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Desde mis poemas

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La poesia de Claudio Rodriguez es la mas original de la generacion del 50, la mas fiel a si misma. Su proceso creador resulta un metodo de conocimiento que, basado en referentes sencillos de los que se nutre y a los que transforma, instaura una nueva realidad mediante un lexico comun.

264 pages, Paperback

First published January 1, 1983

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Claudio Rodríguez

50 books13 followers

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Displaying 1 - 5 of 5 reviews
Profile Image for lectoraestilosa: Alba.
187 reviews30 followers
December 23, 2023
Esta antología me ha sacado "tan sólo una sonrisa". Y ha sido vivir en un constante "día de sol". 🫶☀️

Solo son dos títulos de dos poemas que me han marcado (y mucho). Del primero:

"Sólo se pierde lo que no se ama.
¿O aquello que se ama?"

Y ahora del segundo:

"Me he puesto tantas veces al sol sin darme cuenta."

La calidez de sus poemas es brutal. Claudio Rodríguez y sus versos son sosiego, calma en la tempestad, brisa en un día revuelto.

"Es la hora. Entra ya un trémulo
albor. Nunca la luz fue tan temprana." 💫

Vale la pena un montón.

A 💋
Profile Image for Rafael.
344 reviews
November 24, 2015
[…] Sigo. Seguir es mi única esperanza.
Seguir oyendo el ruido de mis pasos
con la fruición de un pobre lazarillo.
Pero ahora eres tú y estás en todo.
Si yo muriese harías de mí un surco,
un surco inalterable: ni pedrisca,
ni ese luto del ángel, nieve, ni ese
cierzo con tantos fuegos clandestinos
cambiarían su línea, que interpreta
la estación claramente. ¿ y qué lugares
más sobrios que estos para ir esperando?
¡Es Castilla, sufridlo! En otros tiempos,
cuando se me nombraba como a hijo,
no podía pensar que la de ella
fuera la única voz que me quedase,
la única intimidad bien sosegada
que dejara en mis ojos fe de cepa.
De cepa madre. Y tú, corazón, uva
roja, la más ebria, la que menos
vendimiaron los hombres, ¿cómo ibas
a saber que no estabas en racimo,
que no te sostenía tallo alguno?

***

[…] Queda, ráfaga de un beber de gaviota,
la extraña forma de crear, la bella
costumbre de decir: "hágase". Quedas
tú misma, tú, exigencia que alguien tiene.
Sencillamente amar una vez sola.
Arcaduz de los meses, vieja y nueva
ignorancia de la metamorfosis
que va de junio a junio. Ve: no espera
nada ni nadie en mí. ¿Qué necesitas?
Nada ni nadie para mi existencia.

[…]

¡Qué diferencia de emoción existe
entre el surco derecho y el izquierdo,
entre esa rama baja y esa alta!
La belleza anterior a toda forma
nos va haciendo a su misma semejanza.
Y es que es así niveles de algún día
para caer sin vértigo de magias,
en todo: en lo sembrado por el aire
y en la tierra, que no pudo ser rampa
de castidad. Y así tiene que vernos.
La luz nace entre piedras y las gasta.
Junta de danzas invisibles, muere
también amontonándose en sus alas.
Pero es distinto ya, es distinto, es
tan distinto que puede hacerse nada.
Si breve es el ocaso que alguien hubo
de iluminar, ahora yo de cada
cenit voy mendigando una ladera
como el relente un sol de lo que mana.
Miro a voces en ti, mira ese río
en la sombra del árbol reflejada
igual, lo mismo, entre la diferencia
de emoción, del sentir, que hace la escala
doblemente vital. Leche de brisas
para dar de beber a la eficacia
de los caminos blancos, que se pierden
por querer ir donde se va sin nada.
Ah, destempladme. ¿Quién me necesita?
¿Quién tiembla sólo de pensar que el alba
o algún pájaro vuelan hacia un lado
más suyo? Rama baja y rama alta.
La belleza anterior a toda forma
nos va haciendo a su misma semejanza.

***

¡Qué hostia la del aliento, qué manera
de crear, qué taller claro de muerte!
No sé cómo he vivido
hasta ahora ni en qué cuerpo he sentido
pero algo me levanta al día puro,
me comunica un corazón inmenso,
como el de la meseta, y mi conjuro
es el del aire, tenso
por la respiración del campo henchida
muy cerca de mi alma en el momento
en que pongo la vida
al voraz paso de cualquier aliento.

***

A las puertas de la ciudad


Voy a esperar un poco
a que se ponga el sol, aunque estos pasos
se me vayan allí, hacia el baile mío,
hacia la vida mía. Tantos años
hice buena pareja con vosotros,
amigos. Y os dejé, y me fui a mi barrio
de juventud creyendo
que allí estaría mi verbena en vano.
¡Si creí que podíais seguir siempre
con la seca impiedad, con el engaño
de la ciudad a cuestas! ¡Si creía
que ella, la bien cercada, mal cercado
os tuvo siempre el corazón, y era
todo sencillo, todo tan a mano
como el alzar la olla, oler el guiso
y ver que está en su punto! ¡Si era claro:
tanta alegría por tan poco costo
era verdad, era verdad! Ah, cuándo
me daré cuenta de que todo es simple.
¿Qué estaba yo mirando
que no lo vi? ¿Qué hacía tan tranquila
mi juventud bajo el inmenso arado
del cielo si en cualquier parte, en la calle,
se nos hincaba, hacia el trabajo
removiéndonos hondo a pesar nuestro?
Años y años confiando
en nuestros pobres laboreos, como
si fuera nuestra la cosecha, y cuánto,
cuánto granar nos iba
cerniendo la azul criba del espacio,
nada era nuestro ya: todo nuestro amo.
Como el Duero en abril entra la casa
del hombre y allí suena, allí va dando
su eterna empresa y su labor, y, entonces,
¿qué se podría hacer: ponerse a salvo
con el río a la puerta,
vivir como si no entrara hasta el cuarto,
hasta el más simple adobe el puro riego
de la tierra y del mundo?; y bien, al cabo
así nosotros, ¿qué otra cosa haríamos
sino tender nuestra humildad al raso,
secar al sol nuestra alegría, nuestra
sola camisa limpia para siempre?
Basta de hablar en vano
que hoy debo hacer lo que debí haber hecho.
Perdón si antes no os quise dar la mano
pero yo qué sabía. Vuelvo alegre
y esta calma de puesta da a mis pasos
el buen compás, la buena
marcha hacia la ciudad de mis pecados.
¡De par en par las puertas! Voy. Y entro
tan seguro, tan llano
como el que barbechó en enero y sabe
que la tierra no falla, y un buen día
se va tranquilo a recoger su grano.

***

A LAS GOLONDRINAS

Gracias, gracias os doy con la mirada
porque me habéis traído aquellos días,
vosotras, que podéis ir y volver sin perder nada.

***

ALTO JORNAL



Dichoso el que un buen día sale humilde
y se va por la calle, como tantos
días más de su vida, y no lo espera
y, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo alto
y ve, pone el oído al mundo y oye,
anda, y siente subirle entre los pasos
el amor de la tierra, y sigue, y abre
su taller verdadero, y en sus manos
brilla limpio su oficio, y nos lo entrega
de corazón porque ama, y va al trabajo
temblando como un niño que comulga
mas sin caber en el pellejo, y cuando
se ha dado cuenta al fin de lo sencillo
que ha sido todo, ya el jornal ganado,
vuelve a su casa alegre y siente que alguien
empuña su aldabón, y no es en vano.

***

La contrata de los mozos

¿Qué estáis haciendo aquí? ¿Qué hacemos todos
en medio de la plaza y a estas horas?
Con tanto sol, ¿quién va a salir de casa
sólo por ver qué tal está la compra,
por ver si tiene buena cara el fruto
de nuestra vida, si no son las sobras
de nuestros años lo que vendemos?
¡A cerrar ya! ¡Vámonos pronto a otra
feria donde haya buen mercado, donde
regatee la gente, y sise, y coja
con sus manos nuestra uva, y nos la tiente
a ver si es que está pasa! ¿A qué otra cosa
hemos venido aquí sino a vendernos?
Y hoy se fía, venid, que hoy no se cobra.
Es tan sencillo, da tanta alegría
ponerse al sol una mañana hermosa,
pregonar nuestro precio y todo cuanto
de hombres darlo a la redonda.
Hemos venido así a esta plaza siempre,
con la esperanza del que ofrece su obra,
su juventud al aire. ¿Y sólo el aire
ha de ser nuestro cliente? ¿Sin parroquia
ha de seguir el que es alquiladizo,
el que viene a pagar su renta? Próspera
fue en otro tiempo nuestra mercancía,
cuando la tierra nos la compró toda.
Entonces, lejos de esta plaza, entonces,
en el mercado de la luz. Ved ahora
en que paró aquel género. Contrata,
lonja servil, teatro de deshonra.
Junto a las duras piedras del rastrillo,
junto a la hoz y la criba, el bieldo y la horca,
ved aquí al hombre, ved aquí al apero
del tiempo. Junto al ajo y la cebolla,
ved la mocil cosecha de la vida.
Ved aquí al mocerío. A ver, ¿quién compra
este de pocos años, de la tierra
del pan, de buen riñón, de mano sobria
para la siega; este otro, de la tierra
del vino, algo coplero, de tan corta
talla y tan fuerte brazo, el que más rinde
en el trajín del acarreo? ¡Cosa
regalada!

Y no viene nadie, y pronto
el sol de junio irá de puesta. Próspera
fue en otro tiempo nuestra mercancía.
Pero esperad, no recordéis ahora.
¡Nuestra feria está aquí! Si hoy no, mañana;
si no mañana, un día. Lo que importa
es que vendrán, vendrán de todas partes,
de mil pueblos del mundo, de remotas
patrias vendrán los grandes compradores,
los del limpio almacén. ¡Nadie recoja
su corazón aún! Ya sé que es tarde
pero vendrán, vendrán. ¡Tened la boca
lista para el pregón, tened la vida
presta para el primero que la coja!
Ya sé que hoy es igual que el primer día
y así han pasado una mañana y otra
pero nuestra uva no se ablanda, siempre,
siempre está en su sazón, nunca está pocha.
Tened calma, los oigo. Ahí, ahí vienen.

Y así seguimos mientras cae la tarde,
mientras sobre la plaza caen las sombras.

***

CÁSCARAS

1
El nombre de las cosas que es mentira
y es caridad, el traje
que cubre el cuerpo amado
para que no muramos por la calle
ante él, las cuatro copas
que nos alegran al entrar en esos
edificios donde hay sangre y hay llanto,
hay vino y carcajadas,
el precinto y los cascos,
la cautela del sobre que protege
traición o amor, dinero o trampa,
la inmensa cicatriz que oculta la honda herida,
son nuestro ruin amparo.
Los sindicatos, las cooperativas,
los montepíos, los concursos,
ese prieto vendaje
de la costumbre, que nos tapa el ojo
para que no ceguemos,
la vana golosina de un día y otro día
templándonos la boca
para que el diente no busque la pulpa
fatal, son un engaño
venenoso y piadoso. Centinelas
vigilan. Nunca, nunca
darán la contraseña que conduce
a la terrible munición, a la verdad que mata.

***

“Por tierra de lobos”
ARRODILLADO sobre
tantos días perdidos
contemplo hoy mi trabajo como a esa
ciudad lejana, a campo
abierto.
Y tú me culpas de ello,
corazón, duro amo.
Que recuerde y olvide,
que aligere y que cante
para pasar el tiempo,
para perder el miedo;
que tantos años vayan de vacío
por si nos llega algo
que cobije a los hombres.
Como siempre, ¿eso quieres?
En manada, no astutos
sino desconfiados,
unas veces altivos
otras menesterosos, por inercia
e ignorancia, en los brazos
del rencor, con la honra
de su ajo crudo y de su vino puro,
tú recuerda, recuerda
cuánto en su compañía
ganamos y perdimos.
¿Cómo podrás ahora
acompasar deber
con alegría, dicha
con dinero? Mas sigue.
No hay que buscar ningún
beneficio.
Lejos están aquellas
mañanas.
Las mañanas aquellas pobres de vestuario
como la muerte, llenas
de rodillas beatas y de manos
del marfil de la envidia y de unos dientes
muy blancos y cobardes,
de conejo. Esas calles
de hundida proa con costumbre añosa
de señera pobreza,
de raída arrogancia, como cuñas
que sostienen tan sólo
una carcoma irremediable. Y notas
de sociedad, linaje, favor público,
de terciopelo y pana, caqui y dril,
donde la adulación color lagarto
junto con la avaricia olor a incienso
me era como enemigos
de nacimiento. Aquellas
mañanas con su fuerte
luz de meseta, tan consoladora.
Aquellas niñas que iban al colegio
de ojos castaños casi todas ellas,
aún no lejos del sueño y ya muy cerca
de la alegría. Sí, y aquellos hombres
en los que confié, tan sólo ávidos
de municiones y de víveres…
A veces, sin embargo, en esas tierras
floreció la amistad. Y muchas veces
hasta el amor. Doy gracias.

II

Erguido sobre
tantos días alegres,
sigo la marcha. No podré habitarte,
ciudad cercana. Siempre seré huésped,
nunca vecino.
Ahora ya el sol tramonta. De esos cerros
baja un olor que es frío aquí en el llano.
El color oro mate poco a poco
se hace bruñida plata. Cae la noche.
No me importó otras veces
la alta noche,
recordadlo. Sé que era lamentable
el trato aquel, el hueco
repertorio de gestos
desvencijados
sobre cuerpos de vario
surtido y con tan poca
gracia para actuar. Y los misales
y las iglesias parroquiales,
y la sotana y la badana, hombres
con diminutos ojos triangulares
como los de la abeja,
legitimando oficialmente el fraude,
la perfidia, y haciendo
la vida negociable; las mujeres
de honor pulimentado, liquidadas
por cese o por derribo,
su mocedad y su frescura
cristalizadas en
ansiedad, rutina
vitalicia, encogiendo
como algodón. Sí, sí, la vieja historia.
Como en la vieja historia oí aquellas
palabras a alta noche, con alcohol,
o de piel de gamuza
o bien correosas, córneas, nunca humanas.
Vi la decrepitud, el mimbre negro.
Oí que eran dolorosas las campanas
a las claras del alba.
Es hora muy tardía
mas quiero entrar en la ciudad. Y sigo.
Va a amanecer. ¿Dónde hallaré vivienda?

***

Cuando amanece alguien con gracia de tan sencillas
como a su lado son las cosas, casi
parecen nuevas, casi
sentimos el castigo, el miedo oscuro
de poseer. Para esa propagación inmensa del que ama
floja es la sangre nuestra. La eficacia de este hombre,
sin ensayo, el negocio
del mar que eran sus gestos ola a ola,
flor y fruto a la vez, y muerte y nacimiento
al mismo tiempo, y ese gran peligro
de su ternura, de su modo de ir
por las calles nos daban
la única justicia: la alegría.
Como quien fuma al pie
de un polvorín sin darse cuenta íbamos con él
y como era tan fácil
de invitar no veíamos
que besaba al beber y que al hacerle trampas
en el tute, más en el mus, jugaba
de verdad, con sus cartas
sin marca. Él, cuyo oficio sin horario
era la compañía, ¿cómo iba
a saber que su Duero
es mal vecino?

II

Caminos por ventilar
que oreó con su asma,
son de tambores del que él hizo arrullo
siendo de guerra, leyes que dividían
a tajo hombre por hombre
de las que él hizo injertos para poblar su agrio
vacío no con saña,
menos con propaganda,
sino con lo más fértil, su llaneza,
todo ardía en el horno de sus setenta y dos años.
Allí todo era alma
siempre atizada, incendio sin cenizas

desde el sueldo hasta el hijo,
desde las canas hasta la ronquera,
desde la pana al alma. Como alondra
se agachaba al andar y se le abría un poco
el compás de las piernas, con el aire
del que ha cargado mucho (tan distinto
del que monta a caballo o del marino).
Apagada la oreja,
oliendo a cal, a arena, a vino, a sebo,
iba sin despedida:
todo él era retorno.
Esa velocidad conquistadora
de su vida, su sangre
de lagartija, de águila y de perro,
se nos metían en el cuerpo como
música caminera. Ciegos para el misterio
y, por lo tanto, tuertos
para lo real, ricos en imágenes
y sólo de recuerdos, ¿cómo vamos ahora
a celebrar lo que es suceso puro,
noticia sin historia, trabajo que es hazaña?

III

No bajo la cabeza,
Eugenio, aunque yo bien sé que ahora
no me conocerían ni aun en casa.
La muerte no es un río, como el Duero,
Ni tampoco es un mar.
Como el amor, el mar
siempre acaba entre cuatro
paredes. Y tú, Eugenio, por mil cauces
sin crecida o sequía,
sin puentes, sin mujeres
lavando ropa, ¿en qué aguas
te has metido?
Pero tú no reflejas, como el agua;
como tierra, posees.
Y el hilván de las calles
de tu barriada al par del río,
y las sobadas briscas,
y el dar la mano sin dar ya veranon
i realidad, ni vida
a mansalva, y la lengua
ya tonta de decir «adiós», «adiós»,
y el sol ladrón y huido,
y esas torres de húmeda
pólvora, de calibre
perdido, y yo con este aire de primero de junio
que hace ruido en mi pecho,
y los amigos... Mucho,
en poco tiempo mucho ha terminado.
Ya cuesta arriba o cuesta abajo,
hacia la plaza o hacia tu taller,
todo nos mira ahora
de soslayo, nos coge
fuera de sitio.
Nos da como vergüenza
vivir, nos da vergüenza
respirar, ver lo hermosa
que cae la tarde. Pero
por el ojo de todas la cerraduras del mundo
pasa tu llave y abre
familiar, luminosa
y así entramos en casa
como aquel que regresa de una cita cumplida.

***

UN SUCESO

Tal vez, valiendo lo que vale un día,
sea mejor que el de hoy acabe pronto.
La novedad de este suceso, de esta
muchacha, casi niña pero de ojos
bien sazonados ya y de carne a punto
de miel, de andar menudo, con su moño
castaño claro, su tobillo hendido
tan armoniosamente, con su airoso
pecho que me deslumbra más que nada
la lengua... Y no hay remedio, y le hablo ronco
como la gaviota, a flor de labio
(de mi boca gastada), y me emociono
disimulando ciencia e inocencia
como quien no distingue un abalorio
de un diamante, y le hablo de detalles
de mi vida, y la voz se me va, y me oigo
y me persigo, muy desconfiado
de mi estudiada habilidad, y pongo
cuidado en el aliento, en la mirada
y en las manos, y casi me perdono
al sentir tan preciosa libertad
cerca de mí. Bien sé que esto no es sólo
tentación. Cómo renuncio a mi deseo
ahora. Me lastimo y me sonrojo
junto a esta muchacha a la que hoy amo,
a la que hoy pierdo, a la que muy pronto
voy a besar muy castamente sin que
sepa que en ese beso va un sollozo.

***

NOCHE ABIERTA

Bienvenida la noche para quien va seguro
y con los ojos claros mira sereno el campo,
y con la vida limpia mira con paz el cielo,
su ciudad y su casa, su familia y su obra.

Pero a quien anda a tientas y ve sombra, ve el duro
ceño del cielo y vive la condena de su tierra
y la malevolencia de sus seres queridos,
enemiga es la noche y su piedad acoso.

Y aún más en este páramo de la alta Rioja
donde se abre con tanta claridad que deslumbra,
palpita tan cerca que sobrecoge, y muy
en el alma se entra, y la remueve a fondo.

Porque la noche siempre, como el fuego, revela,
refina, pule el tiempo, la oración y el sollozo,
da tersura al pecado, limpidez al recuerdo,
castigando y salvando toda una vida entera.

Bienvenida la noche con su peligro hermoso.

***

AMANECIDA

Dentro de poco saldrá el sol. El viento,
aún con su fresca suavidad nocturna,
lava y aclara el sueño y da viveza,
incertidumbre a los sentidos. Nubes
de pardo ceniciento, azul turquesa,
por un momento traen quietud, levantan
la vida y engrandecen su pequeña
luz. Luz que pide, tenue y tierna, pero
venturosa, porque ama. Casi a medio
camino entre la noche y la mañana,
cuando todo me acoge, cuando hasta
mi corazón me es muy amigo, ¿cómo
puedo dudar, no bendecir el alba
si aún en mi cuerpo hay juventud y hay
en mis labios amor?

***

UNA LUZ

Esta luz cobre, la que más me ayuda
en tareas de amor y de sosiego,
me saca fuerzas de flaqueza. Este
beneficio de que vicioso aliento
hace rezo, cariño de lascivia,
y alza de la ceniza llama, y da
alas a la alianza; estos minutos
que protegen, montan y ensamblan treinta
años, poniendo en ellos sombra y mimo,
perseverancia y humildad y agudo
sacrificio, esta gracia, esta hermosura,
esta tortura que me da en la cara,
luz tan mía, tan fiel siempre y tan poco
duradera, por la que sé que soy
sencillo de reseña, por la que ahora
vivo sin andamiajes, sin programas,
sin repertorios. A esta luz yo quiero,
de tan cárdena, cobre. Luz que toma
cuerpo en mí, tiempo en mí, luz que es mi vida
porque me da la vida: lo que pido
para mi amor y para mi sosiego.

***

BALLET DE PAPEL

A Francisco Brines

...Y va el papel volando
con vuelo bajo a veces, otras con aleteo
sagaz, a media ala,
con la celeridad tan musical,
de rapiña,
del halcón, ahora aquí, por esta calle,
cuando la tarde cae y se avecina
el viento del oeste,
aún muy sereno, y con él el enjambre
y la cadencia de la miel, tan fiel,
la entraña de la danza:
las suaves cabriolas de una hoja de periódico,
las piruetas de un papel de estraza,
las siluetas de las servilletas de papel de seda,
y el cartón con pies bobos.
Todos los envoltorios
con cuerpo ágil, tan libre y tan usado,
bailando todavía este momento,
con la soltura de su soledad,
antes de arrodillarse en el asfalto.
Va anocheciendo. El viento huele a lluvia
y su compás se altera. Y vivo la armonía,
ya fugitiva,
del pulso del papel bajo las nubes
grosella oscuro,
casi emprendiendo el vuelo,
tan sediento y meciéndose,
siempre abiertas las alas
sin destino, sin nido,
junto al ladrillo al lado, muy cercano
de mi niñez perdida y ahora recién ganada
tan delicadamente, gracias a este rocío
de estos papeles, que se van de puntillas,
ligeros y descalzos,
con sonrisa y con mancha.
Adiós, y buena suerte. Buena suerte.
(De El vuelo de la celebración)
Profile Image for Émilie Del Toboso.
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December 6, 2024
je sais pas si j'aime ou j'aime pas, certains poèmes sont beaux mais sans plus, d'autres sont trop déconstruits et plats...
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