Libro de cuentos sobre escritores frustados... con las mismas historias de siempre. Una completa decepcion, mas bien dinero tirado a la basura. La unica parte interesante es "Intermedio: La larga fila del desempleo", que es una serie de pequeños cuentos o ensayos en los que autor explica, como en una especie de enciclipedia, varios tipos de escritores: por ejemplo el prolifico, el que vive pendiente de sus reseñas, el envidioso, etc.. Son entretenidos y me parece funcionarían mejor en un articulo de revista cultural.
Me acerque a Luis Boone solo porque es de Coahuila y escribió uno de mis versos favoritos de toda la vida. Suponia que su narrativa seria interesante pero esta coleccion de cuentos es insufrible, aburrida y cansina.
El escritor se confiesa, se exhibe. Es frágil. Notable el último cuento Ventanal y la selección de citas. Punto y aparte: de las peores contraportadas que haya encontrado, me confundió terriblemente. Es el autor quien rescata a su editor.
Cometí el error de creer que estaba leyendo una novela (sin caer en cuenta de que son cuentos) y no poder hallar una relación entre un subtítulo y otro. De esta forma la gente "rara" que aquí se presenta, se halló inmersa en un libro aún más raro, en dónde la poca coherencia se la daban los excelentísimos epígrafes seleccionados que son una guía imprescindible para la introducción, el interludio y la conclusión de la obra total de Boone.
Si debo de reconocer algo, o mejor dicho, intuir algo de Boone, es que se trata de un buen lector de paratextos. De esos que el público aún no se anima a leer o que por algún motivo se hallan a kilómetros del entendimiento más simple, tan lejos de una sola leída. Libros no tan evidentes, dejados de lado por los rankings de las editoriales, o demasiado caros para ser adquiridos (éste libro no es el caso) pero muy emblemáticos y plagados de referencias infinitas de autores aún más introspectivos que sus propias historias; es el claro ejemplo de Vila Matas, Álvaro Enrigue, Pitol, Margo Glantz, etc.
Boone carga con la virtud del escritor outsider que es bien acogido por el público cuando éste último se concede al fin la oportunidad de leerlo.
Sin embargo, a excepción del interludio intitulado "Larga fila del desempleo" (que para mí es la parte más importante del libro) y sus dos últimos relatos que cierran las filas, entronizando a un círculo completo de "raros": "En el nombre de los otros" & "El ventanal", el libro no logra un adecuado equilibrio entre su arranque y su final.
Tengo cierta debilidad por los títulos sugerentes, y he de decir que bastó sólo echar una mirada al índice, mucho antes de leer el libro completo, para que yo lo comprara sin pensarlo. Mención aparte tienen los ya mencionados epígrafes que van muy ad hoc con lo que se presenta, pues se trata de voces tan disímiles que hacen que la brevedad del libro sea un poco mas fácil de sobrellevar. Y digo esto porque, aunque es un libro breve, uno se queda con el eterno deseo de un mejor desarrollo en su contenido.
Se nota el buen gusto del autor por la lectura de obras inhóspitas y la elección de palabras ajenas; quizá por eso, sus cuentos no terminan despuntando tanto como los títulos que ostentan.
Hace honor, eso sí, a una lectura que no se siente del todo "rara", más bien paralizante, dispuesta a tomar los puntos clave de las emociones y las cotidianidad de sus personajes para la reflexión del lector curioso, primerizo en su obra, como yo.
Esto me orilla, sin duda, a creer que Boone no está demasiado lejos de su mejor libro.
2 días y 118 páginas después. El segundo libro que leo del autor, y después de haber leído figuras humanas tenía altas expectativas de este, la verdad es que acabé muy decepcionado porque no pude conectar, y dado a que el autor me parece excepcional, no le di algo más bajo. Aunque siento que la culpa fue mía, pero se me hizo tan raro no poder conectar con un solo texto, más que con los que son cortísimos.
No pude destacar ninguno, porque por más que me esforcé no pude adentrarme.