(sinopsis extraída de la edición con ISBN 9788419202079)
En esta elegía escrita en prosa poética, la voz de Teresa Wilms Montt evoca su amor por Anuarí, el amante que se suicidó en sus brazos y a quien recuerda y añora. Publicado en 1918, En la quietud del mármol presenta el proceso de duelo exacerbado de la protagonista a los pies de su tumba. El libro se basa en la historia vital de Wilms, poetisa chilena, mujer indomable que vivió en Buenos Aires, Madrid y París, y es considerada una de las precursoras del feminismo en el ámbito literario hispanoamericano. Murió pocos años después de redactar el libro en circunstancias tan trágicas como lo fuera gran parte de su vida. Su legado de palabras regresa a España con plena vigencia un siglo después de su composición.
Teresa de las Mercedes Wilms Montt, nació el 8 de septiembre de 1893 en la ciudad de Viña del Mar, en el seno de una acomodada familia compuesta por Federico Guillermo Wilms Montt y Brieba, y su señora Luz Victoria Montt y Montt. Dado el contexto social de la época, su instrucción estuvo a cargo de institutrices y profesores particulares. Cuando Teresa tenía 17 años, contrajo matrimonio con Gustavo Balmaceda Valdés. En los años siguientes (1911 y 1913) nacieron sus dos únicas hijas, Elisa y Silvia Luz.
A poco andar el matrimonio, comenzaron las desavenencias entre Gustavo y Teresa, principalmente debido a las molestias del primero ante la personalidad de su mujer, quien había comenzado a frecuentar tertulias y ateneos y se había adscrito a los ideales anarquistas y a la masonería. Gustavo reaccionó resguardándose en el alcohol y el juego; Teresa, por su parte, en su amigo y primo de Gustavo, Vicente Balmaceda Zañartu, El Vicho (al que se referirá más tarde en su diario como Jean). Tras numerosos conflictos conyugales, traslados y cartas de Vicente Balmaceda dirigidas a Teresa, Gustavo Balmaceda convocó a un tribunal familiar, el que decretó su enclaustramiento en el Convento de la Preciosa Sangre, al que ingresó el 18 de octubre de 1915 y del que escapó en junio de 1916 con rumbo a Buenos Aires, ayudada por Vicente Huidobro. Durante su estada en el convento, comenzó a escribir su diario, en el cual consignó sus sentimientos respecto a la pérdida de sus hijas, a su separación de Vicente Balmaceda y las motivaciones de su primer intento de suicidio el 29 de marzo de 1916.
En Buenos Aires, colaboró en la revista Nosotros, en la que también lo hicieron en su oportunidad Gabriela Mistral y Ángel Cruchaga Santa María, entre otros. También, publicó su primera obra Inquietudes sentimentales, un conjunto de cincuenta poemas con rasgos surrealistas que gozó de un éxito arrollador en los círculos intelectuales de la sociedad bonaerense. Lo mismo ocurrió con Los tres cantos, obra en la que exploró el erotismo y la espiritualidad. Dos años después de esta obra, tras viajes a Barcelona y Nueva York, volvió a Buenos Aires y publicó Cuentos para hombres que todavía son niños. En él, evocó su infancia y algunas experiencias vitales, en narraciones de gran originalidad y fantasía.
En la inquietud del mármol se publicó en Barcelona y constituyó una elegía de tono lírico, compuesta por 35 fragmentos, cuyo motivo central fue la muerte. Escrita en primera persona, enfocó su interés en el rol mediatizador del amor de la vida y la muerte. También publicó Anuarí, obra inspirada en un romance que mantuvo con un joven bonaerense que se suicidó. Además, en 1922 apareció Lo que no se ha dicho, en él, se incluyen "Páginas de mi diario", "Con las manos juntas", "Los tres cantos", "Del diario de Sylvia" y "Anuarí".
Luego continuó viaje por Europa, visitando Londres y París, pero manteniendo siempre residencia en Madrid. En el año 1920 se reencontró con sus hijas en París; pero tras la partida de ellas, enfermó gravemente. En esta crisis, consumió una gran dosis de Veronal y falleció el 24 de diciembre de 1921. En las últimas páginas de su diario, escribió: "Morir, después de haber sentido todo y no ser nada...".
La obra de la chilena Teresa Wilms Montt (1893-1921) es uno de mis descubrimientos del año. Una voz potentísima, llena de sentimiento, imposible de olvidar.
‘En la quietud del mármol’ es una especie de monólogo de la autora, a quien yo me imagino arrojada ante la tumba de su enamorado muerto. Anuarí fue su gran amor, y a él le dedicó un precioso poemario de mismo nombre, pero aquí, se despide de él tras su muerte.
Escrito en una bellísima prosa poética, cada frase es de un dolor extremo, donde se van explorando diferentes fases del duelo. A través del recuerdo conocemos la historia de esta pareja ahora separada, algunos de sus momentos más bellos y también, todo lo que no pudo ser. Vemos la soledad, la desesperación, la pérdida de todo objetivo del que ama y queda en este mundo.
"Ya no sé vivir, y vivo; y tampoco puedo morir, porque me faltan fuerzas para cerrar los ojos."
Leí esta elegía de una sentada, solo soltándola para tomar aire de vez en cuando. Para tratar de alejar ese dolor que se me estaba pegando. Un libro tristísimo pero bello en extremo.
Esta edición presenta el texto de Wilms Montt acompañado de un prólogo estupendo que da contexto al tiempo de la autora y su estilo literario, también una breve biografía que solo me dio ganas de investigar más sobre esta poeta y su trágico paso por este mundo, que al menos, nos dejó su obra y la fascinación y admiración de quienes tuvieron la suerte de apreciarla en vida. De hecho, la edición se cierra con un precioso epílogo de Vicente Huidobro, escrito unos años después de la muerte de la poeta.
No para leer en un día flojito, pero sí para leerlo. De eso no hay dudas.
«Ya no llevarán mis manos pétalos sobre tu cuerpo, y las lágrimas, que eran rocío, inundarán como cataratas turbulentas, destruyendo las tristes pero nobles ruinas que eran los castillos de mi alma»
«El agua cantaba tímidamente sobre las baldosas y lápidas del cementerio, escurriéndose por los huecos de las tumbas, ansiosa de refrescar la boca de los muertos»
«Dos meses. Mis manos pordioseras de caricias tratan de arrancar de tu ataúd una ternura; pero la madera, avara del tesoro que encierra, se hace rígida, como un ser que no ha sufrido»
«Donde quiera que yo mire estás tú, y respiro, y es tu olor el que me penetra; hablo, y el eco de mis palabras parece como remedo de tu voz. Tus besos, al sembrarlos en mis labios, hicieron de mi boca un campo de trigo, y ahora, en tu ausencia eterna, esos granos se han vuelto flores de adoración; y tus caricias dejaron en mi cuerpo cinceladas geniales llenas de sombras y palideces de nácar que no pueden animar la vida»
«Me voy, Anuarí, y te juro que hasta este momento he aguardado la resurrección. He espiado tu sueño creyéndolo leve, y huyo ahora que lo sé de mármol»
Y podría seguir llenando esta reseña de citas porque no ha habido poema que no haya tenido que subrayar en 3 colores diferentes. Pero este poemario va mucho más allá de 35 textos extremadamente bellos y desgarradores; con su dolor Teresa nos ofrece un recorrido por las distintas fases de su duelo, de su ascensión mística y de sus diferentes experiencias y sentimientos ante la tumba de su amado, Anurí, que se suicidó delante de sus ojos.
En fin, poco más puedo decir además de que lo daría absolutamente todo por haber escrito yo este libro.
no leo muchos poemarios pero empecé con este y me gustó bastante!!! muy lindo y mientras lo estaba leyendo leyendo sentía cmo el video de jackson diciendo cute🚬 enfin planeo terminar de leer anuarí xq me falta poquitooo🤭
Que fantasía, que maravilla, esto es lo que me encanta de descubrir autoras olvidadas que valen 100% la pena. Está lleno de pasión, de dolor y delirio. Me lo releeré con Lana del Rey y Mitski de fondo porque estas palabras son para los que sentimos de más, los que llevamos la pasión a otro nivel, los que muchas veces nos guardamos nuestras emociones en la soledad de nuestra habitación. Lo empecé y no lo pude soltar en ningún momento y ahí estaba yo a medianoche sorprendido y encantado de lo que estaba leyendo. Como va a ser posible que esta autora no sea tan sonada!!! Tan amada!!! Tan importante dentro de la literatura!!! Todo eso pensaba mientras leía.
Ya desde la introducción me mató y supe que sería un nuevo favorito.
“No quiero suprimir una sola de estas líneas pues sería matar su dolorosa espontaneidad, y ocultar el angustioso tormento que sufría el alma de quien las escribiera.”
"Y cuando el sol derrocha diamantes sobre el mundo, entonces te aspiro en todas las flores, te veo en todos los árboles, y te poseo rodando, ebria de amor, en los céspedes de yerbas olorosas.
Y cuando la luna da su humilde bendición a los hombres, te veo gigantesco, destacarte en un afilado rayo; te veo enorme, confundido con lo inmortal, desparramando sobre el mundo tu indulgencia, aliviando la desesperación de tanto náufrago dolorido; te aspiro en el ambiente, te imagino en el misterio, te extraigo de la nada.
Me parece que el mundo sólo fue hecho para ayudarme a evocarte, y el sol, para que me sirviera de linterna en la escabrosa ruta."
A strange, morbid, passionate book. The narrator chronicles her great sorrow for a dead lover in a series of vivid prose poems. So much of this comes from romantic, sensual and spiritual contexts I don't fully understand that I feel like I have only a limited understanding of the book, while enjoying the music of its style, as conveyed by translator Jessica Sequeira. Confusing me further is the fact that the man who inspired this work killed himself because his love was not reciprocated by the author. However, the fact that she witnessed the suicide certainly provides a deeply traumatic impulse for the book.
Este es uno de los libros más desgarradores que leí el año pasado.
Porque quien habla es una mujer en pleno duelo por la pérdida del amor de su vida. Se siente hundida, destrozada, rota, no sabe cómo seguir. Quien lo era todo para ella se ha quitado la vida y ha fallecido entre sus brazos. No puede dejar de pensar en ese momento, le persigue una y otra vez, y junto a ese recuerdo le asaltan también sin piedad las imágenes de todo lo que hicieron juntos. Y así, a través de ese indescriptible dolor, nos adentramos en el mundo interior de Teresa, en su angustia, en sus recuerdos, en todos los momentos bonitos que vivió junto a su 'Anuarí'... Su prosa poética es tan desesperada como bella, la autora se abre y se muestra a sí misma por completo, transmitiendo así de una forma brutal todas sus emociones y sentimientos. Es impactante, desoladora y brillante a la vez. Hay que leerla.
Además esta edición cuenta con un prólogo y un epílogo muy completos que nos hablan de la autora, de su difícil vida personal, de sus viajes por el mundo, de su obra y de su trágica muerte. Por eso es perfecto para un primer acercamiento, yo hasta ahora no había oído hablar de ella y gracias a este libro he podido conocer un poquito de esta mujer tan interesante, indómita y además gran escritora. Gracias a @laubythesea, que tanto me lo recomendó, y a @editorial_medusa por rescatarlo y enviármelo, me ha encantado 🤍 Ojalá os animéis a leerla y poco a poco Teresa Wilms tenga el reconocimiento que se merece.
An absolutely superb and very touching book, unlike anything I have really seen before. Powerful meditations on some of the darker and more haunting sides of life that will definitely linger in the mind for a long time.
The hardcover edition has a very nice simple and effective design - a very nice addition to the bookshelf. Grab it while you can!
Teresa Wilms Montt evoca su amor por Anuarí, el amante que se suicidó en sus brazos y a quien recuerda y añora.
En el prólogo, Enrique Gómez Carillo manifiesta: "Y es cierto… Esta mujer que lleva a cuestas la maldición de su belleza no es sino una escritora, una gran escritora que si fuese hombre y tuviese barbas formaría parte de todas las academias y llevaría todas las condecoraciones"
OFRENDA "Traigo a tus pies la suave ofrenda de mi libro, que deposito en ellos, como el más sutil perfume de mi inspiración. En el largo camino que separa la farsa del lugar donde tú yaces en sublime y casta quietud de mármol, he ido despojando mi alma de sus miserables ataduras humanas; he ido purificándola mediante cruentos martirios, para traerla hasta ti, clarificada como el agua de una fuente que no ha sido desflorada por la luz del día. No temas que mis páginas dejen en tu lecho una huella impura. Si bien tú te has sublimado con la muerte, yo me he redimido perdiendo mi envoltura de fango en el torbellino incontenible del dolor. Puedes admitir mi ofrenda tan dulcemente como mis flores, que ni éstas ni aquéllas turbarán tu sueño. Acéptala; te la ofrezco con los ojos límpidos, la frente serena, vuelta hacia el mundo que ha de juzgarme, con el espíritu ligero y vano como el humo de un incensario." Madrid 1918. THÉRÈSE WILMS.
«Ya no llevarán mis manos pétalos sobre tu cuerpo, y las lágrimas, que eran rocío, inundarán como cataratas turbulentas, destruyendo las tristes, pero nobles ruinas que eran los castillos de mi alma.»
«Cada día que pasa, es una gota que va horadando el subterráneo de mi dolor. Cual oscilante llama mi espíritu es juguete del vendaval macabro, que silba amenazante, destructor, en los huecos abandonados de mi cerebro. Ya no sé vivir, y vivo; y tampoco puedo morir, porque me faltan fuerzas para cerrar los ojos.»
Libro breve, corto de leer debido a sus escasas 60 páginas, pero largo y tortuoso de sentir. Estos poemas fueron hechos al amante argentino de Teresa Wilms Montt, Anuarí, quien se suicidó a temprana edad. La vida de la Tere fue una seguidilla de batallas, pérdidas y dolores sin cuartel, y aquí se nota cómo el tema de la muerte envuelve todos los aspectos de la vida: el amor, la juventud, el tiempo, las pasiones, la alegría y un largo etc.
El dolor de perder un amor no se termina nunca. Tu muerte se intensifica y me consume por dentro, sin que me de cuenta. Estés donde estés, este libro te hubiese encantado. Gracias por haber existido, te extraño siempre.
Una prosa impecable, una gran rudeza para representar el vacío de la existencia, el desamor y la tristeza. ¿Qué hay más allá de un amor y la muerte? Esa es la pregunta que desde mi perspectiva guía el poemario. La hablante lírica recorre a través de imágenes y palabras la devastadora muerte de su amado, a la vez que con un dolor insuperable deja claro que, tanto ella y su amado no pertenecen a este mundo.
Solo existe una verdad tan grande como el sol: la muerte.
No sé, venía con ciertas expectativas. Esperaba más supongo. Conecté muy poco.
Las estrellitas son porque si escribe bonito y porque por momentos me hizo pensar en mí perrita y en la agonía que aún siento en mi interior desde aquel 18 de febrero del 2019.
Teresa es dueña de un encanto que trasciende en el tiempo. Este libro es una oda a la muerte y al sinsentido de la vida una vez que el amado se va. Recomendado para lxs más romanticxs.
Life and death are in tension in this series of prose poems written for and dedicated to a young man—pseudonymed Anuarí, age 22—who killed himself in front of Wilms Montt over his unrequited love for her. (And yet if the love was unrequited, why would Wilms Montt have written these words in his honor? Had she been coy with him?) Wilms Montt's pieces here are mournful and elegiac, they look toward life not numbing (self-) annihilation. These are not words by a person depressed—despondent maybe but not despondence imbued with hopelessness and despair. Considering the shock and horror she must have felt and endured at witnessing Anuarí's suicide gunshot to the head, Wilms Montt shows little anger or confusion—instead, those qualities are replaced by love and hope. Her lines avoid overwrought emoting and absurd idolization of Anuarí but remain sober and caressing.
Es un descubrimiento para mi, el haber hallado sin proponérmelo, a esta personalidad de un lirismo tan extraordinario. Encontrarse con esta autora origina una exaltación bella y sombría. Su hecho creativo me dió las vías para remontar el tiempo y compartir los sentimientos de aquella época. El libro puede parecer sólo un monólogo elegíaco hacia su hombre que ha muerto; pero nos damos cuenta de que no es así. Porque una conversación se va desarrollando, y no sólo sentimos la voz desgarrada y erótica de Teresa Wilms Montt, sino que el diálogo se entabla con las voces de las flores que lleva a la tumba, con las frías voces del entorno fúnebre, y con las insobrellevables sobrevivencias que la oprimen.
Hace años que quería leer a Teresa Wilms Montt y después de leer "En la quietud del mármol" quedé tristemente decepcionada. No es mi estilo de poesía, y a pesar de que siempre estoy buscando lecturas diferentes y novedosas, este no fue my cup of tea. Puedo destacar que su prosa es agradable pero demasiado gótica/sad para mi. De todos modos me alegro de haber leído este libro porque ya sabiendo que me gusta y que no, es mas fácil encontrar otros/as poetas.
Este es uno de esos libros que se recuperan más con afán de crear un personaje (en este caso la autora chile Teresa Wilms Montt) que por su calidad intrínseca. En el laudatorio prólogo de Begoña Méndez se ensalzan la cualidades de la escritora, con una relativamente dura vida que acabó con su suicidio a los 28 años, y se la convierte en un icono feminista contemporáneo. Al leer el libro uno se da cuenta que esta obrita publicada en 1918 no tiene absolutamente nada de feminista, y muy poca calidad literaria, que en realidad la calidad está en los ojos de quien la mira.
"En la quietud del mármol" es un libro que la autora escribió en Madrid, en su exilio huyendo del convento donde la había encerrado su marido por adúltera, en el que recuerda a su amante, un tal Horacio Ramos Mejía, a quien bautiza como Anuarí. Y en sus poquitas páginas vemos que realmente a Teresa Wilms Montt le faltaba mucho por aprender de escritura, quizás porque su madre (como se comenta en el prólogo) no la dejaba leer, o, sin ninguna duda, porque era una chica joven, de 25 años, a la que le quedaba todavía mucho por leer. Con esa edad, por mucho que alguien se piense un genio, es difícil escribir obras maestras y esta desde luego no lo es.
De hecho, lo que es "En la quietud del mármol" es un libro lleno de lugares comunes y de una cursilería aberrante. Es cierto que describe un orgasmo y una felación, pero con palabras como "Mis labios, ávidos, aguardan entreabiertos, el néctar de tu amor", pero la generalidad es puro espanto, como si lo hubiera escrito una niña, muy, muy, pero que muy cursi.
Sólo pongo un ejemplo por si alguien quiere leer el resto: "Abriré tu mano con el beso de una madre que despierta a su hijo, y enlazándola a la mía, marcharemos juntos hacia el sol, en busca de su bendición nupcial. Iremos, inmortales hijos de la luz, en pos de la irradiación de los astros para coronar nuestras cabezas transparentes. Marcharemos extáticos, serenos, gloriosos, como una sola llama azul del alma del Creador al son de acordes magistrales que entonará nuestra reina naturaleza".
Esta bien escrito y el tema que toca (la muerte y el duelo) es interesante y está bien ejecutado. Sin embargo no me ha terminado de gustar, creo que es porque lo he leído en mal momento, a mi yo de hace unos años le habría encantado. Aquí dejo algunos momentos (todo muy dramático):
" Siento en mis manos todo el peso de mi cabeza, como si la vida de todos los seres humanos se hubiera reconcentrado en ella. Parece un mundo sostenido por dos bloques de mármol; parece un astro en interna catástrofe. Ya no llevarán mis manos pétalos sobre tu cuerpo, y las lágrimas, que eran rocío, inundarán como cataratas turbulentas, destruyendo las tristes, pero nobles ruinas que eran los castillos de mi alma."
"Ya no sé vivir, y vivo; y tampoco puedo morir, porque me faltan fuerzas para cerrar los ojos."
A mí me encanta esto. Leí Anuarí y lo amé, como se me perdieron las notas decidí releerlo y lo amé más. Me encantó la forma de escribir de Teresa y quise buscar algo más de ella, resulta que cuando empiezo a leerlo me doy cuenta que es el mismo libro, y yo... lo seguí leyendo. Es que me encanta como es y lo mucho que me transmite.
—
No quiero suprimir una sola de estas líneas pues sería matar su dolorosa espontaneidad, y ocultar el angustioso tormento que sufría el alma de quien las escribiera.
Dos meses hoy que te fuiste. El reloj palpita; su tic-tac pisotea mi cerebro, destruyendo mis pensamientos, con sus pasos lúgubres hacia la mentirosa Eternidad. Dos meses, y ya no sufro de tanto sufrir.
"Yo te amo, y lo digo en las flores que esparzo sobre ti, y en mis llantos, que son vigorosos como los reflujos del mar. De la vida a tu tumba, de tu tumba a la vida, ese es mi destino."
Muy muy triste. El relato / desahogo de quien ha perdido a su amado. Que más se puede decir? Esta señora era muy buena para expresar la desolación que sentía dentro de si. -1 estrella porque encuentro que igual se repetía un poco. Pero bueno, parte del duelo, no juzgo!! Solo pensé que hablaría de otras cosas pero fue más que nada por desinformación jsjjdjsd
Que belleza de literatura, que lírica, que delicadeza en la elección de las palabras. Los fragmentos por lo que está compuesto el texto nos entregan una composición tan genuina, tan auténtica, profunda y con tanto sentimiento, que te logra transmitir todo el dolor y sufrimiento de la protagonista por la muerte de su amado. Primera vez que leo a la autora, sin duda seguiré conociendo su obra.
"Miro en el espejo mis labios y blasfemo. ¿Por qué rara ironía están ellos tan rojos? ¿Por qué, si tú, que eras su encendedor, te has ido? Ellos deben palidecer de dolor, como mi corazón, como mis manos, que se han vuelto flores místicas de tanto implorar la muerte"
"El dolor de haberte perdido es el único lazo humano que nos une para siempre"