“En japonés, la letra q y el número 9 son homófonos, los dos se pronuncian kyu, de manera que 1Q84 es, sin serlo, 1984, una fecha de ecos orwellianos. Esa variación en la grafía refleja la sutil alteración del mundo en que habitan los personajes de esta novela, que es, también sin serlo, el Japón de 1984.” Con esta premisa, prometiendo un homenaje a la gran obra de Orwell, nos encontramos con una historia que desde el inicio aparece dividida en dos. Por una parte, Aomame es una instructora de gimnasia, que esconde un gran secreto: trabaja asesinando a hombres que han maltratado a mujeres. Por otra parte, tenemos a Tengo, un profesor con un gran talento para las matemáticas, que sin embargo encuentra su pasión en las letras. Un día se le ofrecerá la corrección de un extraño, pero hipnótico, texto. El mundo en el que viven va a transformarse y ambos dos tendrán un papel crucial en esta alteración.
Cuando descubrí a Murakami hace ya bastantes años con esa maravilla titulada “Tokio Blues”, empecé a devorar su obra con unas ganas inagotables, pero conforme iba acercándome a acabar con todos los libros publicados en español, empecé a rebajar el ritmo. En los últimos años he leído una historia como mucho de él al año, cosa que este año quiero cambiar, porque a causa de espaciar las lecturas, finalmente he acumulado unas cuantas. Digo esto porque, pese a que todos los libros que he leído en estos últimos años me han gustado, ninguno había llegado a fliparme al mismo nivel de aquellos que leí hace más tiempo, en mis inicios con el autor. Necesitaba encontrar otra historia del autor que me explotara la cabeza y me tocara el alma como en su día lo hicieron “Kafka en la orilla”, “Tokio Blues”, “Sputnik mi amor”, “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas” o “Los años de peregrinación del chico sin color”, y, precisamente, eso es lo que ha sucedido con los dos primeros libros de “1Q84”, que me han tocado tan profundamente como me tocaron en su día estas historias.
Antes de pasar a hablar de todas las cosas que me han gustado, quiero aclarar que, para mí, “1Q84” no es una obra para todo el mundo, ni mucho menos es una buena opción para iniciarse con el autor. Cuando se habla de Murakami siempre se comenta que tiene un imaginario muy personal y que sus historias son muy raras o peculiares. Si tuviéramos que medir “1Q84” junto con el resto de su obra bajo estos parámetros, creo que “1Q84” sería la más “rara” y la más “peculiar”.
Lo primero que destaca nada más empezar esta trilogía es la carga de crítica social que aparece desde el principio. Debo confesar que no me lo esperaba para nada, ya que, salvo comentarios sueltos, no tengo a Murakami como un autor que entre mucho en estos temas en sus historias. Pero este libro plantea y criminaliza la violencia de género, y lo hace de manera constante. E incluso se llega a usar la palabra “feminismo”, y teniendo en cuenta que a mucha gente le da hasta miedo usarla, valoro infinitamente la intención. No me esperaba tanta crítica a la violencia que el hombre ejerce sobre la mujer, sobre todo porque no aparece de forma velada, los personajes son claros respecto al tema y así muestran sus opiniones.
La historia también nos hace un repaso bastante interesante por las sectas religiosas, y todos los turbios intereses que se mueven detrás de controlar a ese grupo de personas que caen en la trampa, esa mini sociedad que crean alejada del mundo, herméticas a toda información de fuera, donde sus líderes siempre tienen beneficios e intereses personales. Creo que el retrato que hace es muy interesante y certero. Estos personajes justificaban en nombre de la fe que sienten, los actos horribles que cometen y las barbaries que permiten. El uso tan nefasto que hace el ser humano de la religión y las cosas que hace en nombre de esta suele ser un tema que, a poco que esté bien mostrado, compro completamente.
Las novelas de Murakami, siempre están centradas en un protagonista masculino solitario que de alguna manera no encaja en el mundo y al que le suceden un montón de cosas extrañas, y es a través de este individuo como conocemos a un sinfín de personajes, cada cual más peculiar. En “1Q84” tenemos a Tengo para encajar en esto, pero, sin embargo, también tenemos la historia de Aomame, que es incluso más interesante que la de Tengo. Aomame se ha convertido en una de mis protagonistas favoritas de la obra de Murakami. ¡Vaya personajazo!
Además, nos encontramos con un detalle que suelo disfrutar muchísimo: un libro dentro de un libro. No quiero entrar en detalles sobre esto para no destripar la historia, pero es algo que me gusta mucho, y en esta historia tiene una importancia brutal. Y por si esto fuera poco, todo se mezcla con ese imaginario tan particular de Murakami, esos mundos paralelos, esa mezcla del día a día con lo sobrenatural. Diría que tienen incluso un toque de thriller, y que se leen con las mismas ansias con las que se lee una buena historia de suspense.
Ambos dos libros me han encantado y, pese a que hice parón entre uno y otro, no noté mucha diferencia en cuanto a calidad o ritmo. Se leen de un tirón los dos. Hay cierta opinión unánime corriendo por redes acerca de que el tercero es el peor de los tres. Ojalá no sea así, pero, en cualquier caso, me muero de ganas de seguir con la trilogía y ver el desenlace de la historia de Aomame y Tengo. En 1Q84 nos encontramos con el mejor Murakami.