Desde el inicio, es inevitable notar la relación entre el contenido de este libro y la pandemia que tan solo hace unos meses nos tenía confinados, agónicos y bajo una estela de incertidumbre. A pesar de que Georges Vigarello se centra en una región determinada de Europa, la relación mantiene un común denominador: el papel del agua. Un papel que, por lo demás, podría dividirse en tres niveles: el agua y las enfermedades, el agua y la higiene; y el agua y las clases sociales.
Antes de entrar en detalles en cada uno de estos niveles, es importante recalcar un par de cosas. Por un lado, la zona elegida por el autor: París. Esa decisión del autor impide saber qué pasó con el resto de Europa y muy poco con el resto de Francia. Además, durante todo el libro, queda el interrogante sobre cuán avanzada o no estaba París con relación a sus vecinos u otras capitales del mundo. Por otro lado, los tiempos. Vigarello comienza en la Edad Media, pasa por el Renacimiento y llega casi hasta nuestros días con el tema de las duchas modernas. Sin embargo, en cada uno de los capítulos, hay un énfasis importante en los años de la peste (Siglo XVI). Es ahí donde, como se dijo anteriormente, es inevitable la comparación con la pandemia actual.
Casi como si se tratara de una excusa manifiesta, la historia de la higiene del cuerpo propuesta en este libro es, también, un historia más amplia y extendida, es un pretexto para hablar de muchos otros temas entre los cuales destaco cuatro: el agua como símbolo de progreso, el agua como reto de la ingeniería, el agua como tema médico y el agua y su relación con la moda.
Por ejemplo, es interesante notar cómo pasó de ser algo capaz de infiltrarse en el cuerpo y hacer daño en los órganos en los siglos XVI y XVII, a un líquido que cuida y es necesario para eliminar olores y residuos a partir del siglo XIX. Todo el camino recorrido entre siglos es desentrañado a partir discursos, imaginarios y prácticas que el autor va recopilando a partir de citas literarias y cifras. Esa es su fórmula, pero, por momentos, se vuelve tediosa porque algunos datos aportan poco o ya se dijeron antes con otras citas y porque siempre ronda la pregunta en el lector: ¿qué está pasando en otras latitudes frente a ese mismo tema?
Aun así, la radiografía parisina frente a lo limpio y lo sucio permite entender costumbres vigentes en buena parte de la humanidad. Por ejemplo, frente a la relación agua y enfermedades es interesante saber cómo los médicos de la época recomendaban el no baño: “Los médicos, en épocas de peste, denuncian desde el siglo XV a estos establecimientos en los que se codean los cuerpos desnudos” (Vigarello 20) o “conviene prohibir los baños, porque, al salir de ellos, la carne y el cuerpo son más blandos y los poros están más abiertos, por lo que el vapor apestado puede entrar rápidamente hacia el interior del cuerpo y provocar una muerte súbita” (Vigarello 22). Más adelante, para el siglo XVIII, cambian las costumbres y se promueve el baño con agua como defensa suplementaria contra el contagio de enfermedades y eso obliga, entre otras cosas, a pensar un nuevo modelo de ciudad.