Este libro reúne una selección de columnas de Manuel Jabois (Sanxenxo, Pontevedra, 1978) escritas entre 2009 y 2011 y publicadas en Diario de Pontevedra, en El Progreso y en su blog de la revista digital FronteraD. En Irse a Madrid Manuel Jabois se aparta de los lugares de la noticia para firmar una excelente y disparatada crónica sobre lo que le rodea. Desde su primera rueda de prensa con Camacho («¡Tú de qué medio eres!») hasta su viaje como corresponsal a un congreso de empresarios de locales de alterne, en sus artículos acaba desmenuzando, como si fuera un otro, su propia vida; la de un chico noctámbulo, mujeriego y errático movido por una pasió contar lo que pasa.
Jabois es un estilista originalísimo, que está brillando en algo que podría llamarse «el intimismo político». En el momento en que escribo estas impresiones, El País publica una columna suya titulada «Samsa», en la que retrata en calzoncillos a un ministro que un buen día se despertó y descubrió que era el administrador de una compañía domiciliada en un paraíso fiscal. Los artículos de Irse a Madrid son menos coyunturales, pero no menos ingeniosos. Jabois tiene riñones suficientes para intentar esa cuadratura del círculo literaria que consiste en escribir tan mal que el resultado sea bueno. Hay frases que no las entiende ni él, enfrascado como está en la búsqueda del giro molón; tiene artículos enteros sin pies ni cabeza, como «Salirse de plano», en que parece que ha ido juntando ideas a lo que salga, y que a uno lo descolocan y lo llenan de admiración. Asusta un poco pensar que pueda haber un cálculo detrás de ese desaliño («Uno escribe primero sus artículos y luego los pasa a sucio; los descuida, quitando aquí y allá algo que se haría imprescindible o añadiendo frases innecesarias, despeinándolos como esos adolescentes que se pasan horas delante del espejo colocándose mal los pelos», p. 132). Jabois acentúa la inocencia y la autoironía que caracterizaron a Julio Camba, con una audacia refrescante en el columnismo actual. Si se juntan «Un despido procedente» y «Tuneo», se consigue uno de los relatos más descacharrantes de la historia de la Humanidad.
Por mí Jabois podría escribir las páginas amarillas y me parecerían el mejor libro del mundo. En este libro, que recopila muchas de sus columnas, lo maravilloso no es tanto lo que cuenta, sino cómo lo hace. Imposible leerlo sin una sonrisa permanente. Es una auténtica gozada para los adictos a su estilo tan característico. La vida narrada por Jabois es mucho más bonita.
Recopilación de artículos de Manuel Jabois. A Jabois le conocía de la radio y siempre me fascinó su facilidad de palabra, su estilo ingenioso, divertido, juguetón… un talento descomunal para la comunicación. Irse a Madrid es una recopilación de artículos de cuando escribía en el Diario de Pontevedra en su Galicia natal, y ha sido un gran descubrimiento. Un recorrido por la primera década y media de este siglo lleno de humor, un estilo que atrapa, que resulta ameno y cercano. Es el primero pero no el último libro de Manuel Jabois que leeré
esto es lo que es, a saber: café para muy cafeteros
una recopilación de columnas escritas por Jabois entre 2009 y 2011 en muchas de las cuales seguramente no se encuentre ni él mismo reconocido (mucho humor canallita de barra de bar y tal y tal)
con todo esto: me sigue gustando cómo escribe y, aunque a ratos, genuinamente me hace gracia
Empezado el año pasado y terminado este. Algunos artículos son graciosos. Escribe bien. Es machista. Habla de putas y drogas y de como se ponía cachondo cuando follaba con una chica y esta cerraba las piernas.
Siempre me gustó como escribe Manuel Jabois, sobre todo sus artículos a veces ácidos y otras con un humor gallego al que parece que le pone el acento a las palabras. Seguiré con la segunda parte de recopilación de artículos más adelante.
Recopilación de las primeras columnas de Manuel Jabois. Antes de llegar a trabajar en el diario El Pais. Un columnista único aunque esta primera etapa a mi me parece más floja.
Es extraordinariamente natural, cosa que ha perdido con la madurez de los años y el prestigio de escritor que ha adquirido. Muchos de los artículos serían inconcebibles en los medios para los que trabaja a día de hoy. Los que le leemos desde que escribía en campos de tierra reconocemos al mejor Jabois, el más tosco y cotidiano.