El Sur es como esos dioramas construidos dentro de una cajita, que para verlos hay que acercar el ojo a una mirilla en su parte frontal. Entonces descubres una pequeña escena en penumbra, inmóvil y misteriosa, de la que no acabas de entender por qué te causa tanta melancolía. Bene participa también de esa atmósfera enigmática, aunque parezca un poco más abierta a un mundo exterior a ella. Me ha recordado lejanamente a Cumbres borrascosas, si en esta sus personajes no fuesen tan histéricos, o su histeria hubiese tomado un cariz más sobrenatural. Llevo mucho tiempo encontrando menciones, no frecuentes pero sí unánimes, que hablaban de Adelaida García Morales como si se tratara de una escritora de culto. Ahora entiendo por qué.