Soy de la opinión de que a la novela ‘El juego de Ender’ le sobran (casi) todas sus secuelas. Ninguno de los libros siguientes alcanzaron el nivel del primer libro, y en muchos casos solo servían para repetir situaciones y alargar una obra que ya casi estaba perfecta. ‘La tierra desprevenida. La primera guerra fórmica’, el último volumen perteneciente a este mismo universo publicado recientemente en castellano por la colección Nova de Ediciones B, tampoco está a la altura de ‘El juego de Ender’, pero es infinitamente más interesante que las secuelas a las que nos tienen acostumbrados.
Hay varios motivos por los que puede ser esto: estamos ante una precuela a la novela original, Ender Wiggin no aparece en ningún momento, el lector siente estar tocando terreno familiar y al mismo tiempo se deja sorprender por la ambientación, ni siquiera hace falta haberse leído el resto de la obra para disfrutar de este libro…
Siendo un poco malvados, diré que hay otra razón más: Aaron Johnston. Puede que su nombre esté escrito en letra pequeña (casi parece un pie de página bajo el nombre de Orson Scott Card), pero me da la sensación de que la novela está enteramente escrita por él. En las ‘Consideraciones finales’ con las que cierra el libro prácticamente se desprende que el trabajo de Card se ha limitado a explicar cuáles eran sus ideas sobre este punto exacto en la cronología del mundo de Ender. “‘El juego de Ender’ llevaba en la mente de Scott más de treinta años, así que muchas de aquellas primeras sesiones consistieron en Scott compartiendo todo lo que se había estado cociendo en su cerebro durante todos esos años y yo tomando notas furiosamente”, explica.
Sea como fuere, ‘La tierra desprevenida’ es una estupenda novela de naves espaciales. No es revolucionaria, no crea un mundo nuevo ni personajes tan impactantes como Ender (aunque el personaje de Víctor, uno de los protagonistas del libro comparte varias características con él), pero es una perfecta novela de entretenimiento y Ciencia Ficción: sencilla, entretenida, adictiva y con algunas escenas verdaderamente memorables y bien trabajadas, como los rescates en el espacio de otras naves atacadas, o la forma en la que unos mineros se enfrentan al primer contacto con los fórmicos: las ‘hormigas’ antagonistas en esta saga.
‘La tierra desprevenida’ es el primer libro de una trilogía sobre la primera guerra fórmica, cuyo segundo título (ya publicado en inglés) será ‘Earth Afire’, y tiene su origen en una serie de cómics publicados por Marvel. Con 457 páginas, esta primera novela se divide en 24 capítulos que alternan sus protagonistas. Principalmente tenemos tres personajes repartidos en tres escenarios distintos:
Víctor es un joven ingeniero, brillante en todos los sentidos, que vive en la Cavadora, una nave perteneciente a una familia de mineros que navega el cinturón de Kuiper. Su nave es la primera en avistar a los ‘fórmicos’ y la responsable de hacer frente al peligro que acecha a la tierra (de ahí el título de la novela). Para mí los capítulos de Víctor son los mejores, ya que son los que nos ofrecen una mejor visión de cómo es la vida en el espacio, y ése es sin duda el mayor acierto de todo el libro.
Por otro lado tenemos a Lem Jukes, hijo del mayor multimillonario de la tierra y heredero de una todo poderosa (y como no, despiadada) multinacional. Sus capítulos también son muy interesantes y nos harán preguntarnos constantemente cuál es la verdadera naturaleza de Lem: ¿es bueno?, ¿es malvado? Su misión consiste en probar una nueva tecnología para la extracción de minerales, el llamado gláser o láser de gravedad.
El tercer punto de vista para mí es el más flojo y resulta un poco desconcertante en la novela. Se trata de Wit O’Toole, oficial de los POM (Policía de Operaciones Móviles) en pleno reclutamiento de nuevos soldados. Es obvio que prepara el terreno para futuros libros, pero el problema es que en esta primera entrega todo lo que hacen estos supersoldados son maniobras; ejercicios bélicos inflados de orgullo militar que hacen que los capítulos no tengan ningún peso para la trama salvo demostrar lo ‘increíblemente buenos’ que son las tropas del POM. Hay demasiado ‘Tom Clancy’ en estas páginas para mi gusto, por lo que me resultó un poco cargante. Lo dicho, por el momento no aportan nada a la trama.
Con estas premisas estamos ante una novela verdaderamente interesante. Es cierto que yo andaba con mono de alguna novela de naves espaciales, y en ese caso este libro es perfecto por varios motivos, como el hecho de tener un lenguaje totalmente accesible y sumergirnos poco a poco en la novela. Es un perfecto libro de iniciación a este tipo de historias, ya que no nos encontraremos con cientos de palabras inventadas o términos desconocidos. El lector no llega a estar perdido en ningún momento, las tramas se introducen rápidamente al principio, pero de forma ordenada, y aunque hacia la mitad de la novela hay mucha paja, al final del libro todo vuelve a precipitarse.
Para los amantes de la ciencia ficción esta novela no traerá nada nuevo, salvo puro entretenimiento. Casi todo el libro discurre en el espacio, y la atmósfera que dibujan los autores está plenamente conseguida. Se incide mucho en las incomodidades y en los peligros para el cuerpo que acarrea vivir en un entorno sin gravedad; se dibuja de forma muy detallada cómo se ha desarrollado la sociedad de clanes en la época de la colonización del espacio; se ofrecen muchos detalles interesantes sobre comunicación entre naves, radiación, micrometeoros, extracción de hielo para dotar de combustible y oxígeno a las naves, cómo es la vida en las diferentes estaciones… En definitiva, un entorno muy bien presentado y muy conseguido para abrir camino a los próximos dos libros, en los que todo apunta a que habrá más combates y más acción.
La novela se lee rápido y la edición en papel es cómoda y resistente (después de la primera lectura el libro está igual de nuevo que cuando me lo enviaron, salvo por los ‘post-it’ que le he añadido. Sin embargo, hay un pero importante en el libro publicado y es la cantidad de letras que se han comido o añadido al transcribirlo/imprimirlo. “Había muy poca (g)ente ahora…”, “Víctor y su padre retiraron en tejido…”, “La familia había dejando…”, “Es más que suficiente para llenarnos donde queramos ir…”, etcétera. Normalmente están dispersas a lo largo del libro, y cuando se detectan no son más que una pequeña molestia, pero entre las páginas 137-145 se suceden varios de estos errores que acaban siendo muy fastidiosos.
Al margen de este detalle, el libro resulta especialmente recomendable en esta época del año en el que la mayoría buscamos desconectar. Sobre todo porque últimamente se ha publicado muy poca ciencia ficción de este estilo en nuestro país, y resulta gratificante poder pasar unas cuantas horas flotando por el espacio y afrontando amenazas en el cinturón de Kuiper, aunque solo sea a través del papel. Incluso como novela independiente, aunque el final se podría calificar, de ‘cliffhanger’ brutal, resulta un título de lo más recomendable.