Rebeca Favila nos demuestra que la poesía es parte de nuestra genealogía, está en los bordados de las tías y los guisos de la abuela, en el esmero con que la madre cuida las plantas y en ella misma, en la forma de reconocerse parte de esa estirpe de mujeres. Este libro es una invitación para adentrarnos a ella, oler las plantas y el tiempo es una casa que guarda más que muebles, recuerdos y palabras.