¡Impresionante! ¿Estaré acaso frente a la que podría ser mi mejor lectura del mes de mayo? Un libro que seleccioné de última hora, casi al azar y sin saber nada previamente de lo que me podría encontrar dentro, así como de su autor (aunque ahora sé que es quien también escribió Winnie-the-Pooh, uno de los personajes entrañables de mi infancia).
El misterio de la casa roja es una historia policiaca de 'cuarto cerrado' y hace total justicia al género. Tenemos a los típicos personajes que uno podría imaginarse en una novela como esta, la típica casona en provincias, el típico crimen y ¿las típicas deducciones por parte del detective? Creo que aquí, en este último punto, es donde cambia todo y lo que me hizo amar con creces esta obra.
En lugar de tener los típicos sospechosos, o los clásicos interrogatorios por parte de un policía o detective, nos encontramos aquí con Anthony Gillingham, un personaje que no tiene experiencia previa en casos policiacos, alguien que intentará seguir las huellas como detective principiante, y que no se dedicará a hacer preguntas a los demás personajes, sino a hacérselas a sí mismo; básicamente toda la historia gira entorno a este sin fin de interrogantes, pistas, misterios por descubrir, que nuestro protagonista se irá preguntando a fin de dar respuesta a ¿qué pasó?, ¿cómo pasó?, y no menos importante, ¿quién lo hizo?
En algún punto de la historia me sentía jugando mi juego de mesa favorito, Clue, ya que te hace cuestionarte —al mismo tiempo que a nuestro protagonista y a su "Watson"— si acaso podría ser B y no C. Es, de hecho, como un juego mental, en el que todos los detalles suman algo a la 'investigación' realizada por nuestro 'detective', y en el que la mente es la principal herramienta.
Una novela que me enganchó de principio a fin, que me hizo reír en ocasiones por esos diálogos que incluso intentan parodiar la fórmula de una típica novela policiaca, y el final, el cual se me hizo muy redondo y muy satisfactorio. Absolutamente recomendable.
—¿Te sientes dispuesto a convertirte en mi Watson?
—¿Tu Watson?
—Sí, ya sabes: el compañero, el confidente de Sherlock Holmes. "¿Me sigues, Watson?" ¿Estás dispuesto a oírme demostrarte con toda una retahíla de argumentos complicados las cosas más evidentes, a formularme toda clase de preguntas inútiles, a suministrarme ocasión de espetarte embustes, a hacer por ti mismo brillantes descubrimientos dos o tres días después que yo, y así sucesivamente? Todo esto, aunque en apariencia no conduzca a nada, es sumamente provechoso.