hasta tal punto a las mujeres que se les impida disfrutar de cualquier hombre que les apetezca? Imagínate que una mujer joven se convirtiera en la esposa de un hombre viejo, feo y desfigurado como tú. ¿Cómo podría ella consentir jamás en ser su compañera?
Anceo sostuvo su mirada y le respondió:
Los griegos profesan que pueden controlar así a sus esposas. Pero admito que muchas veces no lo consiguen, y que a veces una mujer tiene relaciones secretas con un hombre de quien no es la esposa. Entonces su esposo se pone celoso e intenta matarlos a los dos, a su esposa y a su amante, y si los dos hombres son reyes, llevan a sus pueblos a la guerra y sobreviene gram derramamiento de sangre.
Los aqueos descubrieron que la Triple Diosa era demasiado poderosa para rechazarla o destruirla, como habían tenido intención de hacer al principio, y durante algún tiempo no supieron qué hacer. Después decidieron, en nombre de Zeus, repudiar a su anterior esposo Dione, y obligar a la diosa a casarse con él, de modo que a partir de entonces él fuera el gran Padre y ella simplemente la madre de sus hijos y no ya la gran Madre. Su decisión fue aceptada en general por los demás griegos, intimidados por la venganza tomada contra Apolo, Posidón, Rea y Atenea. Era una decisión de gran importancia ya que autorizaba a todos los padres a convertirse en cabezas de familia y a tener voz y voto en asuntos que hasta entonces se habían dejado enteramente a discreción de sus esposas.
[...] se la empezó a conocer ahora, en su nueva personalidad de consorte de Zeus, únicamente como Hera, protectora de los héroes. Para limitar su poder, los adoradores de Zeus alegaron que él era el padre, a través de otras madres, de muchos de estos héroes. Las reivindicaciones contradictorias causaron muchas disputas religiosas en Grecia, y se rumoreó que Hera había retirado su protección de todos los héroes que se vanagloriaban de tener a Zeus por padre. Los griegos se quejaban de ella, diciendo que era una esposa celosa y una madrastra cruel.
La Triple Diosa en su gracioso carácter de Ninfa no podía quedar excluida de la familia olímpica; pero perdió su antiguo nombre, Mariane, y la obligaron a contraer matrimonio con Hefesto, el dios forjador lisiado, enano y de cara sucia de hollín, que hasta entonces había sido considerado únicamente como un héroe de Lemnos. Le fue impuesto el nuevo nombre, Afrodita, “La nacida de la espuma”. Muchos de los presentes también instaron a que la Triple Diosa quedara representada en el Olimpo en su tercer aspecto principal, el de Doncella, y después de algunas discusiones fue admitida como la Doncella Cazadora y conocida con el nombre de Artemis de la Luna Nueva, pues Ártemis era el nombre principal de la Triple Diosa entre los pelasgos; pero la nueva Ártemis renació como hermana de Apolo, con Leto por madre. Sin embargo, esta concesión no satisfizo a los beocios ni a los atenienses: la diosa Doncella ejercía sobre ellos una fuerza afectiva tan poderosa en su carácter de Atenea que tuvieron que encontrarle otro puesto en el Olimpo. Después de muchas discusiones fue admitida como Atenea, pero sólo con la condición de que ella también sufriera un renacimiento, negando ser la hija de la Madre y alegando que había brotado, completamente armada, de la cabeza de Zeus; esto se hizo para demostrar que el padre Zeus podía engendrar hijos, incluso hembras, sin tener que recurrir a la matriz femenina, mediante un simple acto de su libre albedrío. Atenea se arrepintió de su intento de derrocar a Zeus y se convirtió en la más obediente y trabajadora de todas sus hijas, y en su más celoso defensor contra la ilegalidad.
Las competiciones, conocidas como los Juegos Olímpicos, fueron organizadas por el joven Alceo de Tirinto, el principal campeón varón de la Triple Diosa y descendiente por línea materna de Andrómeda. Él mismo ganó las carreras pedestres y las competiciones de lucha. Alceo, un hombre de fuerza y estatura descomunales, jefe de la hermandad del Toro en Tirinto, había llegado a Olimpia profiriendo amenazas contra los enemigos de la diosa; pero, como casi siempre ocurre con hombres fuertes e impetuosos, fue engañado con facilidad. Los partidarios de Zeus le hicieron comer y beber en abundancia y le indujeron a creer que los había forzado a otorgarle muchas e importantes concesiones a la diosa en su nueva posición -y en efecto, Alceo había hecho más por ella que ninguno otro: había amenazado con destruir la sala de conferencias con su maza de olivo forrada de metal a no ser que se acordara que no fuera mayor el número de dioses que de diosas en el Olimpo. Asi pues, cuando los aqueos introdujeron a Ares, Hefesto, y Hermes en la familia olímpica, Alceo introdujo a la Triple Diosa en dos aspectos más: como Deméter, diosa madre de los Cereales y madre de Perséfone, y como Hestia, diosa del Hogar. De este modo había seis dioses y seis diosas en el nuevo Panteón. Pero quedó claro a los ojos de todos que Alceo habá sido engañado al verse obligado a aceptar, en nombre de la diosa, mucho menos de lo que a ella le correspondía, pues ahora tanto en el cielo como en el mar, y tanto en el mundo subterráneo como en la tierra, estaba sometida a la tutela masculina; y cuando la gran sacerdotisa de la Triple Diosa en Olimpia, sentada con el cetro de cuco en la mano, en la divina fiesta de Hera, le preguntó si había actuado por traición o por estupidez, él le disparó una flecha que le atravesó los dos senos -una acción vergonzosa que atrajo sobre él la peor de las suertes. Más tarde Alceo se hizo famoso bajo su nuevo nombre de Hércules o de Heracles, que significa “gloria de Hera”, nombre que adoptó cuando dejó la hermandad del toro y se convirtió en un hombre-león, con la esperanza de aplacar la ira de la diosa a quien había lastimado. pg 47
Los arqueros de Apolo lanzaron un ataque de represalia sobre Dodona, matando con sus flechas a todos los hijos de los Cíclopes, los forjadores de Dodona, que construían los muebles sagrados para los altares de Zeus, Posidón y Hades y que se llamaban Hombres del Ojo Único porque trabajaban con un ojo protegido contra las chispas que saltaban de sus yunques.
Pelias esperaba que Hércules aceptaría el mando de la expedición, pues así Jasón perdería su gloria. Además, Hércules, que sufría ataques de locura, tenía fama de ser tan terrible con sus amigos que con sus enemigos. Era capaz de levantar repentinamente su enorme maza recubierta de bronce y matar de un golpe a cinco o seis de sus compañeros por algún insulto o alguna injuria imaginada; y luego rugía de remordimiento, y golpeaba su enorme cabeza contra la pared. pg 89
Hércules atrajo a Hilas a su lado y le dio tres o cuatro besos sonoros en el cuello y en la cara.
Lo es todo para mí -exclamó- y es el más valiente de todos. Dentro de un año o dos, ahora que ya ha llegado a la pubertad, pienso iniciarlo en la hermandad del León. No somos muchos pero, por las Serpientes Sagradas, ¡cómo hacemos notar nuestra presencia en el mundo! [...] El pobrecito es huérfano -dijo- Yo mismo maté a su padre. Esto es lo que sucedió: yo vagaba por el oeste de Tesalia en no sé qué expedición, y un buen día me sentí muy hambriento. Me encontré con un labrador dríope que araba un barbecho en un valle protegido, profiriendo las acostumbradas imprecaciones obscenas para obtener buena suerte. Yo le saludé diciendo: “Dichoso labrador, estoy tan hambriento que me comería un buey”. Él respondió con una sonrisa pero continuó con sus maldiciones, diciendo que al menos no me comiera su buey antes de que estuviera el campo arado y gradado. “Por las Serpientes Sagradas”, exclamé yo, perdiendo la paciencia, “lo haré si me da la gana”. “Ten cuidado”, dijo él, “yo soy Tiodamante el dríope, te exijo que no me hables de esta forma tan perentoria”. Y yo le respondí: “A los cuervos con tu . Yo soy Hércules de Tirinto y siempre digo, hago y consigo lo que me place. El otro día en Delfos le dije a la pitonisa exactamente lo que te acabo de decir a ti; pero ella se negó a creerme”. Tiré del trípode sagrado sobre el cual estaba sentada y lo saqué fuera del santuario. “Y ahora”, le dije, “si hace falta haré mi propio oráculo”. ¡Jo, jo! Eso pronto le hizo recobrar su sano juicio. Pero Tiodamante o no había oído hablar nunca de mí, o si no, no podía creer que yo era yo. Me amenazó con la aguijada de su buey y yo le di un golpecito amistoso con mi maza y le partí el cráneo como si fuera una cáscara de huevo. ¡Ay de mí! Yo no quería matarle. Nunca sé medir mi propia fuerza, ésta es mi maldición. [...] Él y yo pronto nos hicimos tan amigos que me lo llevé en mi zurrón. Desde entonces siempre me ha acompañado en todas mis aventuras. Dicen que su madre murió de pena por su doble pérdida. pg 93
Hércules prolongó sus trabajos con una serie de tareas voluntarias, muchas de ellas más extraordinarias que las impuestas por Euristeo. Esto lo hacía para demostrar el desdén que sentía por su amo. Puede parecer sorprendente que Euristeo tuviera siquiera un poder mínimo sobre Hércules, pero la historia es como sigue:
Después de su victoria sobre los minias en Orcómeno, Hércules (conocido antes como Alceo) había sido recompensado por el rey de Tebas con la mano de su hija mayor Mégara, pero cuatro años más tarde, en uno de sus ataques de embriaguez, mató a los hijos que tuvo con ella y a dos de sus sobrinos al mismo tiempo, confundiéndolos con serpientes o lagartos. Sus espíritus empezaron a perseguirlo. Los acostumbrados ritos de purificación no surtieron efecto porque el espíritu de los propios hijos no se puede engañar con facilidad. En consecuencia fue a Delfos para pedirle consejo a Apolo, quejándose de que de pronto sentía como le pellizcaba las piernas y le tiraban de la túnica y unas voces infantiles resonaban en su cabeza. El gran sacerdote no había olvidado la gran hostilidad que Hércules había mostrado por la nueva religión y le ordenó convertirse durante todo un “gran año” en siervo del rey Euristeo, cuyo padre Esténelo había sido asesinado por Hilo, un hijo de Hércules. Tenía que hacer cuanto le ordenase Euristeo, dentro y fuera de lo razonable, y se le prometió que al concluir el año desaparecerían por completo aquellos pellizcos y aquellas voces. Mientras tanto, los médicos sagrados le recetaron paliativos. Un “gran año” son casi ocho años, y cuando finaliza, el sol, la luna y los planetas vuelven a estar todos situados en el lugar en que se encontraban al comenzar. pg 90
Sí -dijo-, desde la llegada de los aqueos de las armas de hierro, que ocurrió hace muchos años, los clanes masculinos han sustituido a los femeninos en la mayor parte de Grecia. Los jonios y los eolios ya habían introducido grandes innovaciones, pero la llegada de los aqueos lo volvió todo del revés. Los jonios, los eolios, ya por aquel entonces, habían aprendido a calcular la descendencia a través de la madre, pero para los aqueos la paternidad era, y sigue siendo, lo único que tienen en cuenta al determinar su genealogía, y últimamente han conseguido que la mayoría de los eolios y algunos jonios adopten su punto de vista.
No, no, ¡eso es manifiestamente absurdo! -exclamó la ninfa-. Aunque es claro e indiscutible, por ejemplo, que la pequeña Kore es mi hija, ya que la partera la extrajo de mi cuerpo, ¿cómo puede saberse con certeza quién es el padre? Pues la fecundación no proviene necesariamente del primer hombre a quien yo gozo en nuestras sagradas orgías. Puede provenir del primero o del noveno.
-Los griegos intentan resolver esta incertidumbre -dijo Anceo- haciendo que cada hombre elija lo que llaman una esposa. Una mujer a quien le está prohibido tener por compañero a nadie que no sea él. Entonces, si ella concibe, no puede discutirse la paternidad.
La ninfa le miró de hito en hito y le dijo:
Tienes una respuesta para todo. Pero ¿acaso esperas que me crea que se puede gobernar y guardar hasta tal punto a las mujeres que se les impida disfrutar de cualquier hombre que les apetezca? Imagínate que una mujer joven se convirtiera en la esposa de un hombre viejo, feo y desfigurado como tú. ¿Cómo podría ella consentir jamás en ser su compañera?
Anceo sostuvo su mirada y le respondió:
Los griegos profesan que pueden controlar así a sus esposas. Pero admito que muchas veces no lo consiguen, y que a veces una mujer tiene relaciones secretas con un hombre de quien no es la esposa. Entonces su esposo se pone celoso e intenta matarlos a los dos, a su esposa y a su amante, y si los dos hombres son reyes, llevan a sus pueblos a la guerra y sobreviene gram derramamiento de sangre.
Los aqueos descubrieron que la Triple Diosa era demasiado poderosa para rechazarla o destruirla, como habían tenido intención de hacer al principio, y durante algún tiempo no supieron qué hacer. Después decidieron, en nombre de Zeus, repudiar a su anterior esposo Dione, y obligar a la diosa a casarse con él, de modo que a partir de entonces él fuera el gran Padre y ella simplemente la madre de sus hijos y no ya la gran Madre. Su decisión fue aceptada en general por los demás griegos, intimidados por la venganza tomada contra Apolo, Posidón, Rea y Atenea. Era una decisión de gran importancia ya que autorizaba a todos los padres a convertirse en cabezas de familia y a tener voz y voto en asuntos que hasta entonces se habían dejado enteramente a discreción de sus esposas.
[...] se la empezó a conocer ahora, en su nueva personalidad de consorte de Zeus, únicamente como Hera, protectora de los héroes. Para limitar su poder, los adoradores de Zeus alegaron que él era el padre, a través de otras madres, de muchos de estos héroes. Las reivindicaciones contradictorias causaron muchas disputas religiosas en Grecia, y se rumoreó que Hera había retirado su protección de todos los héroes que se vanagloriaban de tener a Zeus por padre. Los griegos se quejaban de ella, diciendo que era una esposa celosa y una madrastra cruel.
Sí -dijo-, desde la llegada de los aqueos de las armas de hierro, que ocurrió hace muchos años, los clanes masculinos han sustituido a los femeninos en la mayor parte de Grecia. Los jonios y los eolios ya habían introducido grandes innovaciones, pero la llegada de los aqueos lo volvió todo del revés. Los jonios, los eolios, ya por aquel entonces, habían aprendido a calcular la descendencia a través de la madre, pero para los aqueos la paternidad era, y sigue siendo, lo único que tienen en cuenta al determinar su genealogía, y últimamente han conseguido que la mayoría de los eolios y algunos jonios adopten su punto de vista.
No, no, ¡eso es manifiestamente absurdo! -exclamó la ninfa-. Aunque es claro e indiscutible, por ejemplo, que la pequeña Kore es mi hija, ya que la partera la extrajo de mi cuerpo, ¿cómo puede saberse con certeza quién es el padre? Pues la fecundación no proviene necesariamente del primer hombre a quien yo gozo en nuestras sagradas orgías. Puede provenir del primero o del noveno.
-Los griegos intentan resolver esta incertidumbre -dijo Anceo- haciendo que cada hombre elija lo que llaman una esposa. Una mujer a quien le está prohibido tener por compañero a nadie que no sea él. Entonces, si ella concibe, no puede discutirse la paternidad.
La ninfa le miró de hito en hito y le dijo:
Tienes una respuesta para todo. Pero ¿acaso esperas que me crea que se puede gobernar y guardar hasta tal punto a las mujeres que se les impida disfrutar de cualquier hombre que les apetezca? Imagínate que una mujer joven se convirtiera en la esposa de un hombre viejo, feo y desfigurado como tú. ¿Cómo podría ella consentir jamás en ser su compañera?
Anceo sostuvo su mirada y le respondió:
Los griegos profesan que pueden controlar así a sus esposas. Pero admito que muchas veces no lo consiguen, y que a veces una mujer tiene relaciones secretas con un hombre de quien no es la esposa. Entonces su esposo se pone celoso e intenta matarlos a los dos, a su esposa y a su amante, y si los dos hombres son reyes, llevan a sus pueblos a la guerra y sobreviene gram derramamiento de sangre.
Los aqueos descubrieron que la Triple Diosa era demasiado poderosa para rechazarla o destruirla, como habían tenido intención de hacer al principio, y durante algún tiempo no supieron qué hacer. Después decidieron, en nombre de Zeus, repudiar a su anterior esposo Dione, y obligar a la diosa a casarse con él, de modo que a partir de entonces él fuera el gran Padre y ella simplemente la madre de sus hijos y no ya la gran Madre. Su decisión fue aceptada en general por los demás griegos, intimidados por la venganza tomada contra Apolo, Posidón, Rea y Atenea. Era una decisión de gran importancia ya que autorizaba a todos los padres a convertirse en cabezas de familia y a tener voz y voto en asuntos que hasta entonces se habían dejado enteramente a discreción de sus esposas.
[...] se la empezó a conocer ahora, en su nueva personalidad de consorte de Zeus, únicamente como Hera, protectora de los héroes. Para limitar su poder, los adoradores de Zeus alegaron que él era el padre, a través de otras madres, de muchos de estos héroes. Las reivindicaciones contradictorias causaron muchas disputas religiosas en Grecia, y se rumoreó que Hera había retirado su protección de todos los héroes que se vanagloriaban de tener a Zeus por padre. Los griegos se quejaban de ella, diciendo que era una esposa celosa y una madrastra cruel.